‘Selfie’: Larga vida al ‘mockumentary’ (**)

A un consentido niño bien se le saca de su hábitat para bajarlo al mundo que se extiende más allá de su ombligo, seguido por una intrusiva cámara que registra sus desventuras, y todo el mundo nos hemos puesto a pensar en Sacha Baron Cohen con un bañador verde. No es para menos. A mí, sin embargo, me ha recordado más a El dictador que a Borat, por aquello de ser un cuento acerca de un acomodado despreciable al que las circunstancias obligan a bajarse de la parra (en este caso, la detención de su padre, ministro acusado de una veintena de delitos fiscales) y que, confundiéndose entre la ciudadanía de a pie, acaba encaprichándose de una chavala (mejor Macarena Sanz que Anna Faris, todo sea dicho) a quien engaña cruel y constantemente. A fin de cuentas, Selfie acaba por convertirse más en esto último que en lo que pretendía: una punzante mirada hacia la “subnormalidad política” y la esperpéntica realidad de este absurdo país, que ninguna ficción parece ser capaz de igualar.

Cartel del ilustre Miguel Noguera

Bosco resulta ridículamente despreciable desde el minuto uno hasta el plano final, pero no es consciente de ello. Peca de clasista, de machista, de poser, de prepotente, de malcriado, de farsante… Al menos, el actor Santiago Alverú parece estar pasándoselo de coña con él. En cuanto se lanza a la calle después de que le embarguen su opulenta casa, recibe la ayuda de Macarena, una podemita ciega a la que incomprensiblemente conquista (declara la actriz, animus iocandi, que no sabe cómo su personaje se enamora de ese ser). Esto alimentará el resentimiento del pobre “buen chico” con el que debe compartir piso, Ramón (Javier Caramiñana). Supuestamente, Macarena representa a una España ciega, desorientada y por la que compiten la izquierda y la derecha, esta última consiguiendo camelársela y, por supuesto, tratándola fatal. Una vez establecido el símbolo, la comedia pierde gran parte de su encanto y, al menos por un lado, reproduce la fórmula del duelo de sables y la mujer como territorio de conquista.

Esto no es incoherente con el resto de la propuesta, pero fagocita y agota la sátira. El propio director dio cuenta de la facilidad con la que se desgasta el formato “falso documental” si se abusa de él. Yo incluso añadiría que ya está agotado y punto. Aunque el punto de partida de Selfie es interesante, me ha parecido desaprovechado y poco convincente, pero quizá solamente estaba a una reescritura de ser una comedia memorable. Aun así, me quedo con la impresión de que fue un proyecto ilusionante. ¡No todos los días puede uno asomarse de estrangis en la charca de Esperanza Aguirre!

NOTA: ** de 5

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Cinéfilo, cineasta amateur, a veces incluso juego a ser periodista. Veo películas si la universidad me deja tiempo y me quejo mucho de mis cortos. Mi mayor fan es mi madre. La gente quiere de eso que fumo, pero es que yo también.
Sergi Monfort

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