Viva: No sin mi padre

El lapsus de apreciación más común al tratar de suscribir la esencia de Viva (Paddy Breathnach, 2015) dentro de un ámbito genérico específico sería encorsetarla por la misma atmósfera que acota y delimita su narración. Conformarse con adscribirla a una vasta miscelánea de películas de temática gay o dirigidas potencialmente al colectivo LGTB sería de una frivolidad imperdonable en un relato fraternal que no es tanto una reivindicación de los derechos de los transexuales, gays, lesbianas o bisexuales como una exaltación del derecho universal a amar y a ser amado independientemente de cual sea tu orientación sexual. Viva trata de redimensionalizar el recurrido reencuentro paternofilial de cualquier melodrama de manual para elevarlo a un escalón emocional superior, casi pedagógico, el de la redención y la capacidad de perdonar las taras afectivas de uno mismo derribando primero las de tus seres queridos.

Jorge Perugorría y Héctor Medina

Viva Father and Son Brightened

Aprender a aceptarte a ti mismo no es posible si no aprendes antes a aceptar el carácter de tus enemigos y revertirlo en una suerte de provecho afectivo que alimente tu autoestima. Jesús, un chico cubano de 18 años, sólo conoce una manera de ser feliz, y para ello necesita subir cada noche al escenario de un cabaret en los suburbios de La Habana y transformarse en Viva, huyendo de una realidad que le obliga a esconderse de sí mismo y de su padre, un ex boxeador que acaba de salir de la cárcel y quiere recuperar el tiempo perdido con un hijo al que apenas conoce. Hacer playback en un club nocturno vestido como una diva glamourosa y deslumbrante es su balón de oxígeno como lo era para Tony Manero bailar en las discotecas del extrarradio de Brooklyn con una camiseta ajustada, zapatos de plataforma y apestando a Brut Cologne.

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Mientras tanto en la vida real, Jesús trata de sobrevivir prostituyéndose ocasionalmente y trabajando como peluquero, bien con señoras mayores o acicalando pelucas para los espectáculos transformistas del local regentado por Mama, un empresario del entretenimiento en los bajos fondos.

Héctor Medina con Luis Alberto García

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Viva funciona por momentos como un retrato optimizado e idealista del estigma de clandestinidad que engloba a todo un entorno profesional y casi una disciplina artística, la de los espectáculos transformistas o drag shows, y hasta cierto punto es otra herramienta reivindicativa de la cultura gay o la ideología de género. Pero logra aflorar como un relato honesto, sobrio y doloroso sobre como la aversión y el rencor se convierten en el único empuje posible para que la abnegación entre un padre que se olvidó de sentir y un hijo que peca de hacerlo en exceso se transforme en un acto de reconciliación entre dos perdedores. Por el camino Jorge Perugorría vuelve a dejarse la piel y a demostrar (de nuevo) que es uno de los pocos actores vivos que aún aún pueden transmitir odio y ternura en una misma mirada al más puro estilo Brando.

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Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López
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