Blind data, el peligro de ir a ciegas
Abr05

Blind data, el peligro de ir a ciegas

Cuando entramos en la cocina y queremos hacer un plato, primero de todo nos fijamos en los siguientes  ingredientes: Un chico, Bruce Willis. Una chica, Kim Basinger. Y alguien que incordia, John Larroquette. Después, nos centramos en la receta: Chico conoce a chica, se gustan, cuando todo parece ir de fábula alguien se entromete en la relación y empieza a ir mal, hasta tal punto que se ven obligados a separarse. El chico está a punto de entrar en la cárcel y el ex-novio de la chica ayuda al chico en el juicio a cambio de que la chica se case con él, pero al final pasan algunas cosas y los dos enamorados se juntan. Y colorín colorado, el cuento se ha acabado. Puede que el plato final no sea satisfactorio. Este es el argumento para cualquier película romántica. Si lo cocinamos nosotros, respetando la receta original puede que nos salga un melodrama, y el público tiene que gastar un montón de pañuelos para secarse las lágrimas de los ojos. También podemos cambiar parte de la receta y nos sale una tragedia; ahí puede que el público tenga las lágrimas más grandes… O buscar algunos chistes graciosillos y nos puede salir una comedia mala.   Pero si buscamos un gran chef como Blake Edwards, las cosas cambian para bien, o incluso, para mejor. Es entonces cuando se cocina un plato exquisito: Blind Data (Cita a ciegas). Todo empieza cuando un banquero, Walter Davis (Bruce Willis), tiene que cerrar un importante acuerdo comercial con un estricto y tradicional empresario japonés en una cena junto a su jefe. Por ese motivo pide a su hermano y su cuñada si conocen alguna chica, ella le da el contacto de su prima, Nadia Gates (Kim Basinger) que acaba de romper con su novio, David Bedford (John Larroquette), un abogado hijo de papá, y juez (William Daniels) que sigue acosándola. Su cuñada, Susie Davies (Stephanie Faracy) le aconseja que no le haga tomar alcohol a Nadia, pero Walter no le hace caso y a partir del primer sorbo de champán transformará su vida completamente. Ahí entra el genio de Blake Edwards, un gran director y especialista en comedias que ya rodó algunas muy conocidas como Breakfast at Tiffany’s (Desayuno con diamantes), The pink panther (La pantera rosa) o The party (El guateque), rodados en la década de los años sesenta. Su extensa carrera, con casi cuarenta largometrajes, incluye esta pieza rodada en 1987, teniendo bajo sus órdenes a dos actores que estaban empezando a despuntar en el mundo del cine. Es una película que recuerda un poco a las comedias del cine clásico, con humor y momentos para la carcajada. Como...

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The Bronze: El infierno son los otros
Oct30

