The BFG: La historia más personal de Roald Dahl llevada a la pantalla

Quizás lo que habría que señalar como subtítulo sería que los detractores de Spielberg se abstuvieran directamente de ver la película, o al menos se mantuvieran a 50 pasos de distancia de ella (y a ser posible, pasos de gigante como los del film) para evitarse sustos y futuros reproches. Y es que Spielberg se ha ganado todo tipo de malas famas y mitos que parece que no se va a quitar de encima ni en esta vida ni en la próxima: que es un ñoñas, que sólo va a por la pasta, que es el responsable de cargarse el cine independiente americano de los 70, que por su culpa el sistema de proyecciones en salas de cine se fue a hacer puñetas, que no ha hecho nada para merecer el éxito y el prestigio que tiene, que no sabe nada de cine, que por su culpa el cine americano actual es tan malo y hueco, etcétera, etcétera, etcétera. Para que luego digan que no se les sigue echando la culpa de todos los males a los judíos, madre mía.

Pero todo eso se ha dicho y oído mil veces sobre él, centrando el mismo discurso de siempre para su último trabajo The BFG, titulada al español como Mi amigo el gigante, sin que prácticamente nadie se atreviera a indagar en el trasfondo que da sentido a la película y al contexto por el cual Steven Spielberg quería homenajear la figura de Roald Dahl, uno de los máximos exponentes de la literatura infantil, amado por generaciones enteras y con millones de lectores en todo el mundo (y los que están por venir).

Dahl ha tenido muchas adaptaciones, especialmente en las últimas décadas, y todas tienen su encanto y son fieles al espíritu del autor británico, aunque ninguna pueda captar toda la esencia que hace de las historias de su autor un escritor único y difícil de igualar en su terreno. Y eso que no solamente escribió literatura para el público más pequeño, aunque se haya quedado con la etiqueta. Pero de nuevo, sería un error decir que sólo los más pequeños pueden disfrutar de las historias de Roald Dahl y sus adaptaciones, pues los adultos también son capaces de reconocer todos los matices que reflejan sus escritos, sutilezas sobre los males de este mundo pero contadas con mucha ternura y humor de por medio.

Incluso antes de iniciarse el rodaje de la película, ya empezaron a correr rumores sobre si Spielberg quería hacerla a toda costa porque estaba obsesionado con el libro y lo había leído un millón de veces y no se desprendía de él. Falso. Evidentemente era un enamorado de la historia, como casi todos los que leen el libro, y lo había leído varias veces tanto para sí mismo como para sus hijos cuando eran pequeños. Pero él sólo empezó a sonar para el proyecto como director en 2014, aunque sí es verdad que los productores del film Frank Marshall y Kathleen Kennedy llevaban años (desde el 91 más o menos) con el deseo de poder adaptar el cuento para la gran pantalla, pero sin ningún tipo de prisa o ansia, sabiendo que la tecnología a su alcance todavía no era la adecuada para concebir un proyecto tan difícil.maxresdefault2

Y tampoco se puede negar que los productores, para intentar ser respetuosos con la obra de Dahl, acabaran confiando a una de las amigas y compañera de trabajo de Spielberg, la guionista de E.T. Melissa Mathison (y ex mujer de Harrison Ford), la adaptación del libro sabiendo de su enorme capacidad para captar las emociones en el mundo infantil. Debe señalarse que Mathison, pese a participar en pocos trabajos, supo codearse con lo mejor de su época. De hecho, trabajó en su momento de canguro cuidando los hijos de Francis Coppola, pues con él realizó todo tipo de labores como ayudante en algunos de sus films más recordados y fue quien la animó a escribir. Spielberg siempre alabó su maestría para hablar desde el corazón con historias sencillas que conectaban con el público. Lo que seguramente Spielberg no podía imaginar es que esta película se acabaría convirtiendo en el último guión que haría, ya que Mathison falleció al poco de terminarse el rodaje. Pero esta no es la única desgracia que rodea a la cinta. Porque la auténtica tragedia que rodea esta historia recae en su escritor, y es la parte que me interesa explicar aunque sea brevemente para comprender lo que intenta la película (y sobre todo el libro).

Los más interesados en conocer a fondo la historia de Roald Dahl en torno a este cuento encontrarán muchos más detalles y mejor escritos en el siguiente enlace. Yo me limito a intentar sintetizar lo más trascendental, aunque casi todo lo sea.

