Otro titular sobre el plano secuencia más largo: Victoria (***)

El primer crédito que aparece al final de Victoria es el del cámara, y no es para menos. Sturla Brandth Grovlen sería un nombre muy a tener en cuenta en el mundo del cine si mortales como yo fuéramos capaces de recordarlo. Abro el cuadernillo Rubio y me lo apunto: «Contratar a Sturla Brandth Grovlen, Sturla Brandth Grovlen, Sturla…».

Ya no es ningún secreto que ya han quedado caducas las reivindicaciones de El arca rusa como el plano secuencia más largo e impresionante de la historia del cine* (90 minutos de tour por el Museo del Hermitage de San Petersburgo y, a través de la historia rusa… y aunque la mitad no nos enteramos de demasiado, las palabras «plano secuencia» normalmente tienen el mismo efecto en los cinéfagos que un lap-dance de Emily Ratajkowski). 134 minutos con la cámara encendida, sin cortes y sin pausas, suenan, por lo menos, como un espectacular e infalible reclamo para los amantes del arte cinematográfico, o como el caldo de cultivo para el escepticismo más serio. ¿Qué puede ofrecerme una película tan larga en una sola toma? ¿Es una historia que se podría haber contado fragmentada? ¿O es que la historia es simplemente una excusa al servicio de un eslogan? («One girl. One city. One night. One take»; desde los mismos pósters sabemos cómo nos la quieren vender, y no es muy sutil). ¿Será que el principal motivo por el que la gran mayoría de los espectadores nos habríamos interesado jamás en verla, justifica y maquilla el hecho de que debajo de la atrevidísima técnica, no hay nada? ¿De qué va Victoria?

Victoria es una chica española que trabaja en una cafetería en Berlín pero que no habla ni papa de alemán. En mitad de una noche despreocupada de fiesta, se cruza con una pandilla de maleantes entre los que se encuentra Sonne, con quien forjará una especial lazo. Como quien no quiere la cosa, casi por inercia, pasará las últimas horas de oscuridad con este grupo, hasta que eso mismo hará que se vea envuelta en algo mucho más serio y peligroso. Todo esto contado en un único plano desde las 4 y pico de la mañana hasta el despuntar del día, entre los barrios berlineses de Kreuzberg y Mitte, entre otros.

Que ese plano suponga una importante y loable muestra de chulería (no solamente en el trabajo técnico, sino de los mismo actores que tenían que convertir, improvisación mediante, 12 páginas de guión en este monstruo), no quiere decir que no implique una serie de riesgos. A veces sí se les ve el plumero (un desenfoque puntual, un actor que equivoca y suelta un gazapo en forma de spoiler aunque no lo sepamos, la necesaria incursión de grano o ruido en la imagen al depender en todo momento de la luz natural…).

Uno de los (múltiples) problemas que tiene la película es el surfeo entre géneros (algo que intenta decorar conlos interludios musicales), de forma que se divide en dos partes: una es un interesante indie-drama que bien podría haberlo dirigido el genial Richard Linklater (el símil no es mío, sino de The Hollywood Reporter) y la segunda un thriller de acción que no se termina uno de creer.

Tampoco me gusta el personaje de Victoria (pero la actriz, Laia Costa, un montón; como todo el reparto, está brillante). Además de conocer un poco de su pasado, salí del cine sin saber nada de ella (y sí, otro problemita del plano único es que se pierden detalles, micro-expresiones, subtexto…) y casi que parece un pelele en manos de los protagonistas masculinos que conducen la acción. No me parece un personaje fuerte con motivaciones para nada de lo que hace y decide, no me trago su desarrollo, ni mucho menos las trepidantes escenas en las que se ve envuelta al final, y que se desbancan por completo de lo que hemos visto al principio.

Aunque haya pasado más tiempo describiendo sus fallos que sus aciertos, no puedo negar que ha sido una chuchería para mis ojos y una experiencia la mar de intrigante. Sigo defendiendo que este tipo de plano es la forma más veraz de contar una historia (aunque también hay que saber qué tipo de historias conviene contar así) y, por lo menos, la primera mitad de la película consigue invitarte a la noche berlinesa sin reservas, tan continua y real como si tú estuvieras caminando, entre la borrachera y la resaca, de vuelta a casa en las horas muertas. Al menos, sé que los que hemos estado en una situación parecida a dicha primera mitad, podemos certificar que el momento se captura con talento… pero no creo que los que hayan experimentado vivencias como las de la segunda, puedan decir lo mismo.

La gran obra maestra rodada en un solo plano (teniendo en cuenta que ni La soga ni Birdman hicieron eso) todavía está por llegar.

NOTA: ***/5

*P.D: Que sí, listillas y listillos, que Andy Warhol ha hecho planos de 8 horas y más dejando la cámara quieta y largándose a por un bocata de calamares, pero en ese debate no pienso entrar.

 

  • Estreno: 2015 7.9
  • Género:
Rodada en un único plano secuencia, el film tiene como escenario el famoso barrio berlinés de Kreuzberg. La cámara es testigo de todo lo que le pasa a la joven Victoria, una joven española de Berlín, durante dos horas de su vida: desde las cuatr Leer más

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Haga lo que haga, hago cine en todo lo que hago.

Director, guionista y periodista a tiempo parcial. Consumidor de ficción a tiempo completo. A veces se me ve rodando.

www.sergimonfort.com
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