The Bronze: El infierno son los otros

Hope Ann Greggory, joven (menos de lo que ella cree) adicta a la laca, deslenguada e irreverente. Eterna adolescente incapaz de asumir su existencia en minúsculas, de comprender que venir al mundo es inscribirse en el tiempo y aceptar sus normas antes de firmar el compromiso perpetuo, de procesar el fracaso con perspectiva constructiva o al menos con positivismo. Una mujer en constante desavenencia con su presente que malvive aferrada a sueños caducos, desconectada de su propia realidad y alejada de todo vínculo afectivo. Hope feliz en el autoengaño del derrotado. Especialista en huir a tiempos pasados, acaba sufriendo de futuro. Víctima temprana de las buenas intenciones y atenciones de un padre mal-educador se convierte inconsciente y automáticamente en verdugo de todo lo demás, cuando tras una lesión a una edad complicada para una gimnasta se ve obligada a poner fin a su prometedora carrera deportiva. La Hope odiosa y La Hope ingenua conviven en el retrato que The Bronze hace de la villana neurótica, antipática y compulsiva a la que da vida una convincente Melissa Rauch (The Big Bang Theory) que además co-escribe el guión. Una Hope intolerante y cínica, anclada a costumbres adolescentes, decidida a mantener su rutina habitual enfundada en un chandal hortera, obsoleto y escaso de talla, capaz de provocarse orgasmos con el angustioso video del accidente que la engalanó al mismo tiempo con la medalla de heroína nacional y la corona de reina de las arpías… Hope maldiciendo su suerte en el desayuno, en la comida y en la cena, empeñada en joderle la fiesta a todo Cristo y a todo Juan. Presenciando cómo el mundo la olvida lentamente. Aferrada a un fantasma, pero reclamando presencia. Hope buscando culpables a los que perdonar la vida, culpables a los que hacérsela insoportable y culpables a los que chantajear emocionalmente. Hope inflexible, irritante, irritable y frustrada, egocéntrica y autodestructiva; solitaria, insolente e intratable, pero también frágil y desamparada ante un destino que no está exento de cierta ironía porque a menudo los vencidos desconocen que lo están. Una Hope manipuladora que acaba reconociendo su sadismo, de la misma manera que la Inés imaginada por Sartre (también a él le acusaron de individualista, amoral y egoísta) en Huis Clos se supo maligna en el momento en que fue condenada a vivir eternamente bajo la inquisitiva mirada del otro. Ambas identifican al prójimo como su auténtico calvario -causante nefasto de esa sacudida que un mal día desplazó sus mundos- pero también como parte fundamental de sus correspondientes procesos de autorealización, tomando conciencia de que el ser humano precisa de un semejante para reconocerse a sí mismo ya que...

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The Voices: El extravagante destripador Dolittle
Feb13

The Voices: El extravagante destripador Dolittle

La realizadora y dibujante iraní Marjane Satrapi, autora de The Voices, era la última opción que hubiese barajado si me dicen que a estas alturas de la película aún me quedaba por descubrir un tesoro tan retorcido, creepy e inesperadamente festivo dentro del baúl de comedias que mezclan el humor negro con el nervio gore. Lo primero que cualquier adepto a la historietista de Persépolis y Pollo con Ciruelas percibe en su tercera película -tras las adaptaciones de sus propios cómics- es una mayor dosificación de la aflicción como leitmotiv argumental tanto en el dibujo de personajes que alimentan el relato como en la intención del mismo al revolver lo divertido con lo macabro. Aunque a priori pueda venirnos a la memoria la misma premisa argumental que en Maniac (1980, William Lustig), más que un remake al uso -como el de Alexandre Aja, hace un par de años- The Voices nace con la vocación de convertirse en una variación tomada a guasa de esa misma fórmula. La particularidad aflora cuando la complicidad con los crímenes cometidos por un introvertido destripador de mujeres se transfiere de unos maniquíes estáticos e inexpresivos a un gato y un perro que saben hablar y a los que presta su voz el propio Reynolds. Como en la cinta original de Lustig, las cabezas parlantes y decapitadas de las difuntas ex amantes de un demente actúan como la voz de su enajenada conciencia, empujándolo a matar, decapitar y acumular nuevos trofeos para su colección… Los puntos fuertes que revelan una vitalidad casi anárquica y el descontrol creativo de Satrapi como dibujante fluyen a través de los propios títulos de crédito, un par de guiños animados mezclados con imagen real y el maravilloso cierre final construidos con retazos de abundante humor negro y un curioso sentido del optimismo empleado paradójicamente para reírnos de la muerte. Marjane Satrapi no sólo no pierde su identidad al saltar al terreno hollywoodiense, sino que la embadurna de una paleta aún mayor de mala uva y agudez macabra mucho menos sutil que en sus anteriores trabajos. Aunque tampoco resultaría coherente comparar tres películas tan diferentes entre sí. No busques en The Voices (casi) nada de lo que te gustó en Persépolis y Pollo con Ciruelas. Simplemente sal a la calle y disfruta de la noche, descuartiza a alguien, destripa, corta cabezas… y no te olvides nunca de sonreír. ¡¡Sing a happy...

