Kike Maíllo: “Enseñar una película es como desnudarte delante de alguien por primera vez”
Abr24

Kike Maíllo: “Enseñar una película es como desnudarte delante de alguien por primera vez”

Toro (Kike Maíllo, 2016) es la historia de cuarenta y ocho horas frenéticas en las que dos hermanos se reencuentran. Uno de ellos desea hacer las cosas bien, está a punto de acabar con éxito esa segunda oportunidad que le brinda la sociedad y la vida; el otro, con un problema muy grave por el que se ve obligado a pedile ayuda. Ese lapso de tiempo, en ese camino hacia la recuperación, hacia la bendición, les llevará al extremo, en el que tendrán que tomar decisiones radicales. Su director define su filmografía como muy europea y, a diferencia de su predecesora, Eva¸ nos cuenta que “Toro sí que parece una película española, plagada de símbolos patrios y de cosas y lugares reconocibles”. Sobre el futuro, confía en que el cine es un diálogo con el espectador y que sus proyectos serán reacciones a sus anteriores trabajos. Hoy charlamos con Kike Maíllo, Goya a la Mejor Dirección Novel en 2012. Toro es una gran producción, con un gran director y un gran reparto. ¿Cuál es el margen de mejora en proyectos como este? Yo vengo de un mundo de escuela y allí se hacen películas muy pequeñitas. Con esto quiero decir que cuando afrontas un proyecto, sea del presupuesto que sea, uno lo hace como la película que quiere contar y lo que está en debate es qué utensilios o herramientas va a necesitar uno para contar bien la historia, independientemente del presupuesto. Con cintas como Toro el cine español indaga cada vez más en las realidades más oscuras de la geografía española. ¿De dónde nace esta historia escrita por Fernando Navarro y Rafael Cobos? En las primeras reuniones que tuvimos con Fernando Navarro, al que acababa de conocer después de la promoción de Eva, indagamos en qué película nos gustaría escribir juntos. Nos enamoramos de un personaje que se tomaba la justicia por su mano, violento, que tenía un punto iracundo y ese es el personaje de Toro. Fuimos tirando del hilo y cuando estábamos escribiendo la primera versión, pensamos en la idea de incluir a Rafael Cobos, que era un buen amigo de Navarro y había escrito varios thrillers para Alberto Rodríguez, en los cuales la idea del sur y de la tierra estaba muy patente en sus personajes. Intentamos traer algo de eso a nuestra película, que pasara concretamente en un lugar, que no fuera una película internacional y deslocalizada. Antonio Pérez, uno de los productores de esta película, habla de ella como un thriller con sabor coreano y como director, posees un estilo ambicioso y contemporáneo, sin ningún miedo a competir en géneros que antes creíamos...

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Mustang: poesía estéril
Mar15

Mustang: poesía estéril

Hay asuntos que no caben en la mochila de esos directores que prefieren irse a predicar al desierto con la espalda más cargada de desapercibibles intenciones que de reivindicaciones indisciplinadas. Hay miradas negligentes que apuntan a la dirección equivocada y hay ciegos que, lazarilleando a otros tullidos, caen en su mismo hoyo. Hay voluntades prostituidas -por lo prostituíble de su ambición-, pretensiones entecas y sesgos de miserabilismo. Hay muchas ganas de pasar a la posteridad aunque luego a uno la posteridad le eche a patadas de su casa por vendehúmos; mucho artista de corta crianza y mucha actitud de dudosa aptitud… y en ese estéril desierto se ha concebido el insustancial guión de Mustang. El drama vivido por las cinco hermanas protagonistas podría haber servido de anécdota perfecta con la que emprender un viaje más arriesgado. Más al contrario, la dócil dirección prefiere instalarse en la simpleza de un ideograma, azucarando la realidad con cuestiones más domésticas y sobre todo más cutáneas, impidiendo que ningún personaje adquiera dimensión dentro de ese contexto también carente de resonancia. La mansa Deniz evita en todo momento ponerse seria a la hora de señalar culpables. Se ve que ni la política, ni la cultura, ni la religión tienen la fotogenia estival de un puñado de lolitas...

