¿Qué diablos es Babadook?

¿Qué demonios estoy rodando? Es posiblemente la pregunta que sacude la cabeza de la australiana Essie Davis -una vieja conocida para los seguidores de la trilogía Matrix- mientras se pasea durante noventa y tres largos minutos por la pantalla en permanente estado de somnolencia en este desconcertante primer trabajo de la actriz y directora Jennifer Kent. El sosegado y cansino ritmo de arranque de esta nueva cinta de terror llegada desde las antípodas te predispone a pensar que quizás se trate de una nueva modalidad de horror psicológico, con un enfoque flemático y mesurado, precursor de alguna variante experimental de género fantástico indie. Lo cierto es que la acogida positiva de la crítica en el Festival de Sundance 2014 me predispuso a lo mejor. Pero no hay trampa ni cartón, la debutante tras las cámaras se planta con una dirección escénica plana y casi televisiva y actores que se mueven con un gesto de empanamiento perpetuo que no desaparece hasta llegar casi a la hora de metraje.

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A priori se trata de un thriller sobrenatural e intimista sostenido por el eje central de la relación entre un niño de seis años inadaptado e hiperactivo y una madre sobrepasada por la ausencia de la figura paterna -y de cuya muerte apenas se explaya el guión salvo en un par de escenas-.

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Acabas por no encontrarle mas pegas al argumento que el tono deliberadamente tedioso con que la directora subraya la monotonía que rodea a los personajes.

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Pero en ocasiones, cuando miras debajo de la cama y comienzan a aparecer los primeros elementos de cine fantástico hubieses preferido que la historia se quedase tal y como estaba…

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Con el precipitado arranque de una trama sobrenatural muy cogida por los pelos -con un libro embrujado de por medio de cuyo origen no se nos explica nada-, la narración echa por tierra toda la premisa argumental previa sobre la esquizofrenia y las obsesiones infantiles y degenera progresivamente en un desordenado y mareante tour de force final que apretuja en apenas media hora a un repelente chaval cazador de fantasmas.

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Una imposible madre bipolar y neurótica que adquiere súbitamente tendencias homicidas .

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Y sin que tengas tiempo de asimilar el frenético cambio de rumbo de la narración, el despropósito mas histérico campa a sus anchas en el metraje con muebles que cobran vida, escaleras endemoniadas y camas que golpean el suelo con una fiereza que remiten directamente a los efectismos empleados hace más de tres decadas por William Friedkin en El Exorcista (1973) .

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En este despropósito cabe hasta un patético hombre del saco -o lo que sea esto- que parece diseñado por un niño de 6 años:

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Por otro parte, ni mucho menos es normal que a mediados de enero ya tengamos un serio aspirante al actor infantil mas insufrible y cargante del año. El inventario de aspavientos, muecas y tics de enfurecimiento del pequeño Noah Wiseman en cada una de sus posesiones por el ente que da título al film acaba haciéndose pesado, grotesco y por momentos resulta incómodamente forzado:

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A veces el paso previo por los circuitos festivaleros engorda injustamente, con dictámenes rápidos y dudosos, la buena reputación fabricada desde las distribuidoras de algunos estrenos como The Babadook, siempre por intereses comerciales que tienen más que ver con una eficaz campaña promocional que con la calidad real de lo que te encuentras al pagar por una entrada de cine. Es sólo una forma de crear ilusionismo mediante el marketing viral.

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No es necesariamente una mala película, simplemente otro pasatiempo de sangre y sustos que las buenas críticas me han vendido como una apuesta arriesgada y distinta.

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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