Para lo que hacemos en las sombras, hagamos una serie (***)

Es el año 2014 y estás hasta el gorro de tantas parodias de terror, o de tanto terror que deviene parodia. En concreto, el tema de los vampiros te tiene especialmente quemado. ¡Son como la arena, están por todas partes! ¡Son unos pesados! ¡Ni siquiera el creador de American Horror Story quiso tener nada que ver con vampiros! Y no solamente eso. ¿Qué piensas cuando oyes «falso documental«? Yo pienso: «¿otra vez?». Esto, unido a la tendencia del «metraje encontrado» (El proyecto de la bruja de Blair, Paranormal Activity... cada año hay mínimo una de estas), es la mayoría de las veces el típico recurso de la pereza cinematográfica (más efectivo en comedias que en otra cosa). Así que, en el año 2014 (o 2015 si vives en España), ¿por qué tendría yo que ver un falso documental acerca de vampiros si son dos cosas que me tienen frito?

Pues te lo diré yo: porque está para desnucarse de la risa. Al principio de Lo que hacemos en las sombras, suena el despertador y un saltarín chupasangre llamado Viago se levanta con ilusión de su ataúd para empezar la noche neozelandesa. Es el encargado de despertar a sus compañeros de piso: un ex-vampiro nazi irresponsable llamado Deacon, un vanidoso monstruo sexual llamado Vladislav y un anciano y terrible nosferatu llamado Petyr (y una mención para el único humano de toda la película que sale mínimamente beneficiado, el entrañable informático Stu). En una época en la que recién hemos pasado la resaca de atolondradas adolescentes que soñaban con que un señor pálido les abordara por las noches para reventarles la yugular y transformarlas en criaturas de la noche, hace falta mucho coraje, mucha inteligencia y mucha gracia innata para hacer que una comedia así no solamente funcione, sino que cuaje.

Primero que nada, se necesita una profunda autoconsciencia. Los directores Taika Waititi y Jemaine Clement saben en qué terreno están jugando, saben que les ha tocado vivir en un mundo en el que Crepúsculo se ha convertido en un triste referente cultural en la materia de los no muertos, que los únicos que recuerdan a Murnau son los estudiosos del cine, que no quedan demasiados enfoques desde los que tratar este tema. Teniendo todo esto en cuenta, les ha salido algo relativamente notable: los amos de la noche son unos divertidos inadaptados, ponen todos sus poderes al servicio de la hilaridad, la sangre brota a chorros (¿adónde iríamos sin ella?) y, a medida que avanza el metraje, del seguimiento de la vida diaria de estos personajes, pasamos a un estadio todavía más falseado y todavía más divertido. Te vas olvidando de que has entrado en un falso documenal y te das cuenta de que has acabado en una pura comedia de situación que merece continuar.

Además, todos los personajes tienen algo por lo que profesarles cariño. Ahora bien, ¿por qué no debería ver una comedia acompañado de unos individuos con los que no me importaría pasar temporadas enteras, en la que casi todos los chistes funcionan (brillante el breve símil que explica por qué los vampiros las prefieren vírgenes), sangrienta, corta (poco menos de hora y media, es decir, más comedia en menos tiempo, que es lo ideal) y en la que salen hombres lobo caracterizados como un grupo de terapia lleno de hipsters?

NOTA: ***/5

  • Estreno: 2014 7.8
  • Género:
Viago, Deacon y Vladislav son tres vampiros que comparten piso en Nueva Zelanda. Hacen lo posible por adaptarse a la sociedad moderna: pagan el alquiler, se reparten las tareas domésticas e intentan que les inviten a entrar en los clubs. Una vida no Leer más

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Haga lo que haga, hago cine en todo lo que hago.

Director, guionista y periodista a tiempo parcial. Consumidor de ficción a tiempo completo. A veces se me ve rodando.

www.sergimonfort.com
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