Fassbender, Shame y sus No Oscars
Ene24

Fassbender, Shame y sus No Oscars

Michael Fassbender, nominado este año por segunda vez a los grandes premios de la Academia, tiene una deuda pendiente con ellos desde el 2011, año en que Shame sufrió una de las muy -demasiado- persistentes meteduras de pata de los Oscar, habiendo ignorado una de las mejores actuaciones protagonistas de esa temporada.  Las nominaciones  llegaron (más)tarde, con 12 Años de Esclavitud, en el 2014 y con Steve Jobs (crítica Tviso aquí) más recientemente… y, aunque siendo ambas absolutamente merecidas, nos resistimos a dejar pasar una de las grandes injusticias que se produjeron a la hora de valorar un trabajo tan irreprochable como fue la construcción del personaje de Brandon Sullivan. Exigimos el reconocimiento de uno de los mejores actores del momento, recordando su mejor papel hasta la fecha: Crítica de Shame: Resulta paradójico que viviendo en la Era de la Comunicación, todas las enfermedades modernas, que afectan a un importante grueso de la sociedad actual, hagan referencia a problemas relacionados con la dificultad para entablar relaciones, la imposibilidad de transmitir sentimientos o la incapacidad de verbalizar las emociones más profundas. Algo así parece sucederle a Brandon, un joven neoyorkino que a pesar de disfrutar de una vida cómoda, vive sumido en un círculo obsesivo-enfermizo donde el placer sexual es utilizado para mitigar la angustia asfixiante de una soledad que llega a producir dolor físico. El protagonista es un alma rota, un ser humano abatido, parte de una sociedad enferma de vacío afectivo… es un desgarrador retrato de la desesperación de quien se mira en un espejo y sólo ve una imagen deformada, rota y hueca de sí mismo: Ésa es la vergüenza a la que el director hace referencia en el título de la obra. La segunda mitad de la cinta es un descenso a los infiernos, un viaje suicida cargado de crudas escenas de sexo donde se palpa el sufrimiento de un ser derrotado, consciente del círculo de autodestrucción en que se ha convertido su vida. La potente fotografía incide en los primeros planos, combinándolos con otras larguísimas secuencias que muestran una huida hacia delante tan peligrosa como frustrante. La dirección rebosa fuerza al contar una historia que empieza siendo sugerente y termina noqueando al espectador con un final punzante, intenso, sin filtros… donde Fassbender culmina a ese personaje que se descompone lentamente hasta tocar fondo, regalándonos una de las interpretaciones más sólida y poderosa...

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Spotlight: la fuerza del periodismo sin ataduras
Ene23

Spotlight: la fuerza del periodismo sin ataduras

Spotlight es una de esas películas en las que la importancia de su contenido o temática se sobreponen a las formas. Un poco al estilo de Costa-Gavras, uno de los cineastas por antonomasia del cine crítico, de denuncia social y política. La película, basada en hechos reales, nos plasma un periodismo comprometido por sacar a la luz la verdad, y sin ninguna atadura, ya sea ideológica, empresarial o estatal, para destapar los escándalos que azotan a nuestra sociedad. El verdadero periodismo independiente necesario, que por desgracia escasea cada vez más. En el 2006, Amy Berg realizó un documental, Líbranos del mal (Deliver Us From Evil), sobre los escándalos sexuales de la Iglesia Católica en Estados Unidos, descubriendo que la jerarquía de la Iglesia urdió un elaborado plan para enmascarar sus delitos y desacreditar a sus acusadores mientras trasladaban al padre O’Grady de parroquia en parroquia, y fue nominado al Oscar a mejor documental. Spotlight se centra en la misma temática, pero en forma de drama periodístico, siguiendo a un equipo de reporteros del Boston Globe, que destapó los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por los curas de Massachussets. Y de hecho, ganaron un Premio Pulitzer gracias a su enorme labor de investigación y cuantiosos reportajes. El reparto de actores que da vida a los personajes lo encabezan Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery y Stanley Tucci, y hay que decir que sus magníficas interpretaciones son uno de los puntos fuertes del film. Durante la película, sale a colación el tema de los centros de tratamiento de la Iglesia Católica, en los cuales dicha institución separa e interna temporalmente a algunos curas pederastras que han sido descubiertos, bajo supuesta baja médica normalmente. Por ello resulta imposible no recomendar visionar también, a modo complementario con la dura temática en cuestión, la última película de Pablo Larraín: El Club, una de las mejores películas del 2015, que se centra precisamente en uno de estos peculiares centros. Volviendo a Spotlight, cabe destacar por otro lado su preciso guión: una construcción de la historia de forma sencilla pero efectiva, que logra mantener en todo momento la intensidad. La historia está contada con una muy buena narrativa, llena de ritmo y suspense, y que logra que un tema duro pero importante como el que trata resulte absorbente. Hay una frase en la película de gran importancia, que quiero destacar: Si educar a un niño es un esfuerzo colectivo, abusar de él también lo es. La Iglesia Católica es una institución que maneja el tiempo en siglos, y que por desgracia, hoy en día sigue teniendo un enorme poder en muchos Estados, llegando a poder interferir incluso en los organismos estatales. Su poder de...

