Dirk Gently: Todo está conectado, siempre y cuando sepas la manera
Jun28

Dirk Gently: Todo está conectado, siempre y cuando sepas la manera

En muchas ocasiones nos quejamos de la falta de originalidad de muchas series con premisas e historias intercambiables, no es el caso de ‘Dirk Gently’ un manantial desbocado de ideas fantásticas que nacieron del libro escrito por la febril imaginación de Douglas Adams, autor de la mítica ‘Guía del Autoestopista Galáctico’. Tras una primera versión británica, bastante interesante, la sección americana de la BBC decidió hacer una nueva versión para el otro lado del océano, ubicando las andanzas del detective holístico Dirk Gently en la ciudad de Seattle, para resolver casos interdimensionales e intertemporales. ‘Dirk Gently’ es una serie completamente inclasificable que ha tenido un seguimiento de culto por sus enfervorizados seguidores que recibieron como un auténtico mazazo el anuncio de su cancelación al final de la 2T, como os vamos a explicar en el presente artículo. Ficha: Dirk Gently’s Holistic Detective Agency ( Dirk Gently) 13 ep 40 min .  Oct 2016-Dic 2017. Idioma: Inglés/español Cadena: BBC América (USA)/ Netflix (E) La trama: Todd Brozman es un conserje de un hotel de lujo de Seattle, que descubre horrorizado una montón de cadáveres en el ático del hotel entre los que se encuentra el misterioso millonario Patrick Spring, que era el huésped de la habitación. El pobre Todd es considerado, por defecto, sospechoso de los crimenes, pero todo va a cambiar cuando se cruza en su vida el detective Dirk Gently que se le presenta aduciendo que tiene que estudiar los aspectos holísticos del caso ya que considera que todo puede estar conectado con universos paralelos y otras lineas temporales. Ambos acaban formando un equipo para investigar el caso, que parece relacionado con una extraña secta de intercambiadores de almas que utiliza un extraño artefacto del pasado. Si no habéis entendido mucho la enrevesada premisa de la serie, a lo mejor el trailer os puede aclarar algunos aspectos del disparatado inicio de la misma. La versión estadounidense se distancia en todos los sentidos del original británico del que apenas se emitieron cuatro episodios a pesar de estar protagonizado por Stephen Mangan (Episodes) y Darren Boyd ( Killing Eve) y estar escrito por Howard Overman ( Misfits). Su creador estadounidense Max Landis tomó la opción de reforzar los aspectos más fantásticos, desarrollándolo como una especie de ‘buddy movie’ con un detective extraño y un ayudante a la fuerza, enfrentándose a todo tipo de peligros y enemigos nada convencionales y que desafiaban en todo momento la leyes de la física y de la lógica, como en este delirante intercambio de rehenes en un puente. Los dos protagonistas interactúan con todo un grupo de gente de lo más pintoresco que rápidamente se sitúan...

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Victor Frankenstein: Max Landis reconstruye el mito de Prometeo
Abr24

Victor Frankenstein: Max Landis reconstruye el mito de Prometeo

Más que de no tener una identidad propia -que no es el caso- se puede señalar con el dedo a la nueva relectura de Paul McGuigan sobre el mito de Prometeo como un intento no del todo fallido de transferir el mismo ADN modernista y post punk que ya usó con bastante acierto en algunos de los mejores episodios del Sherlock creado por Steven Moffat para la televisión. Victor Frankenstein es reimaginado a imagen y semejanza del detective de Baker Street en su última encarnación de la BBC y por momentos te sientes atrapado dentro de un déjà vu en el que McGuigan recicla al Barón y a su leal jorobado Igor en la espídica pareja protagonista de una buddy movie victoriana similar a la que forman Benedict Cumberbatch y Martin Freeman. Sólo que aquí esa sensación de libertad al tratar un material tan conocido es atenuada por una fidedigna ambientación de época que se ciñe algo más a la obra original, y por obra original no me refiero a los escritos de Mary W. Shelley sino a puntuales guiños de suntuosidad barroca vagamente emparentados con la producción de los Estudios Universal que vió la luz hace ya más de 80 años, y de la que toma prestados algunos lugares comunes abordados por unos códigos visuales más anárquicos y juveniles que poco a poco se van convirtiendo en la marca del guionista y escritor Max Landis. No hay ni rastro de la pomposidad teatral con la que Kenneth Branagh adornó la adaptación más fiel de la novela original hasta el momento, ni en su ritmo ni en la labor individual de un James McAvoy mucho menos afectado que el director de Mucho Ruido y Pocas Nueces en su personificación de un mad doctor que escarba sin tapujos en el temperamento histérico del Dr. Frankenstein de Colin Clive y aprovecha un par de vestigios del estoicismo de Peter Cushing. Paul McGuigan opta por dejar a un lado los formalismos que hasta cierto punto dan aliento a la primera mitad de metraje para zambullirse de pleno en un desquiciado último tramo de despendolada diversión pulp heredada de las secuelas producidas por Hammer Films, especialmente de Frankenstein y el Monstruo del Infierno (1974). Puede que el mayor descubrimiento de este enésimo lavado de cara al relato de Mary Shelley sea contemplar como al fin Daniel Radcliffe se transforma en un actor verosímil y adulto que ha tropezado demasiadas veces hasta lograr apartarse definitivamente de Harry Potter. Su conversión en un intérprete afianzado y seguro de sí mismo ha costado mucho más trabajo que obligar a Igor Straussman a desprenderse de la joroba. Victor Frankenstein no...

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