Star Trek, Más Allá: The Fast and the Enterprise

Esperar algo nuevo del universo trekkie tras medio siglo de series de televisión, películas, videojuegos y hasta una adaptación animada que fue recibida con cierta tibieza, es como pedir un truco de equilibrismo a las aptitudes del productor J. J. Abrams, el director Justin Lin y los guionistas Simon Pegg y Doug Yung para servir con destreza lo mismo de siempre pero con nuevos alicientes que llegados a este punto probablemente ya no existen. Lo único que el ejército de adeptos a la franquicia de Gene Roddenberry que se extienden a lo largo y ancho del planeta pueden esperar a estas alturas es que su criatura no vuelva a caer en el atrincheramiento argumental y estético exclusivo para fans que mermó la franquicia -y casi la remata- antes de renacer comercialmente y de que su tripulación original sufriese un rejuvenecedor (y forzoso, por causas naturales) lavado de cara.

De izqda a dcha: Idris Elba, Karl Urban, Zoe Saldana, Anton Yelchin, Chris Pine, Zachary Quinto, John Cho y Simon Pegg 

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Pegg y Yung construyen un pasatiempo supeditado a la pirotecnia visual y las explosiones con una proliferación de la acción pura mucho mayor de lo habitual y le sirven en bandeja a Justin Lin una nave estelar cuyos mandos maneja con el mismo ritmo espídico, vertiginoso y desprejuiciadamente macarra que usó en las últimas entregas de su otra franquicia motorizada, The Fast and The Furious. Lo demás en la decimotercera entrega del universo trekkie es una constante búsqueda del equilibrio entre la necesaria ración de aventuras en entornos exteriores y planetas exóticos -recreados ya por un CGI que sustituye a aquellos rudimentarios decorados de Star Trek III, En Busca de Spock-, las obligatorias batallas espaciales ahora libradas contra minúsculos objetos voladores que atacan en formación de enjambre y la recuperación de una de las novedades más acertadas aportadas por la anterior entrega, la inclusión de persecuciones y secuencias de destrucción a pie de calle dentro de un núcleo úrbano.

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Si hay que buscarle un punto débil a la tercera aventura de Kirk y Cía desde su regreso habría que achacarle tener a uno de los villanos menos carismáticos y más irreconocibles de la serie desde Ron Perlman en Star Trek: Némesis (2002). Idris Elba es Krall, un ente alienígena cuyo origen es imposible desvelar sin spoilear el único momento medianamente interesante de un guión simple y plano, pero nunca aburrido, donde para variar la tripulación del Enterprise tendrá que interrumpir su corto periodo vacacional tras una larga misión de 3 años, viéndose obligados de nuevo a preservar la paz y el orden instaurados por la Federación Unida de Planetas.

Idris Elba es Krall

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Quedémonos con lo fácil y no le busquemos tres pies al gato. Star Trek: Beyond cumple con las cotas de nostalgia necesarias para cumplir con las expectativas de los seguidores más veteranos, gracias en parte al nivel de mimetización que este nuevo reparto ha logrado alcanzar con los viejos personajes y sobre todo a un entrañable guiño a los miembros originales de la tripulación casi al final de este último capítulo, aunque siempre sin llegar a caer en el ostracismo marginal que hasta no hace mucho alejaba al universo trekkie del público más joven. Como aseguró el propio Gene Roddenberry: «Aún no lo has visto todo, ni todo ha sido descubierto. La aventura humana acaba de comenzar».

Sofia Boutella, de Kingsman: Servicio Secreto a Star Trek: Más Allá.

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Antonio López

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"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
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