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Six Feet Under: oda a la vida a través de la muerte
Ene07

Six Feet Under: oda a la vida a través de la muerte

La televisión vive desde hace ya bastantes años su época dorada, y ello ha repercutido de forma positiva en el mundo de las series, surgiendo cada vez más y más, y además muchas de ellas de una excelente calidad cinematográfica. Pero entre tanta oferta actual de series, creo necesario reivindicar la que es a mi parecer la mejor serie que se ha hecho jamás: Six Feet Under (A dos metros bajo tierra, 2001-2005), que marcó un antes y un después en el mundo de la televisión, y de HBO.  Todavía recuerdo lo conmocionado que me quedé con el final de la serie cuando la finalicé hace ya algunos años, pero dejemos el final para el final -y sin spoils, tranquilos-. Empecemos por el opening de la serie. Hoy en día casi todas las buenas series intentan tener una intro memorable, pero Six Feet Under fue de las primeras en crear una verdadera obra de arte audiovisual, acompañada de la música del gran Thomas Newman (conocido sobre todo por sus bandas sonoras de American Beauty, Camino a la perdición o Cadena Perpetua, y que cuenta con 12 nominaciones a los Oscars).  Antes de proseguir, aquí el opening: HBO, tras el reciente éxito de Los Soprano, decidió apostar fuerte por la curiosa propuesta de Alan Ball (guionista de American Beauty), lo que terminó siendo un gran acierto, dado que Six Feet Under se convirtió en uno de los pilares y mayores éxitos de todos los tiempos de dicha cadena. En Six Feet Under, Alan Ball nos invita a conocer a fondo a los miembros de la peculiar familia Fisher, que vive en Los Ángeles y posee una empresa funeraria independiente, anexa a su propia vivienda familiar. La serie se inicia precisamente con la muerte del padre, quedando la familia bastante afectada, y pasando a hacerse cargo del negocio familiar uno de los hijos -un gay que todavía no ha salido del armario- interpretado magistralmente por Michael C. Hall (Dexter). La madre, Ruth -interpretada por Frances Conroy-, es una mujer bastante dominante, y a pesar de estar algo afectada y ser una persona a veces algo inestable, intenta mantener la familia a flote como puede. La hija, Claire -interpretada por Lauren Ambrose-, es una problemática adolescente que consume drogas y lidia con muchos de los problemas frecuentes a su edad. Y el otro hijo, Nate -interpretado por Peter Krause-, es aparentemente el más normal de la familia, pero su novia, Brenda -interpretada por Rachel Griffiths-, y la familia de ésta, están todavía más desequilibrados que su propia familia. En las primeras temporadas, los capítulos suelen empezar con la muerte -muchas de ellas de lo más peculiares- de la persona difunta de la que se hacen cargo en la funeraria. Y de forma paralela a estos velatorios de los que se ocupan, se van desarrollando las vidas...

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Star Wars VII: La cocina pseudo-italiana y Jota Jota (**1/2)
Dic27

Star Wars VII: La cocina pseudo-italiana y Jota Jota (**1/2)

Llegado un punto, yo ya estaba hasta las narices de El despertar de la fuerza bastante antes de ir a verla. Jamás planeé asistir el día del estreno, en parte porque los baños de multitudes rugientes y aplaudientes habrían mermado mi experiencia en vez de atraerme hacia ella, puesto que jamás he sido fan de la saga… y la parte conspiranoica de mí auguraba telediarios apresurados informando de un atentado terrorista que se lleva a cientos de frikis en un evento multitudinario en el Kinépolis de Madrid, a huevito para quienes quieren granjearse otro tipo de publicidad (poquita broma con esto). Total, que mi intención original era depositar mi papeleta el 20-D y luego marchar a mi centro comercial habitual a tomar parte de la experiencia con un baño menos salpicado de multitudes y más o menos a tiempo para esquivar los spoilers. En fin, pero ahí estaban previamente las simpáticas cabecitas temáticas que colmaban los rincones de la capital, otros productos llevando la marca Star Wars, un evento en la Plaza del Callao, diez millones de teaser-trailer-spot-avance-sneakpeek-cansinoides con imágenes exclusivas de la versión indonesia, una app de Spotify que te decía qué personaje de la saga eras según la forma de tu hez (o algo así), incluso filtros de Facebook que te ponían una espada láser en todo el jeto (yo diseñé mi versión particular)… Aunque me hubiera encerrado en una caja acorazada en mitad de un bosque perdido en el centro de una isla desconocida y hundida en el mar, la condenada publicidad de El despertar de la fuerza habría encontrado una manera de llegar hasta mí. Llegado un punto, yo ya estaba hasta las narices de El despertar de la fuerza antes de ir a verla. Pero, al fin y al cabo, fui a verla. Para alguien cuyo mundo no habría dejado de girar aunque George Lucas hubiera decidido meterse a monje, tanta parafernalia publicitaria para una película como esta es algo así como si me hubiesen acompañado cabalgatas, fanfarrias y comparsas para ir a comer al Domino’s Pizza. Puede que se sitúe en una galaxia muy, muy lejana, pero está muy, muy lejos de ser algo de otro mundo. Nuestro rancio favorito ya dijo que comprendía a aquellos fieles seguidores cuyos ojos se empañarían con cada fotograma, pero que no compartía su entusiasmo. Puedo suscribir su opinión. Dejemos que los verdaderos apasionados sean felices, pero yo simplemente he ido a pasármelo bien. A pesar del efecto negativo del hype sobre mí, desperté al chiquillo emocionado que aprisiono en mi interior cuando rompió la primera nota musical que acompañaba al archiconocido logotipo que se alejaba hacia...

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