Y la dábamos por muerta… Una historia sobre Homeland

Contiene spoilers de la cuarta y anteriores temporadas de Homeland

Parece ser que en esta temporada no solo resucitan muertos en The Walking Dead (AMC). Todos dábamos por muerta a una de las series que más agitación había causado desde su llegada a este nuestro mundo hace ya tres años. Estoy hablando de Homeland (Showtime). La serie se basaba en otra de origen israelí, pero pronto dejó de ser un remake -uno de tantos- a convertirse en una serie de referencia.

Sus puntos fuertes se basaban en una trama francamente interesante, en dos protagonistas con diferentes trayectorias, pero con muchos caminos cruzados y en un juego de “adivina quién es el malo” con todos sus personajes. A esto, debemos sumarle un tercero: el impacto inicial. Como de costumbre, las barreras culturales que nos separan en muchos aspectos de EEUU no nos hace percibir en toda su magnitud lo impactante que esta serie resultó. Allí los veteranos de guerra son considerados algo muy parecido a enviados por Dios, por lo que sembrar dudas sobre la integridad de los mismos es algo muy fuerte. Si a esto le sumamos que el veterano que protagoniza este thriller, Nicholas Brody (Damian Lewis), no es un veterano cualquiera, por haber sufrido varios años de secuestro, la cosa se pone muy provocativa. Por otro lado, los servicios de inteligencia de EEUU son conocidos a lo ancho del mundo por sus atrocidades, que ya han sido confirmadas en parte gracias a papeles desclasificados como estos, aunque no es así en su hogar natal. Para el yankee medio, estos servicios son un mal menor en comparación con los peligrosos negros que luchan por sus derechos, los comunistas, los árabes -los que no tienen petróleo, se entiende-, los peligrosísimos espaldas mojadas y cualquiera otra persona que no cumpla con sus códigos de moralidad. Por todo ello, sembrar dudas sobre estos aparatos gubernamentales (NSA y CSI), personalizados en Carrie Mathison (Claire Danes), puede llevar a más de un redneck a la taquicardia. 

Con estos elementos Homeland se convirtió en una fija de la parrilla televisiva personal de la República Independiente de cada uno, llevándonos a lo más alto en sus dos primeras temporadas… pero arrastrándonos a las dudas sobre su continuidad en la tercera. Esta semana Homeland llegaba a su esperadísimo final de temporada y, para sorpresa de muchos -yo incluido-, lo hizo muy dignamente.

Le quitamos una carta al castillo de naipes…

Crear una serie sobre el misterio y la incógnita sobre sus personajes principales es muy arriesgado. Si revelas parte de las soluciones a estos misterios haces que el producto pierda interés, si no sueltas prenda, consigues que parte de la audiencia perciba todo como un “sinfinal”. Por eso, aquí el manejo de los tiempos y la magnitud de lo que cuentas se vuelve crucial.

En Homeland todos los misterios se entrecruzan con un romance que no tiene nada de platónico y que hace todo mucho más interesante -o innecesario, según se quiera ver-, por lo que el juego morboso está servido y todos formamos parte de él. De un modo u otro nos sentimos identificados por sus dos protagonistas, del mismo modo que lo hacemos por Romeo y Julieta, o por Rose y Jack de Titanic (1997). Nos va aquello que es imposible en nuestro mundo cotidiano. Los dos vástagos de las familias enfrentadas, la chica de alta cuna y la pobre rata de tercera clase o, como es el caso, el dudoso soldado retornado investigado y la dudosa investigadora.

Sin embargo, llega un momento en el que tanto el idílico romance como la trama de misterio deben enfrentarse a una solución. En el primer caso: el amor o la ruptura -siempre mucho más probable el último-. En el segundo caso: conocer la verdad. Y aquí se acaba todo. A partir de ese momento, cualquier cosa que se vaya a hacer va a ser inevitablemente comparada con todo lo anterior y por muy bien hilado y construido, nunca gozará ni de la frescura ni del impacto inicial del producto. Y como veíamos antes, precisamente, el impacto inicial fue algo que catapultó a Homeland a un estrellato para el cual, quizás, no estaba preparada. Premios, nominaciones y audiencias reconocieron a las primeras de cambio las virtudes de Homeland pasando por alto las deficiencias (que las había). Pero como dice el proverbio inglés, que Queen nos recuerda en su archiconocido Bohemian Rhapsody (A Night at the Opera, 1975): “what easy comes, easy goes”.

