Suburra: «Fratelli d’Italia, l’Italia s’è desta…»

Ah, la bella Italia y la città di Roma, con sus monumentos clásicos, sus calles soleadas, su gastronomía, su arte y su historia, sus gentes tan alegres y pasionales, sus… ejem, ¿pero en serio esto es la capital del país de la mozzarella? Vamos a ver, pero qué significa esto de Suburra exactamente.

Pues según la wikipedia, suburra en italiano define un lugar de mala fama, escenario de delitos y de inmoralidad (o sea, debe ser algo tipo Magaluf). La palabra tiene su origen en La Subura (o Suburra), que era un vasto y populoso barrio de la antigua Roma cuya población en la parte baja estaba formada por un subproletariado urbano que vivía en condiciones miserables, aunque estuviera de cara a un área monumental y de servicios públicos. Pero eso sí, también pone que en dicho barrio llegó a vivir el mismísimo Julio César, lo cual algunos pueden considerar irónico, aunque más bien creo que refuerza la idea del film sobre cómo el poder y la chusma van de la mano, y quien los controla gobierna toda una sociedad a su antojo.suburra-1080p-2

Suburra es una película en la que no despego los ojos de la pantalla ni por asomo. Dura más de dos horas pero no miro el reloj en ningún momento, y eso sin poder afirmar que se pasen volando, porque la sensación de estar viendo algo muy gordo y con mucho trasfondo te hace meter de lleno en una historia que se desarrolla en una semana como si tú mismo la estuvieras viviendo a flor de piel, día a día sin que parezca terminar la pesadilla en la que se meten sus personajes. Se puede reprochar como muchos críticos que es en su mayoría un espectáculo totalmente gratuito, pero aún llevando razón me da igual, pues la historia tiene suficiente poder y suficiente estilo como para aguantar todos los puñetazos que se le lancen. Es un relato que empieza como un torbellino cuando apenas pasan cinco minutos, mezclándose el sexo con desnudos íntegros, las drogas duras y la violencia a dosis industriales. Allí su director lo da todo, sabe que con eso el espectador debe quedar seducido y por consiguiente enganchado, o quedar asqueado y girar la vista. Pero como somos unos enfermos con sed de sensaciones fuertes que la mayoría ni experimentamos en vida, quedamos extasiados – y alguno que otro atolondrado – y nos quedamos pensando que mola mucho aún a sabiendas que es una crítica social feroz y despiadada donde no se salva nadie.

Porque esto también me parece un tema importante, su director parece totalmente convencido de la falta de esperanza en su ciudad y su país. Da por hecho la corrupción inherente en todos los estratos sociales y nadie consigue la salvación eterna, incluidos los religiosos del Vaticano pringados de por medio. Pero quizás estoy divagando o yendo muy deprisa, mejor hagamos un breve resumen antes de la conclusión final.suburra

Principios de noviembre de 2011, una semana antes de lo que el autor llama el Apocalipsis (los que tengan algo de memoria se acordaran de qué ocurrió por esas fechas en Italia). Un político de Roma llamado Filippo Malgradi (interpretado por Pierfrancesco Favino) se ve envuelto en un delito que podría destruir su carrera y su familia. Para evitarlo, un antiguo conocido de la mafia apodado Samurai (Claudio Amendola) acudirá en su ayuda a cambio de una modificación en el Parlamento sobre las leyes de suelo en la costa. Por otro lado Sebastiano (Elio Germano) es un promotor que se codea con lo más alto de las esferas y mantiene una relación difícil con su padre, quien le buscará problemas con la mafia cíngara de Roma – los cuales, por cierto, para ser gitanos tienen más pinta de pakis de los que hay en cualquier kebab a la redonda que otra cosa – y especialmente con su patriarca, don Manfredi Anacleti (Adamo Dionisi), un hombre de mal genio y dictatorial que no deja pasar ni una. Y por último está el cabecilla de la mafia de Ostia, un joven temperamental con los cojones como el caballo de Espartero apodado Número 8 (Alessandro Borghi), sin ningún tipo de respeto por el viejo mundo de los capos, dispuesto a llegar más lejos de lo que llegó su padre aunque deba imponer el miedo y crearse enemigos muy peligrosos. Ah, y entre medio hay un pobre cura del Vaticano –  lo de pobre ya se entiende que es metafórico – que lleva una gran carga encima que le ha endosado el Papa por su cara bonita.DSC_7838

Dicho todo esto, es evidente que todos los personajes confluirán en una espiral de violencia, en una senda donde no es posible dar marcha atrás, donde todos terminan con las manos manchadas de sangre y la redención es sólo un deseo.

