The End of the Tour – Dos hombres y un viaje

David Foster Wallace no era un escritor más, pero sí compartía la misma maldición (¿y bendición?) que muchos escritores han y hubieron de sufrir: la soledad le persiguió durante su corta vida, y nunca llegó a encontrar su sitio. Pero, por si sirve de consuelo alguno, obtuvo un éxito monumental con una de sus obras de ficción, ‘La broma infinita’, que le valió el prestigio internacional.

David Lipsky, en cambio, escribió una novela, que aunque obtuvo buenas críticas, no le supuso el éxito que sin embargo sí le proporcionaría otro de sus libros de no-ficción, sobre David Foster Wallace y las horas de grabación que este le dio.

Uno era un escritor exitoso, tímido, al que no le preocupaba el éxito ni las buenas críticas; más bien le causaban ansiedad. El otro; un joven escritor, extrovertido, buscándose la vida trabajando para la revista Rolling Stones, para más tarde vender bien, escribir algo grande y saberse reconocido.

La dualidad que estos dos escritores ofrecen le regala a Ponsoldt la oportunidad de rodar un duelo interpretativo sobresaliente, y por fortuna Segel (miedo me dio leer su nombre en el reparto) y Eisenberg cumplen con creces. Por eso mismo, Ponsoldt prefiere no hacerse notar en la dirección, y deja que estos dos actores y las conversaciones que nos dejaron Foster Wallace y Lipsky durante el tour al que hace mención el título de la película hagan el trabajo por él. Evidentemente no arriesga, y la película tiene una estructura simple y ordinaria, que desaprovecha algunas posibilidades inteligentes que podrían haber mostrado no al personaje, sino a la persona, dándole por ejemplo más suspiros al texto original.

 

The End of the Tour (2)

 

Quizá el problema que tengo con esta película es que la soledad inherente a Wallace es demasiado explícita, y Ponsoldt se esfuerza demasiado (con éxito según lo que se busque, he de admitirlo) en que todos notemos sin problemas la fragilidad que rodea su vida, y cómo en cualquier momento puede resquebrajarse, como ya ocurrió en el pasado. Solo observamos atisbos de lo que podría ser la compleja vida emocional de Wallace, y vemos, en efecto, a ese regular guy que tanto proclamaba ser.

El personaje de Lipsky, en cambio, me parece mejor tratado (que no interpretado, ya que los dos están a un enorme nivel y no sabría decidirme por cuál), y podemos verle pulular por la pantalla, queriendo ser alguien que no es; una fuerte personalidad que no es más que una fachada para sentirse más inteligente que los demás, para asegurar su jerarquía intelectual respecto al resto de los mortales.

Foster Wallace escribió algo así como que todas las personas son idénticas en su secreta convicción de que en el fondo son diferentes a todos los demás, y Lipsky cumple con esta definición desde el principio, pero quizás no hasta el final.

The End of the Tour nos deja una amable y amarga interpretación de la vida al mismo tiempo. Amable porque, a pesar de toda esa soledad, vemos a Foster Wallace bailar, reír; pero amarga porque sabemos de antemano lo que sucedió varios años después. Quizá esta obra no tenga mucho más que ofrecer, la historia es tal y como ocurrió. No hay grandilocuencias posibles, solo dos hombres diferentes y a la vez iguales hablando sobre la soledad, sobre los miedos del escritor, hasta que acabe el tour.

Borja Aranda
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