Star Trek, Más Allá: The Fast and the Enterprise
Ago21

Star Trek, Más Allá: The Fast and the Enterprise

Esperar algo nuevo del universo trekkie tras medio siglo de series de televisión, películas, videojuegos y hasta una adaptación animada que fue recibida con cierta tibieza, es como pedir un truco de equilibrismo a las aptitudes del productor J. J. Abrams, el director Justin Lin y los guionistas Simon Pegg y Doug Yung para servir con destreza lo mismo de siempre pero con nuevos alicientes que llegados a este punto probablemente ya no existen. Lo único que el ejército de adeptos a la franquicia de Gene Roddenberry que se extienden a lo largo y ancho del planeta pueden esperar a estas alturas es que su criatura no vuelva a caer en el atrincheramiento argumental y estético exclusivo para fans que mermó la franquicia -y casi la remata- antes de renacer comercialmente y de que su tripulación original sufriese un rejuvenecedor (y forzoso, por causas naturales) lavado de cara. De izqda a dcha: Idris Elba, Karl Urban, Zoe Saldana, Anton Yelchin, Chris Pine, Zachary Quinto, John Cho y Simon Pegg  Pegg y Yung construyen un pasatiempo supeditado a la pirotecnia visual y las explosiones con una proliferación de la acción pura mucho mayor de lo habitual y le sirven en bandeja a Justin Lin una nave estelar cuyos mandos maneja con el mismo ritmo espídico, vertiginoso y desprejuiciadamente macarra que usó en las últimas entregas de su otra franquicia motorizada, The Fast and The Furious. Lo demás en la decimotercera entrega del universo trekkie es una constante búsqueda del equilibrio entre la necesaria ración de aventuras en entornos exteriores y planetas exóticos -recreados ya por un CGI que sustituye a aquellos rudimentarios decorados de Star Trek III, En Busca de Spock-, las obligatorias batallas espaciales ahora libradas contra minúsculos objetos voladores que atacan en formación de enjambre y la recuperación de una de las novedades más acertadas aportadas por la anterior entrega, la inclusión de persecuciones y secuencias de destrucción a pie de calle dentro de un núcleo úrbano.   Si hay que buscarle un punto débil a la tercera aventura de Kirk y Cía desde su regreso habría que achacarle tener a uno de los villanos menos carismáticos y más irreconocibles de la serie desde Ron Perlman en Star Trek: Némesis (2002). Idris Elba es Krall, un ente alienígena cuyo origen es imposible desvelar sin spoilear el único momento medianamente interesante de un guión simple y plano, pero nunca aburrido, donde para variar la tripulación del Enterprise tendrá que interrumpir su corto periodo vacacional tras una larga misión de 3 años, viéndose obligados de nuevo a preservar la paz y el orden instaurados por la Federación Unida de Planetas. Idris Elba...

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Calle Cloverfield 10: preciso y absorbente thriller psicológico
Mar23

