Nocturna Film Festival – Días 4 & 5 – Diez minutos con Nacho Vigalondo

DÍA 4

En el Nocturna hoy ardía el photocall incluso más que en el día de la inauguración. Al calor del flash, posaban los responsables y participantes del corto que más parda la ha liado hasta el momento. A mis veintiún años, creí haberlo visto todo (mal asunto si así fuera), pero en el tema de material promocional, jamás en toda mi vida me había cruzado con pajaritas que anunciaban el título de You’re Gonna Die Tonight, la obra de Sergio Morcillo que se convirtió en el acontecimiento de la noche. Nombrar a todos los miembros del equipo de fútbol que se acumuló en el escenario sería una locura. Reconocí, sin embargo, al mismo director, al guionista Álvaro Fuentes y al productor Adán Latonda, el dueño y señor del estudio Fonofox.

champions

El equipo de “You’re Gonna Die Tonight” como posando para la foto antes de la Champions

El corto, una dedicatoria al recordado Wes Craven, rodado en inglés con acento español, sigue a una mujer que vuelve a su casa entre flashbacks de una noche loca de las que salen en los videoclips, para relajarse y darse un homenaje. De pronto, recibe la llamada de un acosador que claramente vio Scream. Esta no es la única referencia/homenaje a los clásicos del slasher, pues el psicópata en cuestión tiene una máscara de piel de cuyo responsable quiero el número de teléfono. Morcillo no se esconde de la sangre ni el morbo, y a los fans les encanta que sea así. De momento, es el corto con más arco argumental que he visto en el festival (y aun así no le daría la Palma de Oro), y eso se agradece, especialmente en un momento de la semana en el que empezaba a pensar que el género de terror en el formato breve estaba agotando sus posibilidades.

El ausente Jaume Balagueró (que en ese momento, según se anunció, estaba ocupado tuiteando “la batalla entre los antidisturbios y los protestantes en el barrio de Gràcia”) producía la película que venía a continuación, a cargo de Alberto Marini. Película española rodada (mayoritariamente) en inglés sin acento español, Summer Camp hizo estallar a más de uno. En los momentos en que pretendía dar terror, daba risa. En los momentos en que pretendía dar risa, daba risa. Esto ya nos dice algo positivo: te guste o no, seguramente te lo pases bien en un momento o dos, especialmente teniendo en cuenta que no está exenta de puntazos, como una desternillante y negra escena que tiene que ver con el inoportuno sonido de un teléfono móvil y un final que juega estupendamente la carta de la anticipación hasta que se hace tan explícito que pierde fuerza. Hubo algún incidente con el formato de la imagen, pero nadie salió herido de gravedad.

Higiene dental en “Summer Camp”

Después de la medianoche, debo de convertirme en una persona gruñona y despreciable, porque nada bueno pasó después de las doce. Basta con decir que (ya sea por culpa de la nula coordinación entre mi salida del cine y el transporte público madrileño, o por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, porque tomé la decisión de entrar a la última sesión en primer lugar) acabé llegando a casa a las 3:30. Al menos podría habérmelo compensado una película decente, pero The Hexecutioners es una película espantosa. La idea es que una ley permite a los doctores aplicar el suicidio asistido a pacientes graves en sus propios domicilios, y esto causa más de una controversia entre los familiares implicados. Coged este concepto prometedor e imaginad el peor camino que podría tomar. Ni siquiera estáis cerca de palpar el desastre. La película no solamente es una soporífera sucesión de acontecimientos que no tienen sentido, sino que además contiene una escena muy interesante que es capaz de despistarme y hacerme creer durante cinco minutos que estoy viendo algo que merece mi tiempo. La escena en cuestión mezcla “a la Schindler” el monocroma y algunos elementos de color sus planos y, en estilosa cámara lenta, nos muestra una ejecución muy interesante. Lo peor es que pictóricamente es formidable, pero narrativamente solamente se añade al sindiós. Y el búho que no llega a su hora. A mí quién me mandaba. ¡A mí quién me mandaba!

Esta imagen es del principio de la peli, cuando, inocente de ti, piensas que tiene potencial

Y eso que todavía tengo que largarme a estudiar.

DÍA 5

Querido diario: hoy casi me he cargado un foco. Que no pare la fiesta. Esto es el Nocturna Film Festival.

Jon Mikel Caballero subía al escenario sin ningún séquito ni club de fans acompañándole para presentar el mejor corto (y más caro, parece) del festival hasta el momento: Cenizo, un drama sobre los desalojos hipotecarios con alienígenas nazis cuya debilidad son las cenizas. No pinta mal. Y menos cuando los extravagantes y autoconscientes efectos especiales y su manejo recuerdan al más estrambótico Javier Fesser.

Haceos una idea.

No tan atinada estaba la película que nos presentó luego un nombre sonado que debió recibir una multitud más numerosa de no ser porque su evento estaba programado para la hora de la siesta. Nacho Vigalondo era el artista en el que había pensado el director John C. Waller para el papel del malvado Guillermo en su película Camino. A pesar de transcurrir en Colombia en la ficción, Nacho aprovechó el rodaje para disfrutar unos días en Hawái que asegura que no volverán. “Muy bien tiene que ponerse la cosa para que yo regrese a Hawái”, sentenciaba. Esperemos que le fuera estupendamente, porque el film salió un poco menos bien. Kill Bill meets Rambo no debería ser tan poco llevadera. Zoë Bell es una fotoperiodista (que además no ha olvidado sus stunts como La Novia tarantiniana) que acompaña a una guerrilla colombiana que ha accedido a acogerla y que está liderada por Guillermo “El Güero” (interpretado por el actor cántabro), un despiadado líder que no vacila en degollar a quien sea para conseguir lo que quiere. Una prodigiosa fotografía diurna se combina con una horrorosa e incómoda fotografía nocturna (y teniendo en cuenta que más de la mitad de la película transcurre de noche…) en una persecución en la que realmente no consigues meterte, salvo cuando ponen a Bell partiendo la cara a peña (de día). Vigalondo tampoco habría sido mi opción ideal para encabezar el papel antagonista.

La primera foto de Nacho Vigalondo que aparece en Google Imágenes.

Después de buscar al cineasta desesperadamente, un colega de Sitges Experience y yo lo encontramos en una terraza atendiendo a diversos periodistas.

Así, poco más o menos, transcurrió mi parte…

SM:- Respecto