http://www.fabulantes.com/2015/01/el-gran-gigante-bonachon-roald-dahl

En 1962 Dahl ya era un escritor con un par de éxitos y él y su familia se habían instalado en Inglaterra. Venían de abandonar Nueva York, donde su hijo Theo había sufrido con 4 meses un accidente terrible al ser atropellado por un taxi mientras su niñera lo paseaba en cochecito. El primer hijo varón de Roald Dahl pasó mucho tiempo entre la vida y la muerte y sufrió daños irreparables en el cerebro que afectaron, entre otras cosas, su vista. Además, uno de los tratamientos que le aplicaban consistente en una válvula para drenar líquido del cráneo fallaba continuamente y no mejoraba su estado. Por ello Dahl fabricó junto a un ingeniero amigo suyo y un neurocirujano un nuevo tipo de válvula más sencillo y moderno conocido como válvula Wade-Dahl- Till , que a día de hoy aún se utiliza en hospitales y ha mejorado la vida de miles de enfermos (conste que ninguno de sus creadores exigió sacar beneficio de dicho invento). La apacibilidad que Dahl esperaba encontrar de vuelta al viejo continente pronto se vio truncada. Su hija primogénita, Olivia Twenty, contrajo el sarampión. En aquel momento aún no había cura, ya que la vacuna empezaría a implantarse a partir del año siguiente, y la única opción era pasar la enfermedad. Aislada de sus hermanos en un cuarto para evitar el contagio, Dahl permaneció con su hija Olivia todo el tiempo posible, no solamente contándole historias o creándolas juntos, sino jugando y descubriendo la enorme capacidad e inteligencia de su hija de apenas 7 años. Pero Olivia no mejoró; empezó a sentirse más cansada, a perder reflejos y a sentirse somnolienta; tanto que acabó perdiendo el conocimiento, y sin que Roald Dahl fuera capaz de preverlo, al poco tiempo su hija falleció. La causa fue una rara complicación del sarampión, que le produjo una encefalitis que acabó resultando fulminante. Dahl perdió a su primogénita y el golpe fue terrible, sin que nadie supiese si sería capaz de recuperarse de semejante tragedia. Pero dos años después empezaría a publicar la que sería una sucesión de sus mejores trabajos, consolidándolo en las décadas posteriores como uno de los mejores escritores de su tiempo. Sin embargo, no fue hasta 1982 que publicó The BFG, dedicado a la memoria de su hija Olivia y que él siempre tuvo como su cuento favorito. Con lo explicado en todo este párrafo, quizás haya quedado más claro la importancia de la historia de Dahl con la suya personal, pues el personaje de Sophie (la niña protagonista en el libro) no deja de ser un homenaje a su hija fallecida, una heroína solitaria que descubre los males del mundo pero encuentra en un gigante bonachón a su mejor amigo, el cual en cierto modo no es más que una versión del propio Rald Dahl, que obtiene algo de valor gracias a la pequeña niña, forjando entre ambos una gran amistad.

182_179_177_176_scpic4En cuanto al film, Spielberg adapta lo mejor que puede muchos momentos del relato. Sin duda la avanzada tecnología para convertir a Mark Rylance en el gigante protagonista es asombrosa, y el parecido con las ilustraciones de Quentin Blake hechas para el libro resulta increíble, al igual que el parecido de la pequeña actriz Ruby Barnhill con el personaje de Sophie también es un gran logro. Pero la trama genera momentos un tanto desiguales que igualmente quedan reflejados en el cuento, pero para un espectador, sobre todo si es un niño, resultan un tanto desconcertantes en cine.maxresdefault