Calle Cloverfield 10: preciso y absorbente thriller psicológico

Todo lo que rodea a Calle Cloverfield 10 resulta intrigante. Hasta su misma campaña de marketing llena de secretismo, que no reveló nada de la película hasta dos meses antes de su estreno. El artífice detrás de esto ha sido básicamente J. J. Abrams, quien se ha encargado de la producción del film. La magia de la película recae en ir a verla sin saber demasiado de ella, por lo que voy a omitir decir nada sobre el contenido del argumento de la misma en esta crítica, por lo que quién no la haya visto todavía puede seguir leyendo sin preocuparse. Aclarado esto, cabe destacar en primer lugar que Calle Cloverfield 10 es un thriller psicológico magníficamente hilado, y totalmente imprevisible. Logra mantener al espectador en una tensión constante, haciéndole dudar en todo momento sobre qué debe ser verdad y qué no. El guion destaca por su originalidad dentro del género, y por su gran construcción y precisión de las situaciones, sus constantes puntos de giro inesperados, y su gran elaboración de los personajes. Si bien la película nace de una premisa que parece bastante sencilla, la misma logra construir con rapidez una absorbente atmósfera de intriga, claustrofobia y paranoia, de la que no se libra el espectador hasta el final del film. Y la banda sonora por parte de Bear McCreary no hace más que aumentar esa tensión constantemente. Por otro lado, también contribuyen a ello los actores, que han realizado un fabuloso trabajo interpretativo, sobre todo el inigualable John Goodman, que me atrevería a decir que realiza aquí una de las mejores interpretaciones de su carrera. Ya solo por él, merece la pena ver el film. En cualquier caso, nos encontramos ante un brillante debut por parte de Dan Trachtenberg, que ya sorprendió con su cortometraje de Portal: No Escape. Ha logrado crear una película con estilo, extraña, precisa y original, que no dejará indiferente a nadie -ni siquiera a sus detractores-. Porque el final puede no gustarle a todos, pero resulta en cualquier caso un final imprevisible, inesperado y desconcertante. Puestos a criticar negativamente algo, podría criticarse la mala intención de su título, que puede resultar engañoso buscando una relación con Cloverfield (2008), pues entre ambas no hay conexión alguna. ¿O sí? Para buscar una respuesta, invito a ver la película y disfrutar de la experiencia, pues la película es básicamente eso, una experiencia cinematográfica de claustrofobia, paranoia y suspense psicológico, con toques conspiranoicos, que te mantiene en tensión en todo momento gracias a lo poco previsibles que resultan sus sorpresas...

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Calle Cloverfield 10 – Torpe obviedad
Mar11

Calle Cloverfield 10 – Torpe obviedad

Allá por 2008 Matt Reeves – bajo el manto de J.J Abrams – estrenó Monstruoso, esa película de terror de metraje encontrado que fue un éxito inmediato. Un monstruo del que sabíamos bien poco y personajes intentando escapar era lo único necesario para que fuera un entretenimiento sin ningún tipo de pretensiones disfrutable. A principios de 2016, en un intento de aprovechar el tirón de la marca Cloverfield y la estimada producción de J.J. Abrams, se estrenó esta película que nos ocupa, Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane), que, como podemos ver simplemente leyendo el argumento, bien poco tiene que ver con la película original, aparte de estar ubicada en el mismo universo. Ópera prima de Dan Trachtenberg – que ya tuvo su minuto de fama con un corto sobre el videojuego Portal en 2011 -, Calle Cloverfield 10 relata la historia de tres personas encerradas en un búnker para protegerse de una amenaza de la que la protagonista de la obra – una buena Mary Elizabeth Winstead – sospecha no es real. El obtuso hombre que la lleva a esta cárcel, interpretado magníficamente por John Goodman, hace todo lo posible para que ella y el otro personaje interpretado por el siempre correcto John Gallagher Jr. quieran permanecer encerrados y esto les hace dudar constantemente si realmente ocurre algo en el exterior o es todo una invención para perpetrar un siniestro plan. Esta premisa inicial sienta las bases para un a la postre interesante estudio de personajes que acaba en balde por culpa de la torpe dirección de Trachtenberg que, reiterativo a más no poder, pone las cartas sobre la mesa con excesivo descaro, saturando el uso de planos detalles y los elementos que ofrece la trama en un intento de justificar todo lo que ocurre en la película sin ápice de inteligencia, trocando la obra en un ejercicio obvio, un espectáculo en el que los personajes son meros artificios para que la trama avance hacia su resolución final de la forma más endeble y forzada posible. Por si fuera poco, el guión apenas ayuda para construir mejores personajes, a pesar de que Trachtenberg sí que muestra cierto talento en este ámbito. Finalmente, un final arriesgado que destroza el tono de la película y una conclusión final que no toma en cuenta la evolución de los personajes en ningún modo acaban por destruir el conjunto de lo que podría haber sido un thriller psicológico a tener en...

