Underworld, Blood Wars: Daos el piro, vampiros

Al igual que al interminable periplo zombie perpetrado por Paul W. S. Anderson y su esposa Milla Jovovich desde el estreno de Resident Evil y sus secuelas, hay que reconocerle a esta subfranquicia -también fundada por un matrimonio, el que formaban el director Len Wiseman y la propia Beckinsale– su capacidad para dar vueltas una y otra vez en torno a una misma idea (en este caso la extenuante confrontación a través de los siglos entre vampiros y hombres lobo) manteniendo cierto nivel de perseverancia y una total falta de reparos a la hora de repetirse y contar siempre la misma historia. A estas alturas no sabría captar las diferencias entre la primera y la última entrega de esta serie de películas: siguen abundando los diálogos cuyo peso dramático está tan comprimido como el atuendo de Kate Beckinsale, así como las pintas horteras de licántropos y vampiros encuerados como porteros de puticlub, y los tonos cromáticos azulados mantienen su predominio dentro del look visual de cada capítulo. Supongo que si eres un hijo de la oscuridad y estás habituado a pelear de noche es más fácil hacerlo entre multitud de luces ultavioletas o fluorescentes.

Kate Beckinsale vuelve a interpretar a Selene

La mayor novedad de Underworld: Blood Wars (2016, Anna Foerster) consiste en valerse de un preámbulo idéntico al de Blade 2 (2002, Guillermo del Toro), al menos en parte de su arranque, con la vampira renegada Selene socorriendo a sus enemigos para hacer frente a una amenaza todavía mayor, para después ser traicionada por los suyos, y finalmente regresar a la misma monserga de siempre: Kate Beckinsale poniendo cara de mala uva y huyendo a través de mares y montañas con otro mestizo hipersexuado ante el asedio de antiguos aliados que quieren hacerle pagar su deslealtad, machirulos peludos que se transforman a voluntad propia -con o sin luna llena- e intentan ponerle las garras encima, y un villano con nombre de estrella de porno gay que más que un híbrido de licántropo y vampiro, parece un cruce entre Mario Casas y Steven Seagal.

Tobias Menzies es el malvado licántropo Marius

Underworld: Blood Wars no aporta ninguna novedad de peso al culebrón sobre esta lucha eterna entre chupasangres y perros gigantes hormonados, y tampoco esperaba que me sorprendiese en su quinto capítulo. Así que de realizarse una futurible sexta entrega probablemente me la acabaré tragando. He de admitir que cuando un guilty pleasure como cualquier nuevo episodio de Underworld desprende esta petardería desenfadada, tan propia de una franquicia que ha asumido su condición de serie b, y donde una secta de vampiros pacifistas (¡!) pelea sin complejos contra una horda de hombres lobo armados con rifles de asalto, se desata dentro de mí un lado masoquista que me hace disfrutar de una saga tan reprobable por su cansinismo como reivindicable por su simpleza. Desde luego hay batallas que se hacen más largas que la Guerra de los 100 años, y reconozco que ésta ya se ha convertido en uno de mis placeres culpables.

 

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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