Six Feet Under: oda a la vida a través de la muerte

La televisión vive desde hace ya bastantes años su época dorada, y ello ha repercutido de forma positiva en el mundo de las series, surgiendo cada vez más y más, y además muchas de ellas de una excelente calidad cinematográfica. Pero entre tanta oferta actual de series, creo necesario reivindicar la que es a mi parecer la mejor serie que se ha hecho jamás: Six Feet Under (A dos metros bajo tierra, 2001-2005), que marcó un antes y un después en el mundo de la televisión, y de HBO. 

Todavía recuerdo lo conmocionado que me quedé con el final de la serie cuando la finalicé hace ya algunos años, pero dejemos el final para el final -y sin spoils, tranquilos-. Empecemos por el opening de la serie. Hoy en día casi todas las buenas series intentan tener una intro memorable, pero Six Feet Under fue de las primeras en crear una verdadera obra de arte audiovisual, acompañada de la música del gran Thomas Newman (conocido sobre todo por sus bandas sonoras de American Beauty, Camino a la perdición o Cadena Perpetua, y que cuenta con 12 nominaciones a los Oscars). 

Antes de proseguir, aquí el opening:

HBO, tras el reciente éxito de Los Soprano, decidió apostar fuerte por la curiosa propuesta de Alan Ball (guionista de American Beauty), lo que terminó siendo un gran acierto, dado que Six Feet Under se convirtió en uno de los pilares y mayores éxitos de todos los tiempos de dicha cadena.

En Six Feet Under, Alan Ball nos invita a conocer a fondo a los miembros de la peculiar familia Fisher, que vive en Los Ángeles y posee una empresa funeraria independiente, anexa a su propia vivienda familiar. La serie se inicia precisamente con la muerte del padre, quedando la familia bastante afectada, y pasando a hacerse cargo del negocio familiar uno de los hijos -un gay que todavía no ha salido del armario- interpretado magistralmente por Michael C. Hall (Dexter). La madre, Ruth -interpretada por Frances Conroy-, es una mujer bastante dominante, y a pesar de estar algo afectada y ser una persona a veces algo inestable, intenta mantener la familia a flote como puede. La hija, Claire -interpretada por Lauren Ambrose-, es una problemática adolescente que consume drogas y lidia con muchos de los problemas frecuentes a su edad. Y el otro hijo, Nate -interpretado por Peter Krause-, es aparentemente el más normal de la familia, pero su novia, Brenda -interpretada por Rachel Griffiths-, y la familia de ésta, están todavía más desequilibrados que su propia familia.

En las primeras temporadas, los capítulos suelen empezar con la muerte -muchas de ellas de lo más peculiares- de la persona difunta de la que se hacen cargo en la funeraria. Y de forma paralela a estos velatorios de los que se ocupan, se van desarrollando las vidas de los protagonistas.

Éste es tan solo el punto de partida de la serie y sus magníficos personajes, pero a través de sus cinco temporadas todos los personajes -tanto protagonistas como secundarios- evolucionan constantemente; se profundiza en el carácter de cada uno de ellos, en las alteraciones de sus formas de ser a causa de sus circunstancias personales, y en sus distintos modos de afrontar la vida.

Y es que es tan grande la evolución y profundización de los protagonistas, que terminas por conocerlos a la perfección; y de compartir con ellos tal torrente de emociones y sentimientos, hasta terminar sintiéndote uno más de la familia Fisher, y sientes que has convivido realmente cinco años con ellos.

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Imagino que algunos os preguntaréis a estas alturas qué es lo que convierte a Six Feet Under en la probablemente mejor serie de televisión que se ha hecho jamás.

Pues bien, por un lado cabe destacar que es una serie que se distancia del resto al no tener como objetivo principal el enganchar al espectador a ella; lo que busca realmente es mostrarle la esencia de la vida con toda la crudeza que comporta a través de la muerte. Se trata de una serie emotiva hasta grados inmensurables, única e irrepetible, y a resumidas cuentas una serie de culto y una verdadera obra de arte.

Una de sus mayores virtudes son los inteligentes diálogos del por si excelente guión, que como ya se ha recalcado permite crear personajes muy profundos -los cuales a su vez son interpretados magistralmente-. A su vez, incluye una portentosa crítica social, tratando por ejemplo temas no muy aceptados en EEUU, como es el caso de tener una pareja gay como protagonistas -recordemos que la serie es del año 2001-. El atrevimiento de mostrar ciertas escenas controvertidas la convirtieron en una serie pionera e inigualable. Y cabe destacar también la buena ambientación lograda, así como el empleo de la música, y sobre todo, el gran cuidado de los detalles.

Es una serie que recomiendo degustar capítulo por capítulo, y con calma. No es una serie para devorar -como suele hacerse hoy en día-. Mejor ver un capítulo diario a lo sumo, y dilatar el visionado durante algunos meses; eso logra que el final -el cual mencionaré a continuación sin spoils- tenga todavía un mayor impacto.

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Y es que, por suerte o por desgracia, tarde o temprano todo se termina. ¡Pero de qué forma más espectacular lo hace ésta serie!

Los últimos cinco minutos del último episodio constituyen una de las cimas artísticas de la televisión, y en verdad me atrevería a decir que de cualquier forma de arte. Contiene tal intensidad emocional, que debería conseguir ponerle la piel de gallina hasta a la persona menos emotiva. Sí, incluso cabría decir que merece la pena ver la serie entera tan solo para poder disfrutar en su plenitud de este impresionante final -el cual no obstante no transmite seguramente nada a aquel que lo vea sin haber visto la serie-.

En definitiva, Six Feet Under es una serie única, que realiza una oda a la vida a través de la muerte, y que después de verla entera puede llegar a cambiarte a ti y a tu forma de concebir la vida, e incluso llegar a convertirte en una mejor persona.

— CARPE DIEM —

*** 10/10 ***

Rubén Seca

Rubén Seca

Graduado en Derecho en la Universidad de Barcelona. Master de Abogacía. Estudiante de Dirección de Cine en el ECIB.

“El cine es una enfermedad; cuando infecta tu riego sanguíneo, toma el liderazgo como la hormona más potente.”
-Frank Capra
Rubén Seca

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