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Star Wars VII: La cocina pseudo-italiana y Jota Jota (**1/2)
Dic27

Star Wars VII: La cocina pseudo-italiana y Jota Jota (**1/2)

Llegado un punto, yo ya estaba hasta las narices de El despertar de la fuerza bastante antes de ir a verla. Jamás planeé asistir el día del estreno, en parte porque los baños de multitudes rugientes y aplaudientes habrían mermado mi experiencia en vez de atraerme hacia ella, puesto que jamás he sido fan de la saga… y la parte conspiranoica de mí auguraba telediarios apresurados informando de un atentado terrorista que se lleva a cientos de frikis en un evento multitudinario en el Kinépolis de Madrid, a huevito para quienes quieren granjearse otro tipo de publicidad (poquita broma con esto). Total, que mi intención original era depositar mi papeleta el 20-D y luego marchar a mi centro comercial habitual a tomar parte de la experiencia con un baño menos salpicado de multitudes y más o menos a tiempo para esquivar los spoilers. En fin, pero ahí estaban previamente las simpáticas cabecitas temáticas que colmaban los rincones de la capital, otros productos llevando la marca Star Wars, un evento en la Plaza del Callao, diez millones de teaser-trailer-spot-avance-sneakpeek-cansinoides con imágenes exclusivas de la versión indonesia, una app de Spotify que te decía qué personaje de la saga eras según la forma de tu hez (o algo así), incluso filtros de Facebook que te ponían una espada láser en todo el jeto (yo diseñé mi versión particular)… Aunque me hubiera encerrado en una caja acorazada en mitad de un bosque perdido en el centro de una isla desconocida y hundida en el mar, la condenada publicidad de El despertar de la fuerza habría encontrado una manera de llegar hasta mí. Llegado un punto, yo ya estaba hasta las narices de El despertar de la fuerza antes de ir a verla. Pero, al fin y al cabo, fui a verla. Para alguien cuyo mundo no habría dejado de girar aunque George Lucas hubiera decidido meterse a monje, tanta parafernalia publicitaria para una película como esta es algo así como si me hubiesen acompañado cabalgatas, fanfarrias y comparsas para ir a comer al Domino’s Pizza. Puede que se sitúe en una galaxia muy, muy lejana, pero está muy, muy lejos de ser algo de otro mundo. Nuestro rancio favorito ya dijo que comprendía a aquellos fieles seguidores cuyos ojos se empañarían con cada fotograma, pero que no compartía su entusiasmo. Puedo suscribir su opinión. Dejemos que los verdaderos apasionados sean felices, pero yo simplemente he ido a pasármelo bien. A pesar del efecto negativo del hype sobre mí, desperté al chiquillo emocionado que aprisiono en mi interior cuando rompió la primera nota musical que acompañaba al archiconocido logotipo que se alejaba hacia...

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JJ Abrams: a caja y espalda
Dic22

