The Salvation: Mads Mikkelsen contra todos

Hablar de la simbiosis entre el western clásico y el relato de venganzas supone meternos en un terreno tan vasto de explorar como la historia del propio cine. Un buen hombre que está en el lugar equivocado en el momento menos oportuno, un villano sin escrúpulos, se desencadena la tragedia… y el pistolero caído reclama la sangre de su verdugo. Lo que viene después lo hemos visto tropecientas veces, y no nos cansamos de observar a la muerte reptando a través de bares de mala muerte atestados de polvo, desiertos en los que sólo se avista arena, rostros consumidos por el sol y serpientes que sobresalen de calaveras. Eso es lo que nuestros padres llamaban una de vaqueros, y para esto no existen efectos especiales.

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La mayor virtud de The Salvation estriba en ser consciente de las limitaciones que impone un argumento de corte violento y nihilista donde el leitmotiv del ojo por ojo acarrea un muestrario de escenarios y tesituras más enraizadas con las primeras novelitas del oeste que impulsaron el crecimiento del género en la pantalla que con las producciones que han cimentado su leyenda cinematográfica. Esto no es un homenaje a John Ford, Raoul Walsh o Howard Hawks y tampoco pretende aparentarlo.

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Mad Mikkelsen nació para interpretar al menos un western, aunque comercialmente pase injustamente desapercibido como éste. El colono Jon Jensen ha perdido a su mujer y su hijo, asesinados por los despreciables hermanos de Henry Delarue, el cabecilla del pueblo, y su sed de revancha no desaparecerá hasta matarlos a todos. Los ojos del granjero convertido a la fuerza en pistolero rezuman el odio y la frialdad necesarios para cubrirse las espaldas, y Mikkelsen personifica a un hombre que ya está muerto por dentro. Lograr que la inquina y el odio se claven con tanta dureza en tu enemigo con un despliegue facial tan parco y austero es un don que hasta hoy sólo pervivía en el recuerdo de Lee Van Cleef y algunos trabajos de Clint Eastwood delante de la cámara. Es como si el protagonista de Hannibal llevase toda la vida haciendo este tipo de películas.

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Con el contrapunto estético definido por el pomposo atuendo creado por Diana Cilliers para Jeffrey Dean Morgan, más propio de un spaghetti western pero a tono con la solemnidad del altivo antagonista Henry Delarue, todo lo demás en este curioso western danés es tan estoico y rotundo como el sonido de un disparo por la espalda. Hay que rendirse en elogios -de nuevo- por una magnífica Eva Green que aun sabiendo cuál es su lugar en esta cinta vuelve a comerse la pantalla con una contención mayor de la que acostumbra, casi sin pestañear.

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No esperes una cálida bienvenida si visitas Salvation. Aquí ningún forastero es visto con buenos ojos y conviene llevar el arma cargada si no quieres acabar en una caja de pino.

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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