Sergio G. Sánchez: “El secreto de Marrowbone ofrece una segunda lectura en su revisión.”

La lluviosa V edición de los Encuentros entre Guionistas -exquisitamente organizado en esta ocasión por FAGA, AGAG y ALMA- que arrancaba el pasado 2 de Noviembre, no podía tener una apertura más favorable. Sergio G. Sánchez, autor de libretos tan aclamados como El Orfanato, Lo Imposible y la recién estrenada El secreto de Marrowbone visitaba la ciudad de Santiago para compartir su experiencia, tanto en España como en EEUU, desde su positivista y entusiasta visión acerca de un trabajo al que únicamente pone dos peros: un recorrido que a menudo se dibuja tortuoso y una soledad tan necesaria como desabrigada.

Sobre su labor como director -auténtica vocación de quien ha encontrado en los miedos más personales su particular vehículo de expresión- afirma que no es más que la consecuencia lógica de su trabajo como autor. Con El secreto de Marrowbone demuestra pasión por el género, solvencia técnica y muchísima capacitación visual.

Un placer repasar con él esta larga y muy fructífera trayectoria, sus proyectos futuros y las particularidades de una profesión que describe como un árbol de abundantes ramas al que hay que sanear meticulosamente en cada poda/reescritura.

-El Orfanato, tu primer guion, ¿también fue el primer trabajo que intentaste dirigir?

Hice un primer cortometraje que se titulaba 7337 que intenté mover en varias productoras y a punto estuvo de realizarse con una. Durante ese proceso conocí a Juan Antonio Bayona, en el festival de cortos de Alcuria, nos hicimos amigos y él, sabiendo que yo escribía, quiso ver el guion de El Orfanato, que entonces se llamaba Huellas y se lo mostró a la gente de Rodar y Rodar para que ellos. La intención era que viesen una muestra de mi trabajo para que, con suerte, me saliera algún encargo. Les gustó mucho y se propusieron trabajar con ese guion. Yo, que en ese momento estaba poniendo copas y dando clases de inglés en Oviedo, me volví loco. Era la primera vez que alguien iba a pagarme por escribir, cuando toda mi experiencia con el cortometraje era poner mi propio dinero.

Como primer paso profesional se lo vendí sin imaginarme nunca que aquel texto iba a terminar siendo lo que significó El Orfanato. En esos tiempos apenas se hacía cine de terror. La experiencia sirvió para sacarme un poco de la cabeza la idea de ser director pero me regaló la de ser guionista.

 

-¿Sigue siendo, de todo lo que has escrito, el guion que más te habría gustado dirigir?

No. De hecho creo que se podría hablar de una especie de trilogía en mi trabajo. La semilla de todo está en 7337. Todas mis obsesiones están, de una forma u otra, ahí reflejadas. El Orfano es familia directa de 7337 y  en Marrowbone es donde creo que mejor están plasmados mis intereses a la hora de hacer cine, porque durante esa transformación de Huellas a El Orfanato intenté incorporar muchas cosas que le apetecían a Jota para hacer la película más suya. El corto era una cosa muy pequeñita hecha de piedras y palos, con muy poco presupuesto obtenido de la ayuda de amigos y familiares… ha sido con Marrowbone cuando he podido llevar a cabo un proyecto mío a mi manera.

 

-Seguimos hablando de Bayona, que está presente en El secreto de Marrowbone como productor y con el que además parece que compartes el gusto por una estética muy depurada, ¿es así?

Jota y yo tenemos gustos similares y sensibilidades diferentes, creo. A ambos nos gusta un tipo de cine muy clásico, donde todo el aspecto formal está muy cuidado, pero en realidad no repetimos equipo más allá de lo que es producción. Aquí hay otro director de fotografía, sonido, vestuario… Eso ha sido absolutamente intencionado porque me parecía ponerme en una situación muy comprometida repetir con su equipo, cambiando únicamente a J.A. Bayona por mí ¡porque además iba a notarse mucho su ausencia!

Entonces, sí, es verdad que los dos priorizamos ese cuidado por todo lo visual, pero quiero pensar que ese parecido que sacáis también es esa voz mía que, desde el guion, sonaba en El Orfanato. También es cierto que hay muchos elementos diferenciadores en nuestro cine pero el público únicamente conoce mi trabajo como director por esta cinta. Tendrán que venir nuevos trabajos para que esto que digo se vea nítidamente.

 

-¿El hecho de que el productor sea director se nota a la hora de respetar tu libertad creativa?

Sí, Jota, por encima de cualquier otra faceta es director y además es un director al que le gusta tener mucho control sobre cada decisión creativa. No le gustan las interferencias y, por tanto, su función en esta película ha sido, de alguna manera, la de custodiar esa licencia, esa independencia, que él tuvo.

 

-Hay una referencia a Nadie Sabe en el planteamiento de tu película que me parece especialmente interesante: ¿es intencionada?