JJ Abrams: a caja y espalda

Si el inglés se caracteriza por algo – además de por eso de que, a diferencia del español, no se pronuncia tal y como se escribe – es por la obscena cantidad de expresiones hechas a las que recurren sus hablantes. Todos hemos oído alguna vez hablar de los famosos idioms, los incomprensibles phrasal verbs y las tazas de té con pastas, y, por muy familiarizados que estemos con el idioma, sólo unos pocos sabrían traducir a nuestro idioma gran parte de estas expresiones. Sin embargo, y aunque mis conocimientos sobre la materia no sean del todo brillantes, durante los últimos días le he estado dando vueltas a una de esas expresiones que, literalmente, podría traducirse como “romperse la espalda”. Resulta que J.J. Abrams, ese simpático joven de cuarenta y nueve años de edad que fue escogido por Disney para dirigir El Despertar de la Fuerza (oferta que, inicialmente, rechazó), no sólo trabajó duro a lo largo de la producción de esta nueva entrega de la saga Star Wars, sino que además, y para hacer justicia a esa expresión que muy bien describe las ganas y el empeño que ha puesto por sacar adelante este proyecto, se rompió la espalda en el proceso. No bromeo. A pesar de que el famoso accidente de Harrison Ford durante el rodaje de la película ocupase los titulares cinéfilos de la prensa digital, la fractura de la cuarta vértebra lumbar de Abrams (fruto de, precisamente, su intento por salvar el tobillo de Han Solo) pasó muy desapercibida, y, como resultado de esta insignificante anécdota, me di cuenta de la poca importancia que en general se les suele dar a las figuras de los directores de cine y, específicamente, al inmerecido descrédito en el que se sumió a uno de ellos por el simple hecho de haber sido el creador de una de las mejores series de la televisión de los últimos años: Perdidos. Sin querer entrar en el eterno debate de si el final de Lost estuvo o no a la altura, déjenme que les deje muy claro lo admirable que me parece la carrera de este neoyorquino de gafas de pasta: una carrera que, como muy bien dice en su charla para TED, gira en torno a una simple y misteriosa caja que le compró su abuelo en una tienda de la Gran Manzana. Gracias a esa caja, que nunca ha abierto y, por lo tanto, su contenido – a día de hoy – sigue siendo un misterio, Abrams no sólo se ha convertido en el creador (o co-creador) de tres series de televisión que muy bien podrían considerarse fenómenos de culto...

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Star Wars, El Despertar de la Fuerza: El Regreso a la Infancia
Dic20

Star Wars, El Despertar de la Fuerza: El Regreso a la Infancia

Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia sin spoilers… No hacen falta ni dos minutos del nuevo capítulo de la recién adoptada franquicia de Disney para atisbarse de que la compañía del ratón ha sabido devolverle a la space opera más famosa de todos los tiempos el mismo espíritu pulp de sesión doble matinal con que Lucas la vió nacer, y a la que Lawrence Kasdan ayudó a dar sus primeros pasos adultos hasta convertirse en un gigante del entretenimiento para masas. La gran machada de su propio creador fue la de querer dotar a su fantasía espacial de ostensión y solemnidad en una reiterativa y plomiza segunda trilogía que casi destruye el buen sabor de boca de una mitología concebida como un cuento clásico, el de la eterna lucha entre el bien y el mal. La Guerra de las Galaxias, o al menos con ese nombre la conocimos algunos, es un juguete para nostálgicos y un pasatiempo atemporal que te transporta a la infancia, y así es como afortunadamente lo han entendido el propio Kasdan -coguionista y supervisor de este nuevo episodio-, Kathleen Kennedy y el director J.J. Abrams al devolverle a la saga la capacidad de hacernos soñar mientras volvemos a sentirnos como niños de 12 años. ¿Es todo exactamente igual? No. La presencia algo más relegada -tal y como se anunció desde que dió comienzo el rodaje- de Ford, Fisher y Hamill es un chute de melancolía que sirve de cebo a los fans más veteranos. Su participación en el nuevo episodio es un parche argumental que los que ya andamos entrados en años agradecemos, y que sirve para adherir a los adeptos de la trilogía original -las referencias a los episodios I, II y III son inexistentes- con una nueva legión de seguidores de menos de 30 años para quienes Han, Luke y Leia son sólo un puente entre un pasado que conocieron gracias al formato doméstico y otra apasionante epopeya galáctica de la que aquellos ya no serán los únicos protagonistas. Habrá tiempo de sobra para hacerse a la idea de que la implacable dureza de Rey (Daisy Ridley), la arrolladora chulería del desertor Finn (John Boyega) y el potencial carisma -aún por explotar- del piloto Poe Dameron (Oscar Isaac) son los nuevos pilares de la marca Star Wars. El legado de Han Solo, Leia Organa y Luke Skywalker pervivirá siempre guardado en un rincón privilegiado de nuestra memoria, incluso cuando se aparten a un lado para dejar que otras caras libren nuevas batallas. La Fuerza nunca se desvanece, sólo cambia de rostro, y sigue fluyendo alrededor nuestro en forma de emocionantes nuevos capítulos...

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