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La Gran Apuesta: o cómo arriesgar comprando la entrada sin salir decepcionado
Feb21

La Gran Apuesta: o cómo arriesgar comprando la entrada sin salir decepcionado

“La verdad es como la poesía. Y la mayoría de gente odia la puta poesía.” – frase escuchada en un bar de Washington, D.C. Quitando lo acertado o desacertado de la cita arriba escrita, la cual aparece en la película sobreimpresa en un momento dado y cuyo supuesto origen es el señalado (invención absoluta de su guionista que no encontraba una frase en la historia de la humanidad que le gustara para ese momento de la peli), lo que me interesa después de ver La Gran Apuesta es intentar resaltar el mérito que tiene tratar un tema ya conocido y odiado por muchos, con personajes que, aunque no conozcamos y a simple vista pensábamos que serían unos desalmados miserables, resultan muy interesantes y más listos que los demás. Porque no nos engañemos: cuando uno va a ver una película sobre un pasado que ya conoce -y más siendo tan reciente- suele ir un poco desconfiado y de mala gana. Es un poco decir: “Pero si ya sé cómo acaba, de qué me sirve y para qué voy a pagar”. Ejemplos típicos serían las pelis de la Segunda Guerra Mundial, donde por muy mal que vayan las cosas sabes que los yanquis al final van a ganar, o los intentos de atentado contra Hitler, que de seguro sabes que fracasan, o la peli del Titanic, puesto que si te importa poco la historia de amor ya sabes desde el principio que lo más relevante es que el barco se hunde, etcétera, etcétera, etcétera. Pero aquí, aunque sé cómo de mal va a terminar la historia, consigo quedarme enganchado a ella. Me sorprendo viéndome sufrir por saber si sus protagonistas seguirán con su idea adelante apostando en contra de los famosos CDOs o si vale la pena lo que hacen con tal de joder a los bancos. Y puesto que el film de alguna forma intenta buscar la honestidad (y no la encuentra por ningún lado), quiero intentar ser lo más honesto posible ante un film que me ha dejado mejores sensaciones de las que esperaba y me ha dado más de una sorpresa. No he visto ninguna película anterior de su director, Adam McKay, y dudo que lo haga, teniendo en cuenta que no veo nada destacable o relevante en su filmografía; y menos aún conociendo que casi todas están protagonizadas por Will Ferrell, a quien me cuesta más tragar que a Grecia su deuda (con todo el respeto los fans). Yendo a por más confesiones, y tomando una referencia como comparación, diré que debí ser de los pocos que se sintió decepcionado hace un par de años con El Lobo...

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¡AVE CÉSAR!: Los Coen a medio gas
Feb18

¡AVE CÉSAR!: Los Coen a medio gas

A estas alturas pocos directores levantan tanta expectación cuando presentan nueva película como los hermanos Coen. Sólo unos cuantos se me vienen a la cabeza (quizás Scorsese, Paul Thomas Anderson y puede que algún otro). Y menos directores, aún, hay que sean tan originales y sorprendentes como ellos. En una carrera que ya supera los 30 años, han tocado todos los géneros posibles, por lo tanto, adivinar qué es lo próximo que nos van a ofrecer, se antoja harto complicado. En esta ocasión vuelven a la comedia, formato estrella en su filmografía, que les ha reportado grandes satisfacciones profesionales. Y si bien sus últimos trabajos tienen algunos retazos, ¡Ave César! es un ejercicio completo en este estilo. “Un tipo serio” (2009) se acerca más a la tragicomedia, a la comedia negra entre medias de un drama de tintes épicos menores. “A propósito de Llewyn Davis”, de 2013, tiene ese aire de nostalgia que tan bien saben impregnar los Coen, pero los momentos cómicos se reducen a pinceladas puntuales. Hay pues, que retrotraerse a 2008, cuando se edita el último trabajo cómico íntegro de Ethan y Joel (“Quemar después de leer”). Por eso seguramente es, de  todas sus cintas, la que encuentro más similar a esta nueva entrega. Con un casting de altura, ¡Ave César! es puro entretenimiento, del de palomitas de toda la vida, de los que te olvidas en cuanto sales de la sala del cine. Pero con pedigrí. Y con ese estilo, esa comicidad, ese punto extravagante que les ha definido a lo largo de toda su carrera. El punto de partida es la desaparición de la estrella de la nueva película que se rueda en Hollywood. Ese Hollywood de los años 50. A pocas escenas para que el rodaje termine, el personaje que encarna George Clooney desparece y el jefe de la productora (Josh Brolin) se encuentra sin su máxima estrella y con la prensa husmeando. Esta es la trama principal pero no la única. Los hermanos Coen abordan otras pequeñas subtramas que sirven de inmersión en la época dorada Hollywood pero que hacen que el todo quede algo deslabazado, que la película sea una sucesión de escenas, algunas brillantes, eso si, pero que dejan al espectador con la sensación de que más bien ha visto el piloto de una serie de televisión y que los directores volverán a contarnos más sobre estos personajes. De todas estas escenas que rodean el escenario principal, el que mejor parado sale es Alden Ehrenreich. Practicamente un desconocido para el gran público, sus escenas son las que más carcajadas han sacado del respetable, sobre todo la que comparte con Ralph Fiennes, que da vida...

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