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The Hallelujah Trail, la desmitificación del oeste
Nov04

The Hallelujah Trail, la desmitificación del oeste

Durante muchos años he visto muchísimas películas, muchas ni la recuerdo, de todos los géneros posibles, algunas de muy aburridas hasta muy divertidas y otras muy interesantes por su temática. Uno de estos géneros es el western de orígen genuinamente americano, que con los directores como John Ford, John Huston o Howards Hawks, dieron obras maestras, no solo al género, sinó a todo el cine, solo con mencionar ‘Centauros del desierto’ estamos hablando la que se considera la mejor película de la història. Otro gran director que ha dado al género grandes título es John Sturges. Destacaremos de su filmografia grandes títulos como ‘Duelo de titanes’, soberbia, y ‘Los siete magníficos’, icona del género por su banda sonora, compuesta por Elmer Bernstein, uno de los grandes compositores de bandas sonoras para cine, que ha puesto música a ‘Millie, una chica moderna’, con lo que obtuvo el premio de la Academia, o ‘Los diez mandamientos’.  Todos sabemos que el western es un género muy bién definido. Es el drama de personas que intentan sobrevivir en un lugar muy hostil, y que solo los más fuertes sobreviven, y siempre hay disputas que acaban en enfrentamientos sangrientos. Y si entramos en los tópicos del género y típicos, vemos indios, vaqueros, revolvers colt, rifles winchester, los duelos cara a cara, el sheriff enfrentándose solo ante el peligro, assaltadores de diligencias, de bancos, de trenes… etc. En muchas de estas hay humor, solo ver las de John Ford, uno se da cuenta, pero que realzan el dramatismo de la situación, como es el caso de ‘El sargento negro’, que buenas dosis del humor característico del cineasta. Y pocas se nos presentan en forma de comedia Y es John Sturges nos brinda otra obra suya con otra óptica dentro del western: en plan comedia. Poniendo patas arriba todo el oeste con esta película, donde el Coronel Thaddeus Gearhart (Burt Lancaster), al frente de un valiente grupo de soldados de caballeria, secundado por el Capitán Paul Slater (Jim Hutton) y el sargento Buell (John Anderson), intenta no perder la cabeza por culpa de los indios guiados por el borracho jefe 5 Barriles (Robert J. Wilke) y su guia Hombre que camina con la espalda curvada (Martin Landau), de las mujeres de la Liga de la Temperanza encabezadas por una combativa Cora Massingale (Lee Remick) y de Louise Gearhart, la hija del Coronel (Pamela Tiffin), de los sedientos milicianos de Denver con el Oráculo Jones (Donald Pleasence) al frente, de Frank Wallingham (Brian Keith), jefe del convoy de carros llenos de barriles de whisky y champagne que a su vez tiene problemas con un imigrante irlandés, Kevin...

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Moonwalkers: una comedia de acción delirante
Oct19