[SPOILERS] La cosa es que la primera parte es quizás un pelín oscura (si se le puede decir así) en cuanto a los hechos que se desarrollan, como el secuestro de la protagonista a manos del gigante y la visión del país de los gigantes. Esta primera parte se dedica sobre todo a indagar en la personalidad y origen de los dos protagonistas; se empiezan a conocer, se hacen amigos e intentan mejorar la situación en la que viven ambos. A esto hay que sumarle que el gigante no sabe hablar bien, inventando o modificando muchas palabras que en el inglés original tienen parecido con otras, siendo la más ejemplar su “human beans” (guisantes humanos, en la versión al castellano) en vez de “human beings” (seres humanos). Pero dentro de lo que cabe, las traducciones consiguen transmitir bastante la idea original y el sentido del humor con el que Dahl impregnaba la obra. Además, esconde los matices que Spielberg sabe que son importantes, aunque no pueda usarlos de la misma forma y su trascendencia no quede tan patente. Ejemplos claros son cuando el gigante habla de su problema para querer decir o expresar las cosas, y el significado que estas tienen o adquieren cuando las dice; o directamente del problema que suponen las palabras para él, algo demasiado complicado para expresar cosas. Todo esto, en un film de estas características creo que es más difícil de entender para un niño, y a un adulto quizás se le haga repetitivo y después de cuatro errores de expresión se canse, pero gran parte de la belleza de la historia reside allí. Luego viene la parte más de acción, quizás con más chistes y con otros personajes secundarios que resultan más divertidos. De todos ellos, sin duda el más destacable es la aparición de la reina de Inglaterra, y aquí es donde debe hacerse de nuevo un inciso y volver a la historia personal de Dahl. El escritor, juntando un poco la experiencia que había pasado con su hija, evocó en el cuento de The BFG un mundo donde los niños desaparecidos (como los miles de casos en la vida real a lo largo de la historia) y todos los males eran consecuencia de los gigantes crueles que se los llevaban para comer, con la excepción claro está del Gigante Bonachón, vegetariano muy a su pesar comiendo la única verdura que conocía porque se negaba a matar a gente inocente. Dahl creó así para su hija Olivia la figura de un gigante de buen corazón que protegía a los niños como podía, pues aunque no pudo salvar a su primogénita de los males de este mundo en la vida real, sí que creó para ella la tierra de los sueños, un lugar donde darle al menos la alegría que no pudo disfrutar en vida. La creación de ese país por parte de Spielberg también resulta meritoria, pero de nuevo, a un niño que se le ponga ese mundo así pintado poco entenderá, y a un adulto le dejará a medias después de un rato de muchos colorines y juegos de estelas de colores. Pero ese país imaginario es donde Dahl intenta llevar a su protagonista pensando en su hija, a la tierra donde él puede crear las historias más fantásticas y maravillosas, y donde el personaje del gigante caza los sueños buenos para introducirlos en la imaginación de los niños y guarda bajo llave las pesadillas para que no puedan dañarles, siendo una especie de protector de los niños. E implicando al personaje de la reina de Inglaterra en la historia, lo que Dahl hacía en el cuento (y Spielberg lo plasma lo mejor que le dejan) era dar un toque de atención a los líderes y las altas esferas del poder, criticando su impasibilidad ante los problemas que sufrían los más pequeños en el país (se debe pensar en el sistema anglosajón que se imponía no hace tantas décadas atrás, con códigos de educación muy estrictos donde los castigos físicos eran algo habitual, y donde los menores estaban muy desprotegidos ante ciertos conflictos y problemas sociales, a parte claro está de las enfermedades infantiles que aún causaban muchas muertes y secuelas en gente joven y que hasta la implantación de programas de vacuna o mejoras en tratamientos pediátricos no disminuyeron). De esta forma, enviaba un mensaje de implicación a la gente situada en el poder para intentar mejorar la situación de los niños, porque sabía que era la única manera de vencer los males en el mundo real.thumbnail_24205

Así, Spielberg crea una película que se puede ver sin problema y no resulta tan insoportable como puede parecer a simple vista. Su problema es que difícilmente entusiasmará, y tristemente a más de uno dejará indiferente. Quizás muchos no lo vean como uno de sus mejores trabajos familiares, pero tampoco lo situaría entre los peores (esto, por suerte, no es Hook). Su modo de contar las cosas poco tiene que ver con el cine actual, pues algunas escenas son muy largas para que los peques las sigan; y los adultos pueden no disfrutar demasiado viendo la forma tan rara de hablar de los gigantes y la poca acción que hay. Y su humor, cargado de ironías en muchos casos, quizás resulte muy obvio para los mayores y demasiado escaso para los niños. Y aunque parezca mentira que diga esto, pienso que Spielberg ha corrido un riesgo. Se ha arriesgado porque cambia lo justo el final del cuento para hacerlo suyo e intentar darle a la historia una visión no tan dulce y maravillosa como la de Dahl. Pero eso es imposible, porque lo que da sentido a todo es la amistad indestructible de sus dos protagonistas, y a la hora de la verdad poco importa ese cambio, lo que importa es el viaje realizado por los dos protagonistas.

Es una lástima que el film no haya dado más de que hablar. El momento parecía el más oportuno para estrenarlo, pues 2016 es el centenario del nacimiento de Roald Dahl, y en muchísimos centros y bibliotecas se han hecho o se están preparando actividades relacionadas con sus libros y su figura. Spielberg era consciente y esperaba que eso pudiera dar más tirón a la película, pero difícilmente logrará recuperar la inversión, pues se calcula que de un presupuesto de unos 140 millones sólo ha recaudado hasta la fecha unos 72. Pero a Spielberg en el fondo le da igual. Él hace pelis para disfrutar; si quisiera se hubiera jubilado forrado en los 80, pero sus ansias de contar historias no terminan nunca. En Dahl siempre tuvo a un maestro al que acudir, y tarde o temprano debía rendirle tributo, como muchos. imagesAquí no nos podemos hacer una idea de la importancia que tuvo este autor en el público, pero podemos descubrir muchas cosas sobre él y su visión del mundo acudiendo a sus textos o viendo las películas de sus adaptaciones. Eso sí, si hay una frase suya que cualquiera se debería aplicar (sea para ver la película, para leer sus libros, o para lo que sea), y es la siguiente: “Aquellos que no crean en la magia jamás la encontrarán”.

Al Swearengen

Al Swearengen

Tengo la sensación que bueno y malo son palabras demasiado extremas que usamos a la ligera. No creo que la vida y la mayoría de cosas y personas en este mundo puedan ser expresadas en términos tan absolutos. Ni siquiera estoy seguro de si se pueden aplicar al arte, y menos aún al cine.
Al Swearengen

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