Pero no todo en la película son supuestos machos alfa con ansias infinitas de poder. Ni hablar. También entran en escena dos mujeres jóvenes con papeles clave pero diametralmente opuestos. La primera de ellas es Sabrina (Giulia Elettra Gorietti) cuya aparición te quita el hipo, el aliento y la cartera. Poco más voy a decir el respecto, lo siento. La otra es Viola (Greta Scarano), la novia de Número 8 con problemas de heroína. De una belleza nada convencional en el film, la actriz consigue uno de los mejores papeles. Su personaje no es nada nuevo, pero tiene tanta convicción y el amor por su pareja parece tan puro entre tanta miseria y suciedad, que se alza como una auténtica donna italiana moderna en medio del ambiente de sordidez que reina en los suburbios. De los hombres, quizás me quedaría con el personaje interpretado por Amendola, no solamente por hacerse llamar Samurai y representar el viejo modelo de criminal al que todos respetan por, literalmente, saber cosas de todo el mundo, sino también por su rostro impenetrable, sus silencios pulcros, su control absoluto de todas las situaciones y su capacidad para hacerse respetar incluso por aquellos que no respetan a nadie más. Pero por otro lado, al final no es más que un hipócrita con dos caras como prácticamente todos, pues el film muestra de nueva cómo al final todos cambian en función de sus intereses y las personas con las que se encuentran. Solamente Viola y Número 8, pese a su violencia y aparente autodestrucción, son fieles a sí mismos, no se esconden en ningún momento de lo que son, no engañan a nadie ni se engañan a sí mismos; ni pretenden cambiar.subu1

Profundizando en los cimientos de la película, ésta se basa en una novela de Carlo Bonini y Giancarlo de Cataldo, los cuales advertían continuamente sobre la existencia de un entramado de la mafia en las calles de Roma y sus administraciones gubernamentales. El tiempo les dio la razón y en el año 2014 saltó el caso de Mafia Capital, una trama desarticulada por la policía donde estaban implicadas un centenar de personas de toda clase, desde un exministro de Berlusconi llamado Gianni Alemanno, a un exterrorista de la extrema derecha reconvertido en mafioso llamado Massimo Carminati. En dicho caso, la mafia había creado una red en Roma que había conseguido adentrarse hasta lo más profundo del Ayuntamiento de la ciudad, manipulando la gestión de contratas o de la inmigración. Al año siguiente se sentaron en el banquillo un total de 43 acusados, con auditorías a más de 130 personas, y con condenas para miembros de grupos políticos tanto de la derecha como de la izquierda. Pero sin duda la mayor bofetada fue darse cuenta que la red mafiosa romana que se creía extinta no lo estaba ni mucho menos.suburra_still_1-h_2015

Volviendo al film, su director, Stefano Sollima, después de un inicio que podría rozar lo grotesco, impone un tempo lento, de calma antes de la tormenta que nos anuncia cada día que pasa en el calendario; se adentra en todos los personajes, muestra su evolución y cómo se van encadenando todas las tragedias hasta quedar unidas por un hilo que provocará la caída de toda la ciudad. Debo reconocer que aún yendo muy retrasado con la serie Gomorra de la cual es uno de los artífices, y sin ver ni un capítulo de su afamada primera obra televisiva Roma Criminal, me encuentro ante un auténtico fiera. Un director que no tiene miedo a contar las cosas ni se echa atrás al tocar los temas más sensibles ni a los grupos más protegidos y blindados de su país. Un tipo que conserva una visión muy cinematográfica y comercial, pero con suficiente criterio como para demostrar que no pierde el rumbo en cuanto a los hechos que quiere narrar. Por momentos, a mí me parecía un discípulo del Martin Scorsese y Michael Mann de los noventa: relatos de los mafiosos que abarcan todos los círculos, personajes muy violentos y con códigos propios, diálogos muy cuidados y directos al blanco, y una fotografía muy esmerada con una banda sonora espectacular. Porque no quiero olvidarme de esto último, toda la música es un deleite de electrónica del grupo M83, con sus temazos sonando de principio a fin, ya sea mezclados con muertes horribles o con paseos en medio de la lluvia que cae sobre la capital italiana. Una auténtica delicia para los fans del grupo, de verdad.suburrafiamme

