¿Puro vicio o puro vacío? (***)

La sensación que he estado teniendo estos últimos meses antes de que se estrenara la adaptación de Vicio propio era de que, si no ibas con el libro leído, no tenías la potestad de opinar sobre la película. Se ha oído y se oirá de todo lo que puedan opinar los lectores (que si está bien, que si se han quitado partes importantes, que si mantiene la disección sociopolítica, que si no, que si el árbol era mejor que el libro) y los fanáticos de un autor que, confieso con la mano sobre la espina en el costado que es mi ignorancia, no sabía ni lo importante y trascendental que ha resultado ser, ni siquiera que existía alguien llamado Thomas Pynchon.

El otro extremo lo componen los míos. Es decir, los incondicionales (una palabra muy fea y muy peligrosa) de Paul Thomas Anderson, todavía uno de los directores más interesantes vivos en este momento. Leí a alguien decir que lo que ha hecho el responsable de la acojonante The Master es intentar hacer coherente lo incoherente, darle una forma a Pynchon que nunca debió tener, hacerle encajar en el mainstream con su obra más accesible, intentar hacer posible lo imposible. Desde mi punto de vista de lector moderado y de cinéfago entregado, lo ha conseguido a medias.

A quien sí he leído es a Raymond Chandler y su «largo adiós». Otros ya han añadido al gran Lebowski a la ecuación por mí y comentado lo mucho que el infalible Joaquin Phoenix se asemeja con El Nota, no hace falta que me extienda. Los laberintos argumentales (el espectador necesitaría algo así como el esquema de nombres y relaciones que se apunta el detective Sportello en una pizarra, ese que se ve durante pocos segundos), las continuas bombas de diálogos crípticos, el constante ir y venir de personajes, de nuevos detalles que se amontonan durante dos horas y media sin final… hacen que las pesquisas del buen Philip Marlowe parezcan un episodio de Dora la Exploradora. Puede que uno de los problemas de esta película es que a muchas de sus secuencias y a muchos de los diálogos me los imagino quedando infinitamente mejor en papel que en la pantalla. Aunque esto es, nuevamente, una verdad a medias.

Porque Paul Thomas Anderson nunca jamás ha sido, ni tiene pinta de plantearse ser un cineasta a medias. Sigue siendo un amante bandido de los planos ultralargos y de los personajes al borde del surrealismo. Le encanta ese recreo que se puede permitir; es un tío groovy (como ya demostró en la magistral Boogie Nights). El extensísimo plano en el que la ex novia de Sportello —y leitmotiv de la película— realiza una confesión al (permanentemente) colocado Doc mientras le calienta como un demonio es un acierto tan grande de técnica y actuación que parece aquella escena parecida de Eyes Wide Shut con (más) hierba (e invocar este nombre son palabras mayores).

Y a pesar de que Anderson sea un dios de los pequeños detalles, aquí no veo toda su colosal fuerza a grandes rasgos. ¿Es una comedia? No tiene tanta gracia. ¿Es una película de detectives? Casi preferiría coger el libro. ¿Es pesada? Depende. Una vez te has quedado incrustado en la película, tus opciones son o desear que se acabe cuanto antes (como el señor Boyero) o «quedarte a «vivir en ella» (como expresa Luis Martínez) en este mundo tan extraño de almas perdidas, en un país convulso que se ha retratado, escrito y puesto en pantalla durante un viaje de los buenos. Si te entregas, nunca será suficiente.

En efecto, no es suficiente. Es otra buena muestra de por qué respeto y admiro tanto a este genio, aun siendo una de sus películas más flojas. No puedo dejar de pensar que el material de base es demasiado rico como para que esté dirigida tan a medio gas, con salvedades. Agradezco esto: que podría haber sido muchísimo peor. Bien está lo que bien acaba.

Tengo la impresión de que mañana me gustará más que hoy, y así sucesivamente.

NOTA: ***/5

  • Estreno: 2014 6.5
  • Género:
La historia está ambientada a finales de los años sesenta en Los Ángeles. Doc Sportello es un detective privado que hace mucho tiempo que no ve a su ex novia Shasta, hasta que un día ésta contrata sus servicios para resolver la desaparición de Leer más

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Haga lo que haga, hago cine en todo lo que hago.

Director, guionista y periodista a tiempo parcial. Consumidor de ficción a tiempo completo. A veces se me ve rodando.

www.sergimonfort.com
Sergi Monfort

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