Conozco la cinta pero la vi después. En algún momento, hablando del argumento de mi película me descubrieron esta otra, que yo no conocía pero que me impactó muchísimo. Es muy potente y tiene un punto de partida muy similar aunque el desarrollo de la historia no tiene nada que ver. Lo que sí hay es una referencia clave a Las nueve cada noche, de Jack Clayton.

-Durante tu charla en el Encuentro de guionistas, decías que tus personajes son fruto de la intuición. ¿Cómo es el proceso de crear esa identidad y carácter que da forma a los protagonistas?

Yo intento que mis personajes estén vivos siempre: en el papel, rodando y en montaje; exprimir cada gesto y cada detalle para que todo junto acabe dando forma a lo que será el personaje final. Lo que no hago es seguir un esquema, de ahí que hablase de intuición. Más tarde, desarrollando el tema con la persona que hizo la pregunta hablamos de un libro de Carol S. Pearson, El héroe interior, que habla sobre los 12 arquetipos de personalidad que componen nuestra estructura psicológica. Ella entiende que el hombre incorpora en diferentes momentos de su vida esa docena de modelos, entre los que se encuentran el inocente, el huérfano, el vagabundo… y asegura que uno termina de formarse cuando ha pasado por todos ellos. Es una obra que ciertamente me marcó mucho y que, de una forma espontánea (de ahí que me refiera a esta forma de escribir como intuitiva), sí aparece reflejada en la película: Billy es el coraje pero también es la ira, Jane es la bondad pero también es la indefensión, Sam es la inocencia pero también es el miedo. Tiendo a hacer obras con muy pocos personajes para que tengan espacio donde desarrollarse.

 

-Decías también que escribir es siempre un proceso tortuoso. ¿Tiene que ver esa angustia con la dimensión catártica que suele adquirir?

Me interesa mucho el género de terror y por ende, me interesa el miedo. El miedo implica, además, un aprendizaje. No hay forma de adquirir sabiduría valiosa si no es a través de un recorrido doloroso u oscuro. Creo que todas las cosas que nos hacen crecer como personas vienen de situaciones que a priori habríamos querido evitar. Es en esos viajes donde te ves obligado a enfrentarte a las cosas que más temor te infunden. La película juega mucho con los espejos por eso: mirarse dentro es una de las cosas que más nos acobardan. Mucho más que cualquier elemento amenazador que pueda venir de fuera.

Pero sí, hay una combinación de sentimientos. Yo vivo con mucha ilusión poder dedicarme a esto. En cada década me las he apañado para ser un primerizo en algo: con veinte años esta aprendiendo a hacer cortometrajes, con treinta empecé con el guion y ahora, con cuarenta, soy un primerizo en la dirección. ¡Y ojalá pueda seguir descubriendo cosas! Mira, acabo de escribir mi primera novela, quién sabe si a los cincuenta descubriré el mundo de la literatura como autor. En todos estos cambios de rumbo he descubierto una conexión y es que la semilla de todo está muy atrás. Desde ese punto de vista me considero una persona entusiasta, disfruto mucho mi trabajo y sé que soy una persona increíblemente afortunada, lo que no quita que a la hora de sentarse frente a una página en banco aparezca ese nudo en el estómago. Lo pasas mal, pero el final del proceso trae un reseteo.

 

-¿Es cierto, entonces, que es inevitable volcarse personalmente en un guion?

Sí, absolutamente. Me ha pasado más, de hecho, con todos los guiones de los que me he sentido especialmente orgulloso, además. Algunos que todavía no se han hecho. Tengo una adaptación de una novela de Carol Rifka Brunt que se titula Deja escapar a los lobos, que escribí para Sam Raimi y que sigue pendiente. Tenemos, con este trabajo, la condición de que si no lo lleva a cabo en tres años, podré hacerlo yo, y me encantaría acabar dirigiendo esa historia porque recuerdo que, cuando escribí las páginas finales no pude evitar llorar. Es un momento en que todo cuadra y la emoción fluye. La sensación de haberte vaciado es impactante.

 

-Marrowbone está escrita en diferentes capas, ponías un ejemplo muy gráfico cuando mencionabas las típicas matrioshkas. ¿Valoras mucho la fórmula narrativa empleada en cada proyecto como vehículo de expresión de cada historia en particular?

Sí, por supuesto, pero hay algo de involuntario también, aunque parezca extrañísimo. Me explico: es algo que me he encontrado en una forma de escribir que nunca había intentado antes. Yo solamente sabía a dónde quería llegar y qué era lo que quería contar con el final de la historia, pero para llegar ahí, para que la decisión que toman los personajes de la película tuviera sentido tenía que mostrar la forma de proceder de la mente de Jack. Esto no podía hacerlo de otro modo que no fuese desde una estructura tan anómala como su cabeza. Y surgió. Me lo encontré. Escribí este guion sin planificar todas las secuencias, solo sabiendo dónde quería llegar. Yo iba escribiendo y entregando tres páginas al día y no fue hasta que llegué al final cuando empecé a reescribir dándole forma a esta idea de la muñeca rusa, los siete actos -en lugar de los tres habituales- y cada uno de ellos va con un personaje. Es un experimento que me encontré en el camino, que nace de la historia, porque a veces es ella quien te dicta cómo quiere ser formalmente. Nunca he escrito dos guiones siguiendo el mismo modelo.

