The Tribe – Deshacerse de las formas

Desde hace más de 80 años se impuso una forma de crear cine – sobre todo aupada por Hollywood y su star-system – que es la que se ha entendido como idónea y necesaria desde entonces. El adelanto del cine mudo al sonoro trajo consigo nuevas formas de narrar que se hicieron indispensables para sacar todo el partido posible a la creatividad artística de los cineastas. Una de estas, por ejemplo, fue la estructura plano-contraplano tan recurrente. El cine evolucionó con muchas de estas estructuras como base hasta llegar un punto en el que pocas veces aparecen productos arriesgados que intenten, como ya se hizo en la transición entre el cine mudo y el sonoro, ofrecer nuevas formas de narrar, o al menos formas innovadoras de utilizar los recursos que ya se tienen de forma original.

En The Tribe el cine aparece de una forma arcaica e innovadora a la par: sin diálogos (al menos hablados), sin banda sonora. Solo el sonido de los gestos y movimientos de los protagonistas nos acompañan durante toda la película. Pero ni siquiera ellos pueden oírse a sí mismos. Entonces, el sonido aparece como una ventaja que solo se le ofrece al espectador, en una complicidad creador-espectador. Por ende, cuando los diálogos desaparecen, el cine de narrativa común también, y el plano-contraplano deja de ser necesario. Entonces, con esta narrativa convencional desaparecida, la necesidad de otros tipos de planos enfáticos, como el primer plano, es insignificante. Ya solo nos queda observar las acciones de los protagonistas respecto al entorno que les rodea, y cualquier tipo de plano general que nos muestre a los personajes y todos los gestos que realizan con sus cuerpos basta para que el espectador pueda ver lo que sucede. En cambio, si los personajes necesitan moverse dentro de su espacio, solo se necesita un travelling para seguirlos allá a donde vayan.

The Tribe (1)

Y es esta forma de narrar la que da sentido a la película; avanzamos lentamente junto a los protagonistas por el argumento, sin rumbo alguno, tan perdido como ellos, furiosos, mudos. Slaboshpitsky no ofrece ningún consuelo al espectador; de hecho, a medida que avanza la trama, va encrudeciéndose más y más, y no hay suspiro que valga en esta espiral de odio, celos y violencia.

Toda esta potencia tribal del ser humano se ve desvelada mediante la fuerza primitiva del cine, sin artificios narrativos, sin concesiones. Deshaciéndose de las formas preestablecidas para recurrir a lo único necesario cuando el sonido deja de ser importante: la imagen.

Borja Aranda

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"Me gusta recordar las cosas a mi manera. No exactamente como ocurrieron."
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