Under the Skin: Entrar
Abr03

Under the Skin: Entrar

Cuando se trata de una película controvertida, de esas que dicen que «las amas o las odias», lo más sufrido es que sólo te parezca buena, porque cuando los que la adoran se enfrentan a los que no la aguantan, eres tú el que se encuentra en medio. ¿Eres de los míos o de los de ellos? Te preguntan. Soy de ambos, me parece interesante. Tú no eres de ambos, eres de ninguno. Creo que ese será mi futuro, pues la polémica Under the Skin no consigue llegar al punto de fascinarme, ni tampoco se acerca a repelerme. El arriesgado proyecto de Jonathan Glazer tiene, en mi opinión, casi tantas virtudes como defectos. Entre las primeras destaca el tono sombrío que se imprime en toda la película y, sobre todo, el inteligente punto de partida escogido. Pero termino el visionado con la sensación de que el cómo está en esta ocasión algo por debajo del qué. Glazer no consigue atraparme con la historia que adapta, su meditada frialdad me mantiene alejado y siento que la película funciona a trompicones, alternando algunas escenas maravillosas con otras algo insulsas o repetitivas. Así, destaco momentos como el del «descubrimiento del amor», el amargo desenlace y, especialmente, la escena del espejo, magnética y bellísima a partes iguales. En definitiva, es Under the Skin una película interesante, cargada de simbolismo y narrada con inteligencia. Es valiente y formalmente fascinante, pero noto que algo en ella no termina de funcionar y tras la pequeña decepción me preparo para el chaparrón que se avecina por parte de amantes y detractores y me pregunto si, tal vez en un segundo visionado, seré capaz de entrar en ella, si conseguirá atraparme del todo y podré disfrutarla más. Desde dentro, under the skin. Under the Skin Estreno: 2012 6.1 Género: Sci-Fi Unos alienígenas aterrizan en la Tierra para llevar a cabo una misión específica: abducir a los autoestopistas y transportarlos a su mundo, donde la carne humana es considerada una delicatesen. Para ello cuentan con la colaboración de una infiltr Leer...

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I Origins: el reflejo del alma
Feb19

I Origins: el reflejo del alma

“-When I saw you, I had the feeling I had known you – like we are connected from past lives. -I don’t believe in that. -What do you believe in? -I’m a scientist. I believe in proof.”   Mike Cahill, guionista y director de cine estadounidense, debutó en el año 2011 con el filme Another Earth, un drama independiente de tintes fantásticos. Ahora, llega a los cines I Origins (2014), su segunda película, que le confirma como uno de los autores más interesantes de la nueva era del Low-Fi Sci-Fi. Una de las tendencias de este nuevo cine, abanderado por títulos como Primer (2004), Moon (2009) o Monsters (2010), es utilizar la ciencia-ficción como excusa para narrar una historia compleja en las que el elemento irreal no es el protagonista, si no el pretexto para ahondar en los abismos de la condición humana. En este relato, Ian Gray (Michael Pitt) es un científico especializado en la evolución del ojo humano, que persigue con su investigación desacreditar la teoría creacionista. Ian es un joven especialmente alérgico a los temas místicos, cuya vida gira entorno a su trabajosa investigación. Nada que no pueda verse alterado por un buen par de iris, los de Sofi (Astrid Berges-Frisbey), una espiritual chica de la que se enamora perdidamente. Años después, un asombroso descubrimiento pondrá en duda todo lo que Ian creía saber.     El largometraje está compuesto por dos partes bien diferenciadas. La primera división abraza un discurso mucho más romántico, donde a través de Sofi conocemos la parte más humana de nuestro protagonista. En este tramo inicial Cahill nos asombra, como ya nos pasó en su ópera prima, con unos personajes y unas interpretaciones de gran enganche emocional. Sofi, pensemos en la primera vez que la vemos, vestida de negro y con tan sólo los ojos al descubierto. Esto, que sucede como un obstáculo para el protagonista, nos dice mucho de ella, que se revela como una alma que no sólo necesita de poco para enamorar a Ian, si no que tampoco requiere de grandes diálogos para seducir al espectador. Un giro de guión, algo previsible para los más perspicaces, da paso a la segunda parte de la cinta. Es en este momento cuando se plantea un discurso mucho más ambicioso, ya que el film no sólo invita a la reflexión si no que insiste en darnos respuestas. Y no le sale del todo bien la jugada, puesto que la película camina desde ese preciso momento por la siempre desdibujada frontera que separa lo auténtico de lo pomposo, pero sin caer claramente en un lado u otro. No obstante, los elementos en juego...

