Revenge: Esta muerta está muy viva

Si ‘Amor carnal’ (2016, Ana Lily Amirpour) trató de colarnos una distopía extraña, postapocalíptica y más blanda que una cagada de palomo bajo un artificial subterfugio feminista cuyo incomprensible mensaje no captó ni su propia directora, puede que ‘Revenge’ (2017, Coralie Fargeat) sí haya dado en el clavo, no yéndose por las ramas, vomitando gore y recurriendo a las fuentes más sucias del subgénero de venganzas. Coralie Fargeat reutiliza a golpe de empoderamiento sádico un espíritu de vendetta presente en toda rape & revenge que se precie, y lo impregna con tanta testosterona como en un survival que Alexandra Aja hubiese firmado gustoso hace varios lustros, sólo que transformando toda esa energía masculina en estrógenos de destrucción masiva.

Jen es vejada y maltratada por tres cerdos asquerosos… pero logra burlar a la muerte.

Aquí el reguero de sangre es desatado por una mujer objeto -sólo al comienzo- que pasa de muñeca ultrajada a guerrera polvorienta -una soberbia y transformadísima Matilda Lutz (‘Señales’, ‘Summertime’)- con sed de revancha. O para entendernos mejor. Hagamos que la prota de ‘La Violencia del Sexo’ (1978, Meir Zarchi) adopte las mismas maneras que el cazador Burt Reynolds en ‘Deliverance’ (1972, John Boorman) y se introduzca de pleno en un escenario árido, polvoriento y rocoso que recuerda al de ‘Caza Bajo el Sol’ (2014, Jean-Baptiste Leonetti). El resto, como suele suceder en estos casos, consiste en dejar que la escabechina siga su curso, la sangre fluya entre las piedras y los abusadores caigan uno por uno. Nos lo sabemos ya de memoria, pero siempre es grato recrearse viendo cómo unos puercos reciben su justo merecido. ¡Que dé comienzo la cacería!

¡Jen regresa para cobrarse su venganza!

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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