La segunda temporada finalizaba con ambas tramas. Por fin conocíamos las verdaderas intenciones de Brody y llegábamos a comprender las razones de su cambio de bando inicial. Además, la relación entre Brody y Carrie llegaba a un punto de solución que se vio truncado por la repentina fuga de Brody, entrecruzando ambas tramas nuevamente. Todas las cartas estaban boca arriba y ya no había mucho más que esconder. Aún así, ingenuos como fuimos creímos que aún se guardaba munición y que en la siguiente temporada nos harían vibrar nuevamente. Solo nos faltaba por conocer qué había pasado con Brody en su fuga y si esta se había resuelto satisfactoriamente.

El plan más audaz que he visto… o el golpe de suerte más oportuno jamás aparecido

Hoy día, la competencia, en lo que a series se refiere, es muy intensa, por lo que prácticamente ningún producto puede levantarse tras un ligero traspiés. Pero Homeland no sufrió un traspiés… lo que pasó tras el final de la segunda temporada es más bien un accidente nuclear.

El verano anterior al estreno de la tercera temporada, el mundo seriéfilo vivía agitado. El final sin las explicaciones sobre la fuga de Brody nos dejaba sin respuesta a lo que había pasado tras el día D, por lo que una tercera temporada se hacía necesaria para explicar todo lo ocurrido en este sentido. Por otro lado, las noticias llegadas desde el set de rodaje dejaron de aparecer en prensa especializada en series a aparecer en el papel couché, informándonos sobre la pésima relación entre ambos protagonistas, como en este caso o en este otro. El desastre se avecinaba, pero no lo sabíamos. Así que cada día era un día menos para recibir nuestra dosis de Homeland.

Nos tenían preparada una sorpresa. El capitulo inicial de la tercera temporada se filtró un mes antes del lanzamiento oficial, lo que es todo un regalazo, teniendo en cuenta el grado de expectación levantado. Aparentemente era una estrategia promocional, de cara a calentar la olla para el regreso, pero se acabó convirtiendo en un linchamiento popular. El capítulo filtrado carecía de todo lo necesario para satisfacer las ansias de la audiencias y lo que era peor, no nos ofrecía nada a cambio. Para empezar, ni rastro de Brody, ni una sola mención a cómo resultó la fuga, personajes que antes no importaban, ahora ocupan minutos de pantalla -como el caso de la denostada hija de Brody o el caso de Saul y sus problemas matrimoniales- y no tenemos ni una sola pista de hacia dónde va a ir todo. Para intentar compensar, nos envuelven todo el producto en una especie de unión subsconsciente con el 11-S con imágenes del desastre causado por las explosiones, que ni llega a contentar a la generalmente sensiblera opinión estadounidense. Un desastre.

Ese mes hasta el lanzamiento del segundo episodio es conocido por ser el mes en el que a todos se nos cayó una venda de los ojos. Ahora veíamos todos los defectos de la serie. No quedó títere con cabeza, con la excepción de Claire Danes. Para cuando llegó el siguiente episodio, ya no había remedio. De hecho, las siguientes entregas incendiaron a las audiencias. Fue tal el cabreo que no tardaron en salir al paso los guionistas  para aclarar que lo que estábamos viendo era una temporada en la que se contarían tres historias de cuatro episodios cada una y que en esta primera no se centrarían en el personaje de Brody, pero que en el resto sí. Al final dio lo mismo, para cuando salió Brody el mal ya estaba hecho y no hubo forma de retomar el buen rumbo. Así lo percibió no solo la audiencia, sino también la crítica.

La tercera temporada es insufrible, creo que todos estaremos de acuerdo, pero en ella sucede algo muy importante de cara a cómo se planteó la siguiente temporada. Al final de la misma nos encontramos con la fría y salvaje ejecución de Brody, finalizando de este modo con la posibilidad de retomar la serie a un punto primogenio, de finalizar la historia de amor entre este y Carrie o de volver a crear el misterio sobre las creencias e integridad de este personaje -como sí se hizo a lo largo de la tercera tempoarada-. A diferencia de lo que hubiese sido imaginable, la muerte de Brody no fue recibida como uno de los mejores momentos de la televisión de ese año, sino que fue tomada como un desastre absoluto. Esto, unido al anuncio de una cuarta temporada no fue comprendido por la audiencia, los cuales no nos imaginábamos un Homeland sin Brody. Así que no es difícil imaginar las malas perspectivas que tenía para mí y para el resto de seguidores defraudados de Homeland el estreno de la cuarta temporada.

