Premios Oscar 2015: El mejor año para la gala más anodina
Feb23

Premios Oscar 2015: El mejor año para la gala más anodina

Pues aquí estamos otra vez. ¿Vosotros os imagináis que vais a ver el espectáculo de fuegos artificiales de un reputado maestro pirotécnico, pero que todos los grandes cohetes se lanzan en los primeros cinco minutos? Algo similar es lo que ocurrió anoche. Con sus altos y sus bajos, la 87ª gala de los Premios Óscar de la Academia dejó un poso muy insuficiente y una proporción ínfima de momentos para el recuerdo respecto a la duración total (prácticamente cuatro horas, como nuestros queridos y casolanos Goyas de hace un par de semanas, sólo que incluyendo también la publicidad). El mayor espectáculo se situó al comienzo: el suntuoso número musical Moving Pictures hacía boca y abría con una puesta en escena fabulosa. Como mucho, podemos tener la certeza de que la mayoría de grandes películas norteamericanas comerciales del año han sido reconocidas y laureadas y que, en lo que a las entregas se refiere, pocas sorpresas nos hemos llevado… lo cual, en este caso, sí parece suficiente (nótese que personalmente he sido del Team Birdman, así que en ese sentido me he ido generalmente contento). Empecemos por el presentador. Neil Patrick Harris es un tipo gracioso. A casi todo el mundo le cae bien (incluso a los que pasamos de reírle todas las gracias al Barney Stinson de Cómo conocí a vuestra madre al punto de sentir exactamente lo opuesto respecto a la serie y al personaje). Algo debí haberme perdido escuchando a los traductores del Canal+, algo se habría lost in translation, pero no escuché casi ningún chiste de su boca, en comparación a lo esperable o a, por tener un referente inmediato, su antecesora de difícil superación: una Ellen DeGeneres que hizo historia, entre otras cosas, con el selfie más célebre de todos. En cambio, este año el guión ni siquiera le dio pie a NPH para lucirse: le dio una urna donde guardaba sus “predicciones” en cuanto a lo que iba a pasar en la gala (una suerte de running gag que me la trajo bastante al pairo) y se parodió tanto a Birdman como a Whiplash en un breve pero intenso “famoso plano secuencia de Neilman“. Por otra parte, y respecto a esto último, creo que se le vio más a Iñárritu (el director de la gran ganadora) que al propio presentador encima del escenario, casi sin exagerar. Aunque fuera una de las galas más aburridas y tratadas de pasada que he visto (que, aunque no vaya en mi favor, tampoco han sido demasiadas), no significa que no hayamos podido presenciar algunas perlitas: Everything is Awesome es una canción que puede gustar más, menos o mucho menos (a mí me parece un bodrio, aunque al pelo para la divertida Lego Película), pero la fiesta de color y absurdez que rompió el escenario del teatro fue, por lo menos, digna de mención (y...

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Oscars 2015: análisis, pronósticos y opiniones
Feb11

Oscars 2015: análisis, pronósticos y opiniones

A menos de dos semanas de que el estupendo Barney Stinson nos acoja  en el Dolby Theatre de Los Ángeles, hacemos balance de cómo ha sido la trayectoria de las principales nominadas, examinamos sus fatigosas campañas promocionales y nos aventuramos a predecir quiénes correrán mejor o peor suerte la noche del 22 de Febrero. La que prometía ser una pugna tranquila, casi previsible,  ha dado un vuelco en los últimos días. Boyhood, que aparecía como absoluta favorita desde su presentación (lleva cosechados 20 premios a mejor película y 27 en la categoría de mejor director) ha sufrido un retroceso en favor de la Birdman de Iñárritu, una vez se han entregado los DGA (Directors Guild of America).  El sindicato de directores de EEUU ha devuelto la incertidumbre a un galardón que ya parecía llevar grabado el nombre de Linklater -después del fracaso del mexicano entre los premios de la crítica- no en vano en los últimos 20 años sólo una de las películas premiadas por ellos (Apolo 13) se fue sin la estatuilla. Los que sí parecen quedarse sin opciones, sin embargo, son Wes Anderson, Bennett Miller y Morten Tyldum. De los tres cineastas, sólo el último ha sido reconocido este año por los Hollywood Film Awards a título personal. Los cuatro triunfos de El Gran Hotel Budapest en  los Globos de Oro y en algunas ceremonias de asociaciones de críticos, tampoco parecen augurarle un futuro más prometedor en la categoría de mejor película del año. Así las cosas, ahora mismo la incógnita parece estar en si los académicos se inclinarán por la corrosiva estampa del Hollywood más decadente que Birdman fotografía tan prodigiosamente, o si serán fieles a la tradicional línea conservadora de su discurso, premiando una opción de un calado emocional mucho más profundo y de la que cabe destacar un reparto totalmente entregado.  Muy mal se le tendría que dar la noche a  Patricia Arquette  para que no acabe subiendo a recoger su merecidísimo Oscar. Igual de clara -si no más- parece la distinción de los académicos a Julianne Moore, que huele más a homenaje en conjunto de su carrera que a exultante premio por un personaje puntual…  el de esta película en particular, que no ha gustado demasiado en ningún ámbito: ni la crítica, ni el público, ni los profesionales del medio le han brindado demasiado apoyo.  De los nombres que acompañan esta nominación, sólo Rosamund Pike podría medirse con ella (es la actriz más galardonada por la crítica) en caso de que el jurado decida que Still Alice no está a la altura. Reese Witherspoon y Felicity Jones están en evidente desventaja. El caso...

