«Season of the Devil» de Lav Diaz

Tras dejar impronta en la Berlinale del 2016, con la que seguramente sea su obra magna, A Lullaby to the Sorrowful Mystery, de 8 horas de duración y con la que se alzó con el Premio Alfred Bauer (que como anécdota, hizo que al finalizar la proyección en el Berlinale Palast entraran las cámaras de televisión con focos de luz a entrevistar a los que asistimos, como si se tratara eso de un zoo en el que se hubiera realizado un experimento antropológico con el público), Lav Diaz volvió a la Sección Oficial de la Berlinale, y pasó luego por el Festival de Sitges 2018, para presentar una película más contenida de metraje: tan solo 4 horas. Season of the devil (título en inglés) es incluso dentro de la filmografía de Lav Diaz una rara avis, pero paralelamente también una de las películas más accesibles del director filipino.

En esta ocasión se ha atrevido a realizar un musical que resulta a su vez un anti-musical, pues todos los cánticos son en a capella, habiendo compuesto el propio Lav sus letras y tonalidades; pero la obra se percibe más bien como una ópera rock que se adentra en la mitología a partir de una narrativa y personajes compuestos a desde sucesos y personas reales de un período concreto, y, usando de trasfondo una historia de amor, persigue retratar uno de los periodos más oscuros de la historia de Filipinas, bajo la dictadura de Marcos. A finales de los años 70, una banda de milicianos controlados por militares aterroriza un pueblo remoto en Filipinas. El terror infligido a los ciudadanos no es solo corporal, sino también intensamente psicológico ya que no dejan de recibir apócrifos cuentos sobre el líder de la aldea. No obstante, algunas almas pelean y se niegan a darse por vencidas. Y ahí surge el poeta, profesor y activista Hugo Haniway, héroe de esta epopeya que busca desesperadamente la verdad sobre la desaparición de su esposa.

Con ello, resulta interesante como Lav Diaz se dedica en las primeras dos horas a construir los cimientos de su mundo, para luego dedicarse en las dos siguientes a derruirlos sin piedad, de forma lenta. Todo ello, con una audacia y una belleza poética, a partir de una simplicidad y repetitividad de unas composiciones que contribuyen a una sensación lánguida y algo deprimente, pero intensas y que desprenden enojo hacia lo que busca criticar, y que hacen de la obra una pieza trascendental. El filme logra dejar al espectador en un estado de hipnosis total, y su metraje transcurre con una sorprendente liviandad –a pesar de desconectar tal vez en algún momento–. Los cánticos del mismo, estuvieron de hecho resonando en nuestras cabezas durante el resto del Festival. Una experiencia experimental más que recomendable para todo aquel que tenga la oportunidad de verla en algún cine, aunque resulte complicado por desgracia como gran parte de su filmografía, debido a su escaso carácter comercial.

Rubén SC

Rubén SC

Graduado en Derecho. Master de Abogacía. Diplomatura de Dirección de Cine.

“El cine es una enfermedad; cuando infecta tu riego sanguíneo, toma el liderazgo como la hormona más potente.”
-Frank Capra
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