Había muchas diferencias en cuanto a cómo llegamos al estreno de la nueva temporada, en comparación a tan solo un año antes; prácticamente todos dábamos por hecho que íbamos a presenciar una hora de pura basura. Y nos volvimos a llevar una gran sorpresa. No hizo falta que pasara mucho, tan solo una Claire Danes fuera de si, una bañera y un bebé que es la mismísima imagen de Brody para despertar nuevamente el interés. Y la cosa no se quedó tan solo en el primer episodio, sino que se mantuvo a lo largo de la temporada.

¿Y el plan? Del mismo modo que yo estoy repasando las razones del éxito y posterior desastre de Homeland, sus creadores y guionistas también lo hicieron. Al finalizar la segunda temporada eran los primeros en ser conscientes de que el producto estaba acabado. Pero no la serie. Sin embargo, la pregunta que debían responder era: ¿cómo llevamos la serie hacia dónde nosotros queremos? Sea como sea la respuesta que dieron a esta pregunta, necesariamente pasaba por acabar con la, llamésmola así, anterior serie. Ahí encaja la tercera temporada. De hecho, a lo largo de la tercera temporada se cierran la gran mayoría de pequeños cabos sueltos que se habían abierto en algún punto. Según los guionistas, necesitábamos conocer qué pasaba con la familia de Brody tras los acontecimientos finales, necesitábamos ponerle punto y final a la relación entre Brody y Carrie y necesitábamos situar a Carrie en un punto de inflexión de no retorno, en el que ya no tiene nada fuera de la agencia y su vida está completamente destruida. En lo que se equivocaron fue en no saber explicarlo, no habernos dado algo a cambio o confiar demasiado en la fortaleza de un producto que no estaba tan sano como parecía.

Es probable que todo esto que estoy contando sea simplemente el producto de la suerte y la casualidad y no del ingenio. No sería la primera vez que la fortuna es confundida con la táctica, pero al fin y al cabo, siempre hay algo de suerte en todo plan que sale bien. Sea como fuere e independientemente de la importancia que la suerte haya tenido, no dejaría de ser igualmente impresionante lo que ha pasado. Y el hecho es ese, nos guste o no, Homeland ha recuperado su mejor nivel.

Soluciones a viejos problemas y nuevos errores

Una vez finalizada la cuarta temporada podemos ver lo que ha sucedido a lo largo de ella con la suficiente perspectiva para detectar cuales han sido los nuevos éxitos, pero también los nuevos problemas.

El principal problema que tenía la serie, es decir, la deriva en la que estaba inmersa y la falta de interés se ha solucionado a las mil maravillas. Volvemos a tener un juego interesante, en este caso ya no solo se centra en “quién es el malo”, sino que se introduce algo completamente nuevo: “quién es el bueno”. Contrario a lo que pasaba en las dos primeras temporadas, los malos no están tan reconocibles y vemos cuales son las motivaciones de los terroristas, lo que nos devuelve a ese punto de polémica que se había perdido en la tercera entrega. Este nuevo enfoque no es accidental, ya que encaja en un momento de desconfianza interna por parte de la opinión pública estadounidense de cara a las intervenciones en territorio extranjero. Además, esta perspectiva también viene en relación al nuevo rol encabezado por Carrie, en el que se pierden hasta los más básicos valores -identificado con la pérdida de principios por parte de la élite política y militar yankee, capaz de matar a sus hijos por motivos desconocidos-.

Sin embargo, no todo son éxitos en esta nueva temporada y aunque el balance sea positivo, tenemos contrapartidas. Sin duda, en este apartado no puedo dejar de pensar en el intento por crear una nueva trama romántica. En esta temporada Carrie, que ya siempre se ha caracterizado por una vida sexual y afectiva más que turbulenta, se ha visto envuelta en tres historias de tipo sexual, tanto en grado de tentativa -con el general Asan Khan (Raza Jaffrey)- como de flagrante delito -con Aayan Ibrahim (Suraj Sharma) y con Peter Quinn-. Y esto es algo que resulta demasiado. Es cierto que el guión justificaba perfectamente dichos romances o coqueteos en distintos grados, pero no deja de resultar molesto por aquello de estar presenciando más un drama sentimental que de espías y que más bien parece un intento por reabrir una nueva trama romántica tras el final de la de Brody. En algún momento hablaremos sobre esta manía por hacer de todo el plantel de cada serie algo digno de Sodoma.