Moonwalkers: una comedia de acción delirante

Moonwalkers fue para mi una de las grandes sorpresas de la 48ª edición del Festival de Sitges, y quizás el film con el que mejor me lo pasé. Dirigida por el prestigioso publicista Antoine Bardou-Jacquet, y producida por Michel Gondry, la película parte de la siguiente premisa: ¿Y si el Apollo 11 nunca hubiese llegado a la luna? ¿Y si fue en realidad Kubrick quien rodó en secreto la llegada del hombre a la luna en un estudio? En el Londres de los años sesenta, un agente de la CIA intentará sin éxito encontrar a Kubrick; en cambio, tras ser engañado se juntará a la fuerza con un penoso mánager musical. Moonwalkers es una comedia de acción delirante y desenfrenada, que nos transporta de vuelta a la época hippie. Los fabulosos y originales créditos iniciales con ese toque psicodélico te dan ya una idea de lo que vas a ver: un buen viaje a través de los efectos de la droga -en su sentido más positivo y cómico-. El reparto está liderado por Robert Sheehan, Rupert Grint, y un magnífico Ron Perlman (a.k.a. Hellboy). La película combina peleas y estupidez, creando situaciones donde dos personajes muy opuestos tienen que unir sus fuerzas para lograr un objetivo en común, llevándoles a conflictos muy disparatados. Ver a un rígido agente de la CIA rodeado de hippies tiene ya de por si un gran potencial cómico, y han sabido sacarle además buenos resultados. Repleta de personajes estúpidos como en El Gran Lebowski, y dosis de acción a lo Snatch, Moonwalkers es una película cómica de acción, con sexo, drogas… y sobre todo: ¡muchas risas! Además de las cuantiosas carcajadas que regala el buen guión, el film también ofrece momentos muy interesantes a nivel visual. El vestuario y ambientación de la época están bien logrados. Y lo más importante de todo es que se trata de una película, que no pretende tomarse en serio a sí misma en ningún momento. Hacía mucho tiempo que no lloraba de la risa, y Moonwalkers lo logró. Carcajadas aseguradas. Moonwalkers Estreno: 2015 5 Género: Comedy What if Apollo 11 never actually made it? What if, in reality, Stanley Kubrick secretly shot the famous images of the moon landing in a studio, working for the US administration? This is the premise of a totally plausible conspiracy theory that takes Leer...

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La vida de Brian: la visión del mundo de los Monty Python
Ago13

La vida de Brian: la visión del mundo de los Monty Python

Es realmente una de las mejores comedias del cine de todos los tiempos y una de las mejores de este sexteto formado por los británicos Graham Chapman, Michael Palin, John Cleese, Eric Idle y Terry Jones y por el estadounidense Terry Gilliam. Es la parodia de la Judea ocupada por los romanos a principios del siglo I, pero también una feroz crítica al mundo actual. Ver por ejemplo como los tres reyes magos entran en el establo donde está Brian por error ya te están anunciando por dónde irán los tiros. Se trata de un momento en la vida de un hombre llamado Brian, contemporáneo de Jesucristo, hijo bastardo de un romano y de una judía, que parece en sus carnes su propia versión de la pasión en manos de su madre (magistral Terry Jones), de una feminista revolucionaria y del mismo Poncio Pilato, que tiene un defecto de habla, y a consecuencia de unos equívocos momentos, de estar en el lugar donde no debe estar. Esos errores le llevan hasta la misma crucifixión. Es difícil destacar una escena de todas. Cada una tiene la visión particular del grupo, con su humor y la reducción hasta el absurdo. Por ejemplo en la escena antes de la lapidación se ve como un vendedor ofrece barbas a una señora que carga con un burro para la lapidación, ella responde que no puede porqué su asno está malo. Y en la misma lapidación, el público está compuesto por señoras que llevan barbas postizas y enloquecidas, lanzan los más grandes pedruscos al condenado. Pero una de las escenas que más me gustan es en el momento que Brian intenta de huir de una patrulla romana. Se esconde en el local del grupo Frente Popular de Judea, en un balcón poco seguro y acaba cayendo encima de un orador. Para disimular se hace pasar por orador. Y lo poco que dice, incluso discutiendo con el poco público que le presta atención, consigue captar su atención. Intenta huir de esta gente perdiendo una sandalia. Los nuevos adeptos a su “fe” creen que es una señal y empiezan a perseguirle, también pierde la calabaza. Entonces discuten qué significa todo aquello; una buena metáfora de la creación de una nueva religión y de sus sectas, la de la sandalia, con sus matices, y la de la calabaza. Otro momento memorable es cuando Brian se encuentra por primera vez con Poncio Pilato que le confesa que es hijo de romano. Preguntado al respeto, Brian dice que su padre se llama Murrius Máximus, haciendo estallar al centurión de risa por considerar que es un nombre de broma como Pijus Magníficus. El gobernador molesto...