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El «hype», en tres capítulos
Ene27

El «hype», en tres capítulos

 hype (sust.): Promoción o publicidad intensiva o extravagante. (oxforddictionaries.com) Esa es una de tantas definiciones oficiales, normalmente pertenecientes al campo del marketing, aunque cada cual lo entiende a su manera. Cuando alguien habla de hype de tal película, que si el hype de tal videojuego… seguramente se esté refiriendo a las expectativas que le provoca. Pero hype no es un sinónimo de expectativas, sino más bien de expectativas exageradas, estratosféricas y algunas veces descompensadas respecto a la calidad final del producto. Ciertamente es un concepto relacionado con la publicidad, con el bombo excesivo, aunque yo también lo entiendo como la combinación de éste, del bombo que conlleva el marketing intencionado del producto con aquel que proviene de tus amigos, conocidos… esos que te recomiendan encarecidamente que vayas al cine a ver Su Madre 2: En Bicicleta a la voz de ya, esa gente con criterio del que te fías, que te subrayan la necesidad imperiosa de consumir ese producto que ellos ya han probado. Esto es típico de la publicidad y uno de sus rasgos fundamentales: si no has visto Su Madre 2: En Bicicleta, no eres nadie, estás “desactualizado”, desapareces cuando ves que no puedes sumarte a ciertos temas de conversación. Han conseguido venderte tan bien esa película sobre la madre de alguien pedaleando hacia la puesta de sol que sientes que has de verla con tus propios ojos para creerla. Estás convencido de que te va a cambiar la vida o, por lo menos, lo esperas (o bien deseas lo contrario para poner en evidencia a esos cretinos que te engañaron). Los tres casos más graves que he vivido en los que el hype pudo conmigo se refieren a tres películas. Las tres son éxitos de crítica y de público. Las tres las vi, al menos en parte, a causa de todas las alabanzas que les profesaban personas que conocía, cuyos gustos me eran afines o bien por culpa de notas medias hinchadas en Filmaffinity (o no). Tres películas para tres capítulos. 1) LA NOLANADA Origen fue el gran estallido cinematográfico de 2010 y muy poca gente me contradirá. Ese verano la gente entraba emocionada y salía perpleja. Además de haber sido el año en que decidí encumbrar El caballero oscuro, la anterior y sorprendente película de Christopher Nolan, como una de mis películas favoritas de todos los tiempos (era joven), también fue el año en que empecé a percibirlo como un director demasiado laureado o, por lo menos, con una legión de groupies que no pestañeaban al etiquetarle como el mejor director de cine de la historia, sin pararse a pensar primero en nombres como Martin...

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Birdman: Truth or Dare?
Ene14

Birdman: Truth or Dare?

A una gran película le pido que tenga fuerza, que arremeta con empuje desde el primer minuto, que me agarre con ímpetu y no me suelte. Que me envuelva y me sacuda, que me atrape en sus entrañas y no me haga pensar en otra cosa. Ha de ser magnética, ha de ser vibrante, ha de ser intensa, sea cual sea su género o estilo cuando veo una gran película vivo en ella, no hay fuera nada más que pueda interesarme. Birdman es un huracán. Su falso plano secuencia no es más que un detalle, una excusa –de una complejidad técnica apabullante– para una narración sin descansos, sin puntos muertos. Su ritmo es perfecto, nada se alarga más de lo que debe durar, nada es demasiado corto. Es un torbellino medido al detalle, cuidado con mimo. El viaje aéreo será placentero, no hay arritmia, no será un vuelo brusco, aquí no hay turbulencias. Y pese a su inmejorable apartado técnico –maravillosa la fotografía de Lubezki una vez más– e interpretativo –inmenso Michael Keaton que se come la pantalla, fantásticos todos y cada uno de los secundarios–, la valentía de su forma y su equilibradísimo –pese a lo frenético– ritmo, es su agridulce relato el que la coloca, a juicio del que escribe, como una de las mejores películas de los últimos años. Cada momento particular que captura esa cámara que recorre los laberínticos pasillos del teatro sin detenerse es una pieza única e imprescindible. Hay algo que no le pido nunca a una gran película, porque no todas son igual de capaces de ofrecérmelo, y es que consiga emocionarme. Una gran película puede serlo si con la fuerza suficiente me agita hasta la fascinación. Birdman es una gran película pero, además, está tocada con el don del encanto. Ese don con el que parece estar tocado todo el cine de Wilder, y el de Lubitsch, y el de Frank Capra, entre otros. Y cuando algo así ocurre es difícil resistirse y no conectar de alguna forma con esa chica que se sienta al borde de la azotea esperando que algo cambie, el padre que se resiste a considerarse fracasado pese a que lo que nace de sus manos no es sino una pequeña versión de sí mismo, un pequeño fracaso, o ese actor que sólo actúa cuando está fuera del escenario y que, si pudiera, miraría al mundo con los ojos con los que lo hacía antaño. Cada pequeño carácter está lleno de vida. En definitiva, el espectáculo visual es asombroso, el atrevimiento formal es admirable, su constante homenaje al cine –a veces con citas visuales y narrativas directas–...

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