-¿Has sido muy duro con tu propio trabajo como guionista desde la silla de director?

¡Sí, muchísimo! Una broma mía muy recurrente durante el rodaje era ese “¡pero quién coño habrá escrito esto!”

Viene un poco porque me gusta sentir que cada película está viva y poder ir incorporando todo lo que pase. Este guion era tan endemoniado en cuanto a estructura que, a pesar de tratar todo este trabajo como un thriller, también requiere otra lectura. Viéndola por segunda vez, la película es otra. Esto es agotador como director: tener lectura A y lectura B porque tampoco puedes saltarte mucho el guion o atender a determinadas sugerencias que un actor hace sobre su personaje porque todo tendrá una repercusión en esa lectura paralela. Eché un poco de menos tener esa figura de guionista con la que hacer un poco de pared.

-¿Siempre has tenido la pulsión de querer contar cosas o es algo que descubres con el tiempo y la experiencia?

Yo desde muy pequeño siempre quise hacer cine. Lo vivía como una fantasía pero era algo tan recurrente que acabó por imponerse. Siempre digo que mi carrera como guionista empezó casi por accidente porque lo que de verdad deseaba era contar historias. Pero también es cierto que si un guion es una historia contada con imágenes, hasta que esas imágenes no se cristalizan, la historia no se ha terminado de contar, así que  empecé a escribir guiones porque quería dirigir… aunque me sucede también que luego, cuando echo la vista atrás y veo cosas como el día del estreno en Asturias, que vino Rita, mi antigua profesora, que me hizo recordar que de pequeño en clase, cuando me pedían una redacción de una página yo entregaba un cuento de seis, pienso que lo que sucede es que siempre me gustó mucho escribir y que, a pesar de que yo diga que lo soy por accidente, igual la semilla ya estaba ahí dentro.

-¿Tienes tendencia natural hacia un tipo de historias? ¿Cuáles son los temas que más te interesan?

No creo que tenga preferencia por un tipo de historia en concreto pero sí hay una temática que me apetece más. La muerte, la familia, el hogar… y sobre todo esa zona fronteriza que separa el universo infantil de la madurez. No existe ese verano en el que te conviertes en adulto. Es algo que dura muchísimo más: los niños ya a una edad muy temprana apuntan, con detalles, a esa persona que serán con el tiempo, de la misma forma que no terminamos de soltar jamás al niño que hemos sido. Hay una parte de la curiosidad infantil que no desaparece.

 

-¿La elección de los actores es tuya?

El casting no, pero la decisión final sí que es mía. Seleccionamos a una directora de casting que fue la encargada de buscar a los actores de Harry Potter, entonces sabíamos que tenía una base de datos importante de niños en la franja de edad que estábamos buscando. Todo ese recorrido de edad lo tenía muy trabajado y nos trajo actores increíbles, caras muy conocidas y otros que todavía no tenían mucha proyección pero a los que quería dar una oportunidad. El reto era doble porque buscábamos actores a los que te creyeses pero tenían que funcionar también como familia.

 

-El hecho de trabajar con niños ¿es especialmente laborioso?

Sí, es duro pero muy divertido. A mí me encanta. Tanto en El Orfanato como en Lo Imposible estuve echando una mano como coach en rodaje y creo que es una de las herramientas más útiles que he adquirido para trabajar con actores. Cuando tú no tienes experiencia dirigiendo y tienes delante a un niño que tampoco tiene experiencia interpretando no hay pudor. No hay nada que te diga esto se puede o no se puede hacer porque todo es nuevo para los dos. Esta confianza que genera me sirvió mucho para perder ese miedo a trabajar con actores, porque es cierto que las dudas existen y siempre tienes que mantener el equilibrio entre darle seguridad y margen de actuación.

-Tienes en proyecto algún formato serializado. No habías trabajado antes así, ¿Te apetece?

Nunca he hecho nada para televisión y me apetece muchísimo porque mi gran reto siempre es contar historias que terminen en menos de dos horas. Me gustan las ramificaciones, los detalles, conocer a fondo a los personajes… todo esto me encanta y tengo una tendencia horrible a meter subtramas. Me gusta mucho de las series que verdaderamente te dan el tiempo para desarrollar esto. Yo soy una persona que adora a la gente, creo que todos somos únicos y llevamos un universo especial dentro, por eso en las películas soy más de personaje que de trama y las series te dan más espacio para dejarles crecer.

 

-¿Puedes adelantar algo de este proyecto?

Bueno, hay tres pero de momento no puedo contar nada más allá de que estoy muy contento y muy ilusionado con todo lo que me está sucediendo.

 

Maria Nymeria

Maria Nymeria

Subeditora y redactora en la Revista Tviso. "El cine es como la vida pero sin las partes aburridas" Alfred Hitchcock
Maria Nymeria

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