The Revenant: absorbente epopeya de supervivencia y venganza
Feb04

The Revenant: absorbente epopeya de supervivencia y venganza

El actual dúo de oro que arrasó el año pasado con Birdman, Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki, vuelve a la carga con una apuesta todavía más ambiciosa si cabe que la predecesora, mediante un blockbuster de autor: The Revenant (El Renacido). Y está siendo la principal protagonista del año en la carrera de los grandes premios, por mérito propio. En palabras de Pablo Kurt que comparto en su totalidad, The Revenant supone un zarpazo cinéfilo a los ‘blockbusters’ de pacotilla. The Revenant es una película de aventuras pura y dura, dotada de un gran realismo y de momentos de mucha crudeza. Una película que no pretende invocar al intelecto, sino que busca ser una experiencia sensorial sustentada en su enorme poderío visual, envuelta en una historia de supervivencia y venganza bastante simple, aunque repleta de adversidades (y guiños cinematográficos, como a Dersu Uzala, por nombrar alguno). En este caso, el guión no ha sido más que una excusa para Iñárritu para embarcarse en un proyecto de gran envergadura a partir de una historia basada en hechos reales, con el objetivo de hacer de nuevo, como en gran parte de su filmografía, otro duro retrato del hombre, solo que en este caso sin demasiada trascendencia más allá de mostrar la increíble resistencia humana en condiciones casi insoportables. Pero igual que sucediere con Gravity -por nombrar un símil cercano- su fuerza no recae en su contenido, sino en su forma y espectacular poderío visual; “prueba” de ello es que entre las cuantiosas 12 nominaciones a los Oscars no encontramos la de guión. Aunque lo único que une realmente a Gravity con The Revenant es la maestría del seguramente mejor director de fotografía de las últimas décadas: Emmanuel Lubezki, que tras ganar el Oscar con las citadas Gravity y Birdman, tiene de nuevo todos los números para llevarse por tercer año consecutivo la estatuilla a su casa, y ello además con tres registros completamente diferentes los unos de los otros. Y dado que es uno de los principales protagonistas de la película, le dedicaré especial atención más adelante. La película empieza con una espectacular puesta en escena, del todo inolvidable. Ubicados en las profundidades de la América salvaje a principios del 1800, el explorador Hugh Glass (interpretado por Leonardo DiCaprio) se encuentra inmerso junto a su hijo mestizo Hawk en una expedición de tramperos que recolecta pieles, cuando de repente su campamento es ferozmente atacado por unos indios indígenas. Resulta absolutamente fascinante la maestría con la que están filmadas estas secuencias iniciales y sus fabulosas coreografías. Se trata de una puesta en escena de gran intensidad, que sitúa de buen comienzo el contexto en el cual se desarrolla la historia y realiza una buena presentación de los personajes ante una situación frenética. Puro arte. Y quien logra crear esa...

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El Renacido, de Iñárritu: la venganza mejor fotografiada del cine
Ene22

El Renacido, de Iñárritu: la venganza mejor fotografiada del cine

Después de ver El Renacido, la última película del mexicano Iñárritu, un sabor agridulce inunda mi paladar… Pero vayamos por orden: para adentrarnos en el análisis resumiré -a modo de breve sinopsis- una introducción que sitúe a aquellos lectores que no tengan ni idea de lo que les hablo y por supuesto, sin irme de la lengua con los spoilers. El extenso metraje del film  -156 minutos- cuenta la verdadera historia de Hugh Glass, un explorador atacado por un oso y abandonado a su suerte por su grupo (tener amigos para esto…) que lo da por muerto. Glass tendrá que hacer frente al frío, las heridas y las tribus de nativos para alcanzar su meta: vengarse del traicionero John Fitzgerald. La multinominada a todos los premios de esta temporada es, en definitiva, una historia de supervivencia a lo Matt Damon en “Marte”, pero transcurriendo la trama en el siglo XIX de una profundísima América rural. A esto, se le añade el componente vengativo: y es que las historias de venganza son un tema recurrente a lo largo de la historia del cine. Películas míticas como “Gladiator” o “Kill Bill” utilizan este elemento narrativo como excusa para el desarrollo de sus tramas. Mi humilde opinión es que, de haber un punto débil en la más reciente obra de Iñárritu, éste tendría mucha relación con la historia. Un relato sencillo, pero no simple (¡ojo con esto!) en el que puede preverse como se  desencadenarán los giros. Y así lo han visto los miembros de la Academia, puesto que “El renacido / The Revenant” no figura entre las candidatas a los Oscar en la categoría de Mejor Guión. Algo raro para un largometraje que es la principal apuesta a llevarse la estatuilla de Mejor Película el próximo 28 de Febrero en la gran gala. Por otra parte, considero “El renacido”,  la primera gran película que en mucho tiempo, vivo intensamente su historia y sufro con su protagonista. Un protagonista, Leonardo DiCaprio, pletórico y que se acerca cada vez más a ganar el galardón de galardones. Por su parte, Iñárritu con su pulso y estilo cinematográfico característico, narra perfectamente la historia de Glass con un nivel de realismo que hace que vibres en tu asiento. Miedo, ira, dolor, amor, rabia… son algunos de los sentimientos que genera este film que hace que parpadear sea considerado un error cometido por el espectador. Por último y para acabar, no iba a terminar esta crítica sin nombrar a otro genio, cuyo trabajo forma parte de los pilares que engrandecen esta película. Hablo de su director de fotografía, Emmanuel Lubezki. El chivo, como se le conoce en su tierra, está aún paso de ganar...

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Premios Oscar 2015: El mejor año para la gala más anodina
Feb23

Premios Oscar 2015: El mejor año para la gala más anodina

Pues aquí estamos otra vez. ¿Vosotros os imagináis que vais a ver el espectáculo de fuegos artificiales de un reputado maestro pirotécnico, pero que todos los grandes cohetes se lanzan en los primeros cinco minutos? Algo similar es lo que ocurrió anoche. Con sus altos y sus bajos, la 87ª gala de los Premios Óscar de la Academia dejó un poso muy insuficiente y una proporción ínfima de momentos para el recuerdo respecto a la duración total (prácticamente cuatro horas, como nuestros queridos y casolanos Goyas de hace un par de semanas, sólo que incluyendo también la publicidad). El mayor espectáculo se situó al comienzo: el suntuoso número musical Moving Pictures hacía boca y abría con una puesta en escena fabulosa. Como mucho, podemos tener la certeza de que la mayoría de grandes películas norteamericanas comerciales del año han sido reconocidas y laureadas y que, en lo que a las entregas se refiere, pocas sorpresas nos hemos llevado… lo cual, en este caso, sí parece suficiente (nótese que personalmente he sido del Team Birdman, así que en ese sentido me he ido generalmente contento). Empecemos por el presentador. Neil Patrick Harris es un tipo gracioso. A casi todo el mundo le cae bien (incluso a los que pasamos de reírle todas las gracias al Barney Stinson de Cómo conocí a vuestra madre al punto de sentir exactamente lo opuesto respecto a la serie y al personaje). Algo debí haberme perdido escuchando a los traductores del Canal+, algo se habría lost in translation, pero no escuché casi ningún chiste de su boca, en comparación a lo esperable o a, por tener un referente inmediato, su antecesora de difícil superación: una Ellen DeGeneres que hizo historia, entre otras cosas, con el selfie más célebre de todos. En cambio, este año el guión ni siquiera le dio pie a NPH para lucirse: le dio una urna donde guardaba sus “predicciones” en cuanto a lo que iba a pasar en la gala (una suerte de running gag que me la trajo bastante al pairo) y se parodió tanto a Birdman como a Whiplash en un breve pero intenso “famoso plano secuencia de Neilman“. Por otra parte, y respecto a esto último, creo que se le vio más a Iñárritu (el director de la gran ganadora) que al propio presentador encima del escenario, casi sin exagerar. Aunque fuera una de las galas más aburridas y tratadas de pasada que he visto (que, aunque no vaya en mi favor, tampoco han sido demasiadas), no significa que no hayamos podido presenciar algunas perlitas: Everything is Awesome es una canción que puede gustar más, menos o mucho menos (a mí me parece un bodrio, aunque al pelo para la divertida Lego Película), pero la fiesta de color y absurdez que rompió el escenario del teatro fue, por lo menos, digna de mención (y...