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Para lo que hacemos en las sombras, hagamos una serie (***)
Jun29

Para lo que hacemos en las sombras, hagamos una serie (***)

Es el año 2014 y estás hasta el gorro de tantas parodias de terror, o de tanto terror que deviene parodia. En concreto, el tema de los vampiros te tiene especialmente quemado. ¡Son como la arena, están por todas partes! ¡Son unos pesados! ¡Ni siquiera el creador de American Horror Story quiso tener nada que ver con vampiros! Y no solamente eso. ¿Qué piensas cuando oyes “falso documental“? Yo pienso: “¿otra vez?”. Esto, unido a la tendencia del “metraje encontrado” (El proyecto de la bruja de Blair, Paranormal Activity... cada año hay mínimo una de estas), es la mayoría de las veces el típico recurso de la pereza cinematográfica (más efectivo en comedias que en otra cosa). Así que, en el año 2014 (o 2015 si vives en España), ¿por qué tendría yo que ver un falso documental acerca de vampiros si son dos cosas que me tienen frito? Pues te lo diré yo: porque está para desnucarse de la risa. Al principio de Lo que hacemos en las sombras, suena el despertador y un saltarín chupasangre llamado Viago se levanta con ilusión de su ataúd para empezar la noche neozelandesa. Es el encargado de despertar a sus compañeros de piso: un ex-vampiro nazi irresponsable llamado Deacon, un vanidoso monstruo sexual llamado Vladislav y un anciano y terrible nosferatu llamado Petyr (y una mención para el único humano de toda la película que sale mínimamente beneficiado, el entrañable informático Stu). En una época en la que recién hemos pasado la resaca de atolondradas adolescentes que soñaban con que un señor pálido les abordara por las noches para reventarles la yugular y transformarlas en criaturas de la noche, hace falta mucho coraje, mucha inteligencia y mucha gracia innata para hacer que una comedia así no solamente funcione, sino que cuaje. Primero que nada, se necesita una profunda autoconsciencia. Los directores Taika Waititi y Jemaine Clement saben en qué terreno están jugando, saben que les ha tocado vivir en un mundo en el que Crepúsculo se ha convertido en un triste referente cultural en la materia de los no muertos, que los únicos que recuerdan a Murnau son los estudiosos del cine, que no quedan demasiados enfoques desde los que tratar este tema. Teniendo todo esto en cuenta, les ha salido algo relativamente notable: los amos de la noche son unos divertidos inadaptados, ponen todos sus poderes al servicio de la hilaridad, la sangre brota a chorros (¿adónde iríamos sin ella?) y, a medida que avanza el metraje, del seguimiento de la vida diaria de estos personajes, pasamos a un estadio todavía más falseado y todavía más divertido. Te vas olvidando de...

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Nuestro último verano en Escocia
Jun10

