Vivir sin permiso: Luis Zahera nos habla de la nueva serie de Telecinco

No es sencillo rastrear los pensamientos de un personaje, tocar un alma de oído o darle olor y color a la piel. No es fácil confeccionar una vida, leer sus arrugas y robustecer una personalidad modulándola sin prostituirse ni caer en el reseñismo. Se necesita mucho oficio para endurecer el frágil músculo que envuelve la intuición hasta darle voz propia -única, personal e intrasferible-, la del personaje que nace cuando el actor se sabe tercera persona y Luis Zahera lo tiene -por adquirido- y lo contiene -por instinto y genética-.
En breve le disfrutaremos en Vivir sin permiso, nueva apuesta de Telecinco, en la que compartirá planos con Jose Coronado, Alex González o Leonor Watling entre otros, y sobre ella le hemos preguntado durante un rodaje que estableció su centro de operaciones en nuestra Galicia natal.

-Acabas de terminar el rodaje en Galicia, tu -nuestra- tierra, de Vivir sin permiso, nueva apuesta de Telecinco que verá la luz en breve y que promete ser una absorvente intriga familiar a la ve que un muy tenso juego de poder. ¿Cuál es tu papel en ella?
Interpreto a un amigo de siempre de Nemo, un leal compañero que lleva a su lado desde los inicios de su profesión que suele solucionarle los inconvenientes de un camino muy sucio que han recorrido juntos. Un personaje duro, oscuro, aunque aquí somos todos bastante turbios.

-Suelen pedirte este tipo de papeles porque es cierto que posees un físico contundente y rotundo, que nada tiene que ver con lo que tu mirada transmite pero ¿echas de menos un cambio de registro? ¿hay algo que te apetezca hacer especialmente?
Sí, es cierto que suelen decirme algo así y lo agradezco porque me parece un halago precioso. Así a todo, ya sabes cómo va esto, si empiezas haciendo de bueno es más fácil que te lleguen ofertas de ese estilo, si empiezas haciendo de sufridor lo mismo… mi experiencia es esa. Yo empecé interpretando papeles de malo, o tirando a malo, lo que los americanos llaman un característico y no me ha ido mal, la verdad. No me supone el más mínimo problema, de hecho. El único problema en esta profesión es no trabajar, creo.

-¿Se le coge cariño a los personajes?, ¿Hay alguno del que te hayas quedado algún recuerdo más especial?
¡La verdad es que no soy demasiado fetichista! Una vez escuché que Gene Kelly decía en una entrevista que su papel favorito siempre era el siguiente, el que está por venir. Es cierto que no puedo olvidarme de Petroleo o del yonki de Celda pero no me quedaría con ninguno por encima de otro, no me gustaría tener que escoger. Me encanta mi trabajo e intento hacer de cada papel el más importante.

-Habiendo tocado y adquirido experiencia en todos los palos, ¿en cuál te sientes más cómodo? ¿cuál te da más satisfacciones?
Teatro, sin duda. Es la vertiente más pura dentro de esta gran mentira que es esta profesión. Sí, definitivamente, es lo que menos he hecho y lo que más me gusta. Empecé con Agustín Magán en Ditea, con veintipocos años pero al poco tiempo me fui a hacer televisión con Reixa, así que lo he saboreado menos de lo que me hubiera gustado, aunque ahora estoy con un monólogo que, salvando las distancias, me permite sentir ese contacto con el público en directo que tanto me gusta y explotar el humor hablando de mí y de eso que comentábamos hace un momento. Hay una parte en la que cuento lo mucho que me gustaría hacer de galán romántico o de bueno heroico y de cómo he llegado a hacer tanto de yonki, pederasta o asesino. La vida, ¿no?


-Te mencionaban como ejemplo Jorge Coira y Alberto Marini hace nada en el encuentro de guionistas que se celebró en Santiago de Compostela, a propósito de tu participación en El Desconocido, de cómo saltarse el texto para mejorarlo. Recuerdo que describían esa escena casi como una completa improvisación y Jorge añadía un “pero es que cuando llamas a Luís Zahera sabes que va a hacer algo así y que además lo va a hacer estupendamente”. ¿Es necesario tener mucho oficio para arriesgarse con las improvisaciones o es una cuestión más de instinto?
Hala, qué bonito, muy agradecido, de verdad… sí, yo tengo una teoría sobre los guiones, o al menos sobre los que me llegan a mí. Es como si no estuviesen completos los papeles secundarios o que estuviesen menos pulidos que los papeles protagonistas. Igual es una excusa que mi subconsciente busca para luego irme por mi camino y proponer un poco. Teniendo permiso del director o llegando a un consenso razonable, sí, reconozco que me gusta introducir matices. Con alguien lo he hablado hace poco, de hecho, que guión viene de guía y, aunque es una evidencia que algunas estructuras están absolutamente cerradas, jamás podría improvisar en Tito Andrónico, por ejemplo, pero desde mi punto de vista en determinadas situaciones o escenas es conveniente dejar que el personaje se desenvuelva.

-Volviendo a Vivir sin permiso, me interesa mucho tu opinión como gallego sobre el tema, por muy de fondo que se trate, que subyace en la serie. ¿Se comprende de manera diferente el abanico de personajes y la atmósfera que rodea al mundo del narcotráfico y el cambio que ha traído el relevo generacional? 

Yo llevo por esta zona (las Rías Baixas) desde 1979 y sí es cierto que las primeras generaciones de narcotraficantes conseguían transmitir cierta solidaridad con el pueblo, no sabría explicarlo bien, es algo que está impregnado en la sociedad gallega, que formará parte de nuestra personalidad durante mucho tiempo. Date cuenta que por aquí el contrabando no es que empezase con el tabaco, que mucho antes estuvo la gasolina, el cobre… la historia se escribe y nos escribe. No es tan sencillo de cambiar.
Así a todo, en la serie, es un telón de fondo y bastante secundario. Esto es un poco El rey Lear. Un narcotraficante (Jose Coronado) que intenta regularizar su situación pero que cae enfermo y debe decidir a cuál de sus hijos dejará su imperio. Las luchas por el dinero y por el poder que se desencadenarán dentro de la saga familiar serán las que centren la mayor parte del argumento que se repartirá en 13 capítulos.


-¿Sueles tirar de referencias o trabajas la intuición?
Pues creo que la imaginación, fíjate. Quitando el yonki de Celda, al que construí basándome en una persona que conocí hace muchos años que tenía mi edad y que, desafortunadamente, falleció, suelo trabajar los personajes desde la imaginación, que no sé si es lo mismo que la intuición, pero puede parecerse, sí.

– Trabajas desde la improvisación y la intuición, como si la profesión fuese algo instintivo en ti, natural, casi innato. ¿Cuándo decidiste que querías dedicarte a esto?
Pues un día de 1982 que mi hermana me llevó al teatro. El 12 de febrero (todavía guardo el programa en casa), que me llevó a ver Angélica en el umbral del cielo mi hermana Ángeles y me volví loco. Recuerdo llegar a casa y decir a todos que iba a ser actor. Nadie se lo creía mucho, únicamente mi madre. De verdad que me volví loco, cómo lo disfruté, qué buen recuerdo.

Maria Nymeria

Maria Nymeria

Subeditora y redactora en la Revista Tviso. "El cine es como la vida pero sin las partes aburridas" Alfred Hitchcock
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