Pero sin duda uno de los mayores éxitos de esta nueva temporada llega con la nueva política de los personajes secundarios. Si bien antes citábamos la creación de historias ajenas a la trama principal para cada uno de ellos como uno de los defectos de la tercera temporada, ahora tenemos que hacerlo como un acierto. Homeland no es una serie que esté planificada desde su primer episodio, por lo que la introducción de nuevos personajes es un recurso viable y válido. No obstante, el hacerlo en un momento de cambio hubiese significado un nuevo período de adaptación a las nuevas caras. En lugar de eso, han optado por emplear el potencial de personajes desperdiciados hasta ahora y relacionarlos con la única protagonista: Carrie Mathison, sin dar la sensación de estar viendo minutos que no cuentan para nada. Y para ilustrar lo que digo: pensad en el papel que han jugado Peter Quinn (Rupert Friend) y Saul Berenson (Mandy Patinkin). Ya no se trata de contarnos aspectos de su vida personal que no nos importan, sino que todo construye una historia en conjunto a Carrie, sacando de ella todo lo que puede ofrecernos y, en definitiva, impulsando el ambiente de destrucción ideológica y personal en el mundo en el que viven.

Jazz de los 50, planos cortos y…

Si el género de espías ha tenido una época dorada, esta ha sido, en parte, el cine en blanco y negro de los cincuenta y principios de los sesenta. Hombres ocultos en grandes sombreros de ala ancha y gabardinas que se encuentran en locales en los que suena jazz. Era otra época, los inicios de la guerra fría eran un filón comercial y el público adoraba estos espectáculos regados con glamour.

En estas historias lo que más importaba era la relación entre los personajes, lo que decían y lo que callaban. Y a modo de homenaje, así ha sido el final de esta temporada. Nos encontramos a una Carrie que acaba de enterrar a su padre y que indaga, a través de este hecho, en lo que está sucediendo a su alrededor. Su vida, tal como la conocía, está destruida. Su enfermedad ya no es un impedimento para ejercer su trabajo, pero ahora mismo el trabajo es un impedimento para llevar su vida con normalidad. Todo a su alrededor se desmorona y ella desfallece. Los últimos acontecimientos la habían impulsado a tomar decisiones que ni ella misma se imaginaba que tomaría -como casi llegar a eliminar a Saul para obtener su objetivo- y que a lo largo de la temporada se contradicen de una forma muy sutil -al empezar la temporada no dudó en eliminar todo un campamento lleno de inocentes y al final optó por salvar a otros inocentes por no conseguir la misma meta- y todo esto compensado con la personal evolución de Peter Quinn (sucedióndole a él todo lo contrario). En este momento de desconcierto absoluto todo se vuelve blando y sus dudas la atenazan sin saber muy bien de quién fiarse. Así, en este contexto, encajamos los últimos minutos, los cuales no han tenido ni pizca de acción, muy al contrario de los tres últimos finales de temporada de hasta ahora; pero ha sido igual de emocionante.

Carrie conduce, en una metáfora sobre su vida, entra en la casa de su -posiblemente- nuevo enemigo y descubre a su otro padre, el simbólico: Saul Berenson, sentado a la misma mesa. 

Homeland ha vuelto a poner la tensión en la mesa. Se la echaba de menos.

    8.5Sinopsis:
El sargento de la Marina Nicholas Brody (Damian Lewis) regresa a casa ocho años después de su desaparición en Irak, donde vivió encarcelado y sometido a tortura. Finalmente, un comando de las fuerzas especiales lo localiza durante una misión. La Leer más

Manuel G. Crespo

Manuel G. Crespo

Gallego, profesor y amante del cine de la gran y la pequeña pantalla. Solo hay una cosa que le motive más que ver series y películas: hablar y escribir sobre ellas. "Esta es mi opinión, si no te gusta tengo otra". Groucho Marx
Manuel G. Crespo

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  1. Las madres de las series | Tviso - […] de las claves de la resurrección de Homeland -de la cual hablamos aquí- radica en el papel que juega Carrie Mathison…

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