Nuestro último verano en Escocia

Para los que no lo sepan, es una película de BBC Films. Acaba de llegar a España, pero se estrenó en el extranjero ya el pasado septiembre. Y aunque le ha costado aterrizar en nuestro país, esta película ha llegado prometiendo traernos un poco de humor al más puro estilo Pequeña Miss Sunshine. Y efectivamente lo ha logrado. Nos encontramos ante una historia divertida, fresca, de trama casi surrealista por la situación que plantea. No se limita a hacer reír. Contiene un emotivo mensaje que, cómo no, en algunos momentos se vuelve demasiado pasteloso o predecible, algo que viene siendo habitual en este tipo de largometrajes. Pero esto se ve compensado sin muchos problemas por el resto del guion y la historia como tal, dando lugar a una tierna película plagada de golpes de humor y que sabe apreciar el valor de la familia, de la sinceridad, y de la inocencia. Cosas que viene bien revisar hoy en día.     La historia empieza con una mentira. La preparación de una mentira, de hecho, y como matizaría Lottie (Emilia Jones), una de las niñas protagonistas, en realidad es OTRA más para la libreta… Va a ser el último cumpleaños de Gordie (Billy Connolly), abuelo, enfermo de cáncer, y a punto de celebrar con su familia una enorme fiesta de despedida. Los organizadores son sus hijos, Gavin (Ben Miller) y Doug (David Tennant). Para no dar ningún disgusto a Gordie, Doug decide falsear su situación familiar y llevar a toda su familia a su Escocia natal para el cumpleaños. La cuestión es que él y su mujer Abi (Rosamund Pike) llevan ya un tiempo separados tras una infidelidad del escocés… No acabaron en buenos términos, pero a pesar de las disputas, la ex-pareja y sus tres hijos cogen el coche para viajar hasta las Tierras Altas. Este viaje será el prólogo de la verdadera historia. En el viaje por carretera se nos presentan los miembros de la pintoresa familia, y la conclusión se saca rápido: la van a liar. Esos niños la van a liar. Por un lado está Mickey (Bobby Smalldridge), aficionado a la mitología nórdica y a los vikingos (¡Oh, todopoderoso Odín!), y por otro su hermana mayor, la antes mencionada Lottie, prototipo de hija lista y más sensata que sus padres, que vive resignada su situación. La tercera es la pequeña Jess (Harriet Turnbull), una niña con espíritu cleptómano (¿y las llaves?) y piedras con nombre como amigas.     En Pequeña Miss Sunshine, el viaje como tal se convierte en la parte fundamental y principal del desarrollo de la película. En este caso no, y ahí reside la gran diferencia. La cosa mejora en cuanto la...

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De perdidos al norte (*)
Mar22

De perdidos al norte (*)

— ¿Te gustó Perdiendo el norte? — Sí, mucho. No está nada mal para ser la cuarta película que he visto en mi vida. — Todo encaja. (conversación ficticia) El ser humano es extraordinario por el simple hecho no solamente de tropezarse dos veces con la misma piedra, sino de hacerlo diez, veinte, trescientas, restregarse contra la piedra, enamorarse de la piedra y casarse con ella. Los españoles somos campeones en esto (en el aspecto político sobre todo, pero esa bilis es para soltarla en otro pantano) y es curioso que tenga que venir una comedia así de afable para satirizarlo y, especialmente, frivolizarlo. Pero como esto es una crítica de cine y lejos está de ser un comentario social, a lo que me refiero con esta reflexión de apertura es a nuestra impepinable e irónica tendencia a volver a consumir exactamente lo mismo, incluso cuando estamos hasta las narices de repetirnos a nosotros mismos que nos parece malo y nos parece estúpido. Que a fecha del año 2015 después de Cristo todavía nos siga haciendo gracia el chiste del perro Mistetas (metáfora de esta película que he sacado de aquí), dice mucho, pero que mucho del amor idiota que le tenemos a esa piedra de marras. ¿De qué va Perdiendo el norte? No me digan que va de un tema de rabiosa actualidad, de la fuga de cerebros, de la lamentable y vergonzosa situación que están pasando los brillantes estudiantes de la “generación más preparada de la historia” que se ve obligada a salir por patas de un país que les ha prometido mucho y les ha devuelto una patada en las posaderas, un escupitajo en la cara y muchas gracias. No, amigo, esa es la excusa. ¿Cómo si no iban a colarnos el modelo guionístico de comedia romántica y de enredo más repetido, genérico, perezoso y conformista de la historia del cine? Enumerar la cantidad de clichés, de lugares comunes y de chistes sin gracia (que son, aproximadamente, el 100% de ellos), que ni siquiera se han molestado en disimular, es un esfuerzo en el que no estoy dispuesto a gastar mis energías. Yon González y Julián López son dos chavales preparadísimos que, por ver a Arturo Valls en la tele, tienen la maravillosa idea de irse a triunfar a Alemania después de que en España sus sueños y aspiraciones se hayan ido al garete. Nada más llegar, Yon se chocará con la hermosa Blanca Suárez (¿qué pasará?) y, al ver que el país germano no albergaba el éxito que él esperaba, tendrá que aprovechar la distancia para engañar a sus padres y hacerles creer que sí ha hecho...

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