Rogue One, una historia de Star Wars: La Fuerza se toma un respiro

Hace mucho, mucho tiempo, pero no tanto, treinta años a lo sumo, LucasFilm ya trató de exprimir el filón de la franquicia galáctica propiciado por la trilogía original a través de shows navideños especiales para la televisión, series de animación y dos spin off de larga duración, para ser exactos La Aventura de los Ewoks y La Batalla de Endor. El principal escollo de esas aventuras paralelas al universo oficial Star Wars eran sus paupérrimos presupuestos y un control de la calidad final del producto que, al menos en sus primeros escarceos en la pequeña pantalla, no siempre estaban sujetos al férreo control creativo de George Lucas. Desde que Disney tomó el control de LucasFilm comprándola por 3.125 millones de dólares, sabíamos que no se conformaría con producir únicamente una nueva trilogía o sacar rentabilidad económica de los juguetes y el merchandising con la marca de la franquicia, y no tardó en anunciar que sacaría tajada de su adquisición lanzando cada año una nueva película basada en su vasto universo y sus personajes más conocidos. Ahora Disney se ha convertido en el nuevo Imperio, tiene a su disposición el poder necesario y todos los medios técnicos para crear algo nuevo y mejor, pero como la mortífera Estrella de la Muerte, ellos también tienen un punto débil: se les ha olvidado hacer algo que además de opulento y fuerte parezca nuevo.

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Como a toda saga cinematográfica que se jacte de su longevidad, a Star Wars se le atraganta su propia leyenda y sus nuevas aventuras están condenadas a tropezarse con la reiteración, si bien Rogue One cuenta con la ventaja de no tratarse de una reproducción exacta de la lejana La Guerra de las Galaxias (1977, George Lucas) como lo fue El Despertar de la Fuerza (2015, J.J. Abrams) y aquí, en un prólogo directo a lo sucedido en la primera entrega, sólo cabe hablar de unos puntuales -pero demasiado obvios- guiños al mismo clímax bélico acontecido en El Retorno del Jedi (1983, Richard Marquand) en lo que, dicho sea de paso, se erige en un vertiginoso tramo final que transcurre entre asaltos de cazas rebeldes a la Base Imperial y una ejemplar batalla a pie de mar entre rebeldes y tropas de asalto -la que más denota el espídico pulso de su director, Gareth Edwards-. Nada que objetar a un estimulante y vigoroso tour de force final que permite levantar el vuelo y dejarte con un (in)completo buen sabor de boca.

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La base argumental es la de siempre, los rebeldes contra el Imperio; o lo que es lo mismo, el bien contra el mal. Jyn Erso (Felicity Jones) es la hija de Galen Erso (Mads Mikkelsen), un ingeniero obligado por el Imperio a diseñar el arma más mortifera de la galaxia, la Estrella de la Muerte, y Jyn liderará junto a Cassian Andor (Diego Luna) un grupo de mercenarios rebeldes dispuestos a robar los planos de la aparentemente indestructible estación espacial. Y poco más hay que contar a lo largo de 133 minutos que, haciendo honor a la verdad, nunca se hacen pesados, pero apenas esconden nada destacable al margen de un magnífico Donnie Yen que se divierte como un crío pequeño transformándose en el Obi Wan Kenobi oriental que Toshiro Mifune habría podido y rechazó ser -aunque su Chirrut Imwe se asemeja por momentos a un Quijote que cree estar protegido por la Fuerza mucho más que a un auténtico Caballero Jedi-.

Donnie Yen y Wen Yiang son Chirrut Imwe y Baze Malbus

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Mientras tanto Felicity Jones demuestra que no es posible liderar un capítulo de la franquicia más popular de la historia del cine fantástico limitándose a poner cara de mala uva durante más de dos horas. Incluso esa réplica digital -y casi perfecta- de Peter Cushing desprende más vida con su mirada pixelada que la protagonista de Un monstruo viene a verme (2016, J. A. Bayona), y francamente, hace tiempo que pienso que esta mujer es una variante de Ingrid Rubio aquejada de parálisis facial.

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A mitad de metraje, un miembro de la resistencia llamado Saw Gerrera e interpretado por Forest Whitaker -además de ser uno de los personajes rescatados de la serie de animación Clone Wars– grita esperanzado ‘salvad la rebelión, salvad el sueño’. Eso es justo lo que ha hecho Disney, lograr que la marca Star Wars siga siendo sinónimo de entretenimiento, pero renunciando a volver a ser algo más que una simple distracción para llenar las salas. No obstante convendría no excederse en la actual dejadez de los guiones ni confiar exclusivamente en el poder de atracción de la franquicia. La Fuerza es poderosa, pero no tanto.

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

3 Comentarios

  1. Parece que alguien ha estado mas entretenido en buscar defectos que en documentarse.
    El jedi “quijotesco” es una clase de personaje ya contemplada, por ejemplo.

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    • Ole tú. Te habrás quedado anchísimo. Ni una palabra de Orson Krennic, interpretado por Ben Mendelsohn. Ni de K2SO, un robot irónico a más no poder que por primera vez en toda la saga no estorba ni ridiculiza las escenas (véase C3PO en la peli del año pasado). Ni de las dos (si, sólo dos, pero qué dos!) escenas de Vader. Y de la banda sonora para qué vamos a hablar hombre, eso en Star Wars no se cuenta.
      Dices que, como siempre, son buenos contra malos. Y la primera escena de un “bueno” resulta que asesina a un tío por la espalda. Luego los buenos mandan matar a un inocente. Luego los buenos bombardean sin motivo aparente. Luego deciden dejar tirados a gran parte de sus tropas. Y así muchas decisiones que sorprenden. Pero NO NO NO, son buenos contra malos… Para una vez que nos ponen a la Rebelión como un gris, y no un blanco inmaculado, para una vez que les vemos discutir entre ellos, y te quedas en el “buenos contra malos”.
      Es alucinante que te hayan dejado escribir semejante basura. Espero que al menos la hayas visto en VO y hayas podido apreciar bien a los actores para poder decir que Donnie Yen ha estado magnífico, porque si no ya sería para mear y no echar gota…

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    • El comentario no iba para tí, Jesús, si no para el redactor del artículo (por llamarlo de alguna forma).

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