Red Army y el potencial de los documentales

A pesar de que los documentales no suelen figurar en mi lista de preferencias cinéfilas, fui al cine a ver Red Army y al salir de la sala pensé que, clarísimamente, este documental habría estado entre las nominaciones a los Oscar en su categoría correspondiente. Sin embargo, para mi sorpresa – y la de probablemente todos y cada uno de los espectadores del mismo -, los títulos que ocupaban esa sección no lo incluían.

Resulta cuanto menos intrigante que de todos los largometrajes aparentemente merecedores de una nominación a “Mejor Documental” casi ninguno haya llegado a los cines españoles más concurridos o que, en caso de haberlo hecho, no se les haya dado una publicidad similar a la que Red Army ha tenido (que, a pesar de ser escasa, ha sido suficiente para arrastrar a curiosos como yo al cine). Ante esto, parece lógico pensar que si este documental es tan poderoso, muchos otros – de supuesta mayor calidad – también lo serán, lo cual llevaría a una inevitable conclusión: este género tendría que tener un papel más fuerte en las prioridades cinéfilas de cada uno, así como su publicidad y oferta de visionado debería empezar a florecer para hacer llegar a la población potenciales joyas cinematográficas con las que uno no sólo disfruta, sino que también aprende.

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Y es que con Red Army, Gabe Polsky – estadounidense de raíces soviéticas -, muestra a su público cómo la Unión Soviética manejaba los hilos de un duro régimen que estaba en constante disputa con el capitalismo de los Estados Unidos. Sorprendentemente, este joven director opta por llevarnos de la mano a lo largo de todos los altibajos de la que se conocía como la URSS situando como epicentro de su propio planteamiento a uno de los deportes que más se practicaba en Rusia: el hockey sobre hielo.

Entrevistas mediante, y contemplando un montaje espectacular, los espectadores nos sumergimos en la más profunda Unión Soviética a través de las vidas de unos ya retirados jugadores de hockey que, gracias a sus respuestas, silencios, miradas y actitudes, nos muestran cómo ese supuestamente inocente deporte en realidad era una implacable arma política y propagandística cuyo principal objetivo era el de mostrar al mundo entero cómo el régimen de la URSS era un aparente modelo de éxito digno de ser admirado.

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Gracias a una duración que se pasa en un rapidísimo suspiro, a una explosiva banda sonora compuesta por Christophe Beck (Paperman), y a esa desconocida historia cuyo planteamiento resulta tan interesante como creativo, Red Army hace que pongamos en duda muchas de las nominaciones a los Oscar de este año: las de Mejor Documental, Mejor Montaje y Mejor Banda Sonora Original.

Sobre todo esa última, porque aunque yo sea un fan incondicional de Alexandre Desplat, todos sabemos que la música de El Gran Hotel Budapest  no le llegaba a la suela de los zapatos ni a este trabajo de Beck, ni a las increíbles partituras que Zimmer compuso para la polémica Interstellar.

¿O sí?

Nicolas G. Senac

Nicolas G. Senac

Licenciado en medicina. Cinéfilo. Seriéfilo. Blogger. Defensor de la célebre frase de Walt Disney: "We are not trying to entertain the critics. I'll take my chances with the public"
Nicolas G. Senac

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