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Cincuenta reflexiones bajo la sombra de Grey
Feb18

Cincuenta reflexiones bajo la sombra de Grey

Cuidado Greyliebers, spoilers everywhere 1.- Viernes 13 de Febrero. La operación ”Sombras” da comienzo con un escueto whatsapp que dice “A las doce en el cine que nos quedamos sin entradas” 2.- Sábado 00.15. Llego corriendo (literalmente, que ya habrá tiempo para metáforas) a la cola (ídem) de la taquilla y mis cuatro secuaces me lanzan una mirada de odio, a la que respondo con una sonrisa sumisa. Que no se diga que no hemos estudiado. 3.- “¿Cuántas?” pregunta el… taquillero (?). Cinco, respondemos al unísino tres de nosotras, mientras las dos restantes rematan la rima. Empiezo a ser consciente de lo humillante que va a ser la noche. 4.- Pasamos a la sala y buscamos nuestras butacas mientras repito una y otra vez “yo en el extremo, no”, “yo en el extremo, no”, “yo en el estrEMO, NO”. Me toca en el extremo porque mis amigas, además de inmaduras, son sordas. 5.- Me quito las dos chaquetas, la bufanda, los guantes, el gorro, el bolso y las orejeras. Descubro que no tengo donde dejar semejante montaña de ropa y me lo vuelvo a poner todo menos las orejeras. Error. 6.- Miro a mi derecha y descubro a la Vero escribiéndose con su novio. Desvío la mirada por educación y me encuentro con la de mi vecino de la izquierda, que acompaña a su chica. Siento una repentina empatía y se lo demuestro con una amable sonrisa, porque un abrazo habría resultado excesivo. 7.- Abro el bolso para desconectar el teléfono pero me entretengo respondiendo mensajes. Le digo a mi hermano que estoy en la cama, que me encuentro mal. Puestos a dar lástima, que sea por un motivo noble. Saco los chicles. 8.- Ofrezco uno a mi amiga, que coge el estuche y lo va pasando entre las demás. Vuelve vacío. 9.- Apagan las luces y la gente aplaude. Yo no, que conste. 10.- Aparece Dornan y la gente aplaude. Yo ahora sí, pero poco. 11.- Aparece Anastasia y se hace el silencio. Al fin. Gracias, Dakota. 12.- Empezamos: El señor Grey recibe a Ana, que en un alarde de sencillez ha decidido acudir a la entrevista mal peinada, mal vestida y descoordinada. Se pega una hostia de puta madre nada más cruzar la puerta. La gente aplaude. 13.- En tres minutos de conversación la protagonista ha puesto los ojos en blanco, ha fruncido el ceño y se ha mordido el labio varias veces. La adaptación de la novela es excelente. 14.- Christian coquetea a lo Bertín Osborne. Ella suspira, susurra y gime. Sale a la calle y gracias a dios que está lloviendo, porque está la pobre que autocombustiona en cualquier momento. 15.- Kate es el tipo de persona que cuando le preguntas si quiere un...

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Nightcrawler: Un mundo implacable
Feb18

Nightcrawler: Un mundo implacable

La película del primerizo Dan Gilroy se levanta sobre dos sólidos pilares: Un ritmo trepidante y una despiadada crítica tanto a los medios de comunicación como al morbo que mueve a la sociedad a devorar las noticias de sucesos turbios. Todo esto de la mano de la impresionante interpretación de un Jake Gyllenhaal de aspecto inquietante, la fantástica música de Newton Howard y una potente fotografía oscurista que retrata la cara más sórdida de la noche de Los Ángeles. No son pocos los que se han aventurado a realizar comparaciones entre «Nightcrawler» y otras películas, ya sea en cuanto a la temática como en cuanto a la forma, y es que es inevitable recordar la demoledora crítica al morbo televisivo de «Network» o el desequilibrado personaje, obsesionado por la fama y la notoriedad y capaz de hacer cualquier cosa para alcanzarla que interpretaba Robert De Niro en «El rey de la comedia», así como las escenas nocturnas de Los Ángeles recuerdan en cierta medida a otra película de Scorsese, «Al límite», solo que las sirenas de ambulancia y policía en este caso retumbaban en las calles de Nueva York. Pese a sus reminiscencias y pese a compartir a ratos forma y a ratos sentido crítico con obras anteriores, «Nightcrawler» es una película que ni depende ni hereda descaradamente de nadie. Escoge un original punto de partida y progresivamente va subiendo de nivel e incrementando el tono, que cada vez se torna más oscuro y enfermizo. Para ello se vale de un efectismo que resta credibilidad tanto a lo que ocurre como a la evolución del protagonista, y uno se pregunta si la película no podía llegar al mismo punto sin necesidad de forzar más de lo normal algunas situaciones. Apuesto a que sí, pero soy de aquellos que no se molestan por lo forzado y poco creíble mientras este efectismo sirva a un fin coherente, y en este caso lo hace: el vertiginoso ritmo conseguido con un montaje rápido y fluido, una música perfectamente utilizada y un gran manejo del suspense, unido a la inestimable labor de Gyllenhaal consiguen tapar estas carencias –aunque no una cierta repetitividad que le achaco– y consiguen el resultado que supongo esperado: Una crítica brutal como trasfondo en un thriller enfermizo y perturbador, una experiencia de las que dejan huella, ya sea grande o pequeña. Nightcrawler Estreno: 2014 7.8 Género: Crime A young man stumbles upon the underground world of L.A. freelance crime journalism. Leer...

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Birdman: Truth or Dare?
Ene14

Birdman: Truth or Dare?

A una gran película le pido que tenga fuerza, que arremeta con empuje desde el primer minuto, que me agarre con ímpetu y no me suelte. Que me envuelva y me sacuda, que me atrape en sus entrañas y no me haga pensar en otra cosa. Ha de ser magnética, ha de ser vibrante, ha de ser intensa, sea cual sea su género o estilo cuando veo una gran película vivo en ella, no hay fuera nada más que pueda interesarme. Birdman es un huracán. Su falso plano secuencia no es más que un detalle, una excusa –de una complejidad técnica apabullante– para una narración sin descansos, sin puntos muertos. Su ritmo es perfecto, nada se alarga más de lo que debe durar, nada es demasiado corto. Es un torbellino medido al detalle, cuidado con mimo. El viaje aéreo será placentero, no hay arritmia, no será un vuelo brusco, aquí no hay turbulencias. Y pese a su inmejorable apartado técnico –maravillosa la fotografía de Lubezki una vez más– e interpretativo –inmenso Michael Keaton que se come la pantalla, fantásticos todos y cada uno de los secundarios–, la valentía de su forma y su equilibradísimo –pese a lo frenético– ritmo, es su agridulce relato el que la coloca, a juicio del que escribe, como una de las mejores películas de los últimos años. Cada momento particular que captura esa cámara que recorre los laberínticos pasillos del teatro sin detenerse es una pieza única e imprescindible. Hay algo que no le pido nunca a una gran película, porque no todas son igual de capaces de ofrecérmelo, y es que consiga emocionarme. Una gran película puede serlo si con la fuerza suficiente me agita hasta la fascinación. Birdman es una gran película pero, además, está tocada con el don del encanto. Ese don con el que parece estar tocado todo el cine de Wilder, y el de Lubitsch, y el de Frank Capra, entre otros. Y cuando algo así ocurre es difícil resistirse y no conectar de alguna forma con esa chica que se sienta al borde de la azotea esperando que algo cambie, el padre que se resiste a considerarse fracasado pese a que lo que nace de sus manos no es sino una pequeña versión de sí mismo, un pequeño fracaso, o ese actor que sólo actúa cuando está fuera del escenario y que, si pudiera, miraría al mundo con los ojos con los que lo hacía antaño. Cada pequeño carácter está lleno de vida. En definitiva, el espectáculo visual es asombroso, el atrevimiento formal es admirable, su constante homenaje al cine –a veces con citas visuales y narrativas directas–...

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Perdida: Una nueva y vibrante lección
Ene08

Perdida: Una nueva y vibrante lección

La única palabra que he leído sobre Perdida antes de su visionado, y que parece ser la clave de buena parte del revuelo que hubo en torno a ella, es “telefilm”, o más bien “TELEFILM”, en letras gigantes. “David Fincher ha dirigido un telefilm”, “Perdida es un telefilm”, “Ha sido como ver una película de domingo por la tarde de Antena 3″… y a uno que sortea toda la información posible sobre Perdida para mantener el misterio y que venera el talento de David Fincher para contar historias (sean éstas mejores o peores) empieza a sentir cómo le tiemblan las piernas. ¿Tanto ha cambiado el cine de David que ahora hace telefilms? ¿Es que se ha ido para siempre aquel artesano del thriller que construía atmósferas inquietantes como nadie, que manejaba el suspense con pericia y que equilibraba sus trabajos como pocos en Hollywood lo hacen? Ni muchísimo menos. Perdida trata de algo así como un secuestro, y entiendo que ese es el motivo que empuja a más de un espectador a decir que se trata de un telefilm, porque no encuentro nada más en su forma que me remita a ese formato. David Fincher ni se ha ido ni ha cambiado, detrás de Perdida maneja los hilos el mismo artesano brillante que elevaba el thriller a su nivel más alto con Zodiac o Seven. La atmósfera y el uso del montaje y el sonido son marca de la casa. El punto fuerte de Perdida radica en su experimentado director, que convierte la película en una nueva lección de buen cine de grandes salas: Thriller inquietante 101, pasen y tomen asiento, dejen que Fincher haga lo que mejor sabe. Y, sin embargo, en su mayor cualidad se encuentra su mayor defecto, y es que Fincher lleva toda una vida dando lecciones. Se sube a la tarima y explica el thriller como nadie. Su clase es algo fascinante, te atrapa en su universo y normalmente quieres volver a asistir, pero un día le observas y te preguntas si ese fantástico profesor no podría estar haciendo algo más grande lejos de esas cuatro paredes. Fincher en Perdida carece de ambición y esta carencia empuja a la película a una falta de fuerza. El artesano adapta una novela con su estilo, el mejor del mercado, pero su obra no va más allá, no me deja huella en ningún lugar, y el espectador, que en este caso soy yo, abandona la clase con la sensación de haber asistido a una fantástica explicación y con los nervios a flor de piel. Ha sido entretenido y frenético, lo ha pasado bien. Y al cabo del...

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