Suburra entra en el club reducido que parecían dominar hace años los directores brasileños Fernando Meirelles y José Padilha con Ciudad de Dios y Tropa de Élite. Pero desde que se hizo el film Gomorra, los directores italianos han cogido el relevo y han hurgado hasta el fondo en la herida social que les lleva lastrando desde tiempos inmemoriales. La mafia sigue siendo el problema invisible más grave del país, y por ello al principio de la película los productores ponen que su trabajo ha sido declarado de interés nacional no solamente por su aspecto cultural, sino por poner en relieve una vez más el problema insalvable del crimen organizado y sus ramificaciones interminables. Pero de poco les sirve, todo parece fútil y los jefes de la mafia se siguen riendo en sus narices. Y si nadie se lo cree, sirva de ejemplo la anécdota del estreno de la película en Ostia. En su proyección, y sin que nadie se lo esperara, acudió Francesco Spada, destacado miembro del clan homónimo que controla las actividades criminales en el barrio de Ostia. El hombre disfrutó con un film que habla de él mismo, de su familia (los Spada) y de sus primos, los Casamonica, otro clan muy activo del crimen organizado. De hecho, el personaje de Samurai sería Carmine Spada, el jefe del clan y tío de Francesco, actualmente en la cárcel por sus actividades criminales. Pero eso no fue lo más grave. La auténtica provocación fue que después del pase el hombre se fotografió con los actores de la película, sin vergüenza ninguna y sonriendo a cámara, burlándose de toda la sociedad y demostrando que son los dueños de la ciudad. Un desafío a todas las instituciones que en Italia creó bastante polémica.

SuburraFilmPero no es mi intención acabar con tan mal sabor de boca. Sí, la película es sucia, muy sórdida, sin alabanzas para nadie. Pero también tiene momentos de gran belleza sacados de toda esa mugre. Pienso en los juegos de luces de neón tan de moda últimamente. Pienso en sus grandes interpretaciones y la caracterización de algunos personajes, temiendo no saber si son actores o simples modelos de la vida real que no actúan. Pienso en lo bien que sienta una visión distinta de la Roma tan idealizada que tienen los que no son italianos. Y pienso en la lluvia. La lluvia continua que cae sobre la ciudad inundando sus calles refleja a la perfección ese intento de limpiar los barrios de toda la escoria. Pero nunca habrá suficiente agua, y sus aceras siempre estarán manchadas con la sangre y el dinero de muchos de sus habitantes. Pienso en esa agua que cae y en el final de la película, casi de de videoclip pero perfectamente hermoso con la inmundicia de fondo oculta por la oscuridad de la noche, vislumbrada intermitentemente por la luz de las farolas. Pienso en la canción sonando de fondo de M83 Outro, y en las pocas frases de la canción que resumen a la perfección el sentimiento de la película y sus personajes.

I’m the king of my own land.
Facing tempests of dust, I’ll fight until the end.
Creatures of my dreams raise up and dance with me!
Now and forever, I’m your king!

Al Swearengen

Al Swearengen

Tengo la sensación que bueno y malo son palabras demasiado extremas que usamos a la ligera. No creo que la vida y la mayoría de cosas y personas en este mundo puedan ser expresadas en términos tan absolutos. Ni siquiera estoy seguro de si se pueden aplicar al arte, y menos aún al cine.
Al Swearengen

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