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El «hype», en tres capítulos
Ene27

El «hype», en tres capítulos

 hype (sust.): Promoción o publicidad intensiva o extravagante. (oxforddictionaries.com) Esa es una de tantas definiciones oficiales, normalmente pertenecientes al campo del marketing, aunque cada cual lo entiende a su manera. Cuando alguien habla de hype de tal película, que si el hype de tal videojuego… seguramente se esté refiriendo a las expectativas que le provoca. Pero hype no es un sinónimo de expectativas, sino más bien de expectativas exageradas, estratosféricas y algunas veces descompensadas respecto a la calidad final del producto. Ciertamente es un concepto relacionado con la publicidad, con el bombo excesivo, aunque yo también lo entiendo como la combinación de éste, del bombo que conlleva el marketing intencionado del producto con aquel que proviene de tus amigos, conocidos… esos que te recomiendan encarecidamente que vayas al cine a ver Su Madre 2: En Bicicleta a la voz de ya, esa gente con criterio del que te fías, que te subrayan la necesidad imperiosa de consumir ese producto que ellos ya han probado. Esto es típico de la publicidad y uno de sus rasgos fundamentales: si no has visto Su Madre 2: En Bicicleta, no eres nadie, estás “desactualizado”, desapareces cuando ves que no puedes sumarte a ciertos temas de conversación. Han conseguido venderte tan bien esa película sobre la madre de alguien pedaleando hacia la puesta de sol que sientes que has de verla con tus propios ojos para creerla. Estás convencido de que te va a cambiar la vida o, por lo menos, lo esperas (o bien deseas lo contrario para poner en evidencia a esos cretinos que te engañaron). Los tres casos más graves que he vivido en los que el hype pudo conmigo se refieren a tres películas. Las tres son éxitos de crítica y de público. Las tres las vi, al menos en parte, a causa de todas las alabanzas que les profesaban personas que conocía, cuyos gustos me eran afines o bien por culpa de notas medias hinchadas en Filmaffinity (o no). Tres películas para tres capítulos. 1) LA NOLANADA Origen fue el gran estallido cinematográfico de 2010 y muy poca gente me contradirá. Ese verano la gente entraba emocionada y salía perpleja. Además de haber sido el año en que decidí encumbrar El caballero oscuro, la anterior y sorprendente película de Christopher Nolan, como una de mis películas favoritas de todos los tiempos (era joven), también fue el año en que empecé a percibirlo como un director demasiado laureado o, por lo menos, con una legión de groupies que no pestañeaban al etiquetarle como el mejor director de cine de la historia, sin pararse a pensar primero en nombres como Martin...

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Birdman: Truth or Dare?
Ene14

Birdman: Truth or Dare?

A una gran película le pido que tenga fuerza, que arremeta con empuje desde el primer minuto, que me agarre con ímpetu y no me suelte. Que me envuelva y me sacuda, que me atrape en sus entrañas y no me haga pensar en otra cosa. Ha de ser magnética, ha de ser vibrante, ha de ser intensa, sea cual sea su género o estilo cuando veo una gran película vivo en ella, no hay fuera nada más que pueda interesarme. Birdman es un huracán. Su falso plano secuencia no es más que un detalle, una excusa –de una complejidad técnica apabullante– para una narración sin descansos, sin puntos muertos. Su ritmo es perfecto, nada se alarga más de lo que debe durar, nada es demasiado corto. Es un torbellino medido al detalle, cuidado con mimo. El viaje aéreo será placentero, no hay arritmia, no será un vuelo brusco, aquí no hay turbulencias. Y pese a su inmejorable apartado técnico –maravillosa la fotografía de Lubezki una vez más– e interpretativo –inmenso Michael Keaton que se come la pantalla, fantásticos todos y cada uno de los secundarios–, la valentía de su forma y su equilibradísimo –pese a lo frenético– ritmo, es su agridulce relato el que la coloca, a juicio del que escribe, como una de las mejores películas de los últimos años. Cada momento particular que captura esa cámara que recorre los laberínticos pasillos del teatro sin detenerse es una pieza única e imprescindible. Hay algo que no le pido nunca a una gran película, porque no todas son igual de capaces de ofrecérmelo, y es que consiga emocionarme. Una gran película puede serlo si con la fuerza suficiente me agita hasta la fascinación. Birdman es una gran película pero, además, está tocada con el don del encanto. Ese don con el que parece estar tocado todo el cine de Wilder, y el de Lubitsch, y el de Frank Capra, entre otros. Y cuando algo así ocurre es difícil resistirse y no conectar de alguna forma con esa chica que se sienta al borde de la azotea esperando que algo cambie, el padre que se resiste a considerarse fracasado pese a que lo que nace de sus manos no es sino una pequeña versión de sí mismo, un pequeño fracaso, o ese actor que sólo actúa cuando está fuera del escenario y que, si pudiera, miraría al mundo con los ojos con los que lo hacía antaño. Cada pequeño carácter está lleno de vida. En definitiva, el espectáculo visual es asombroso, el atrevimiento formal es admirable, su constante homenaje al cine –a veces con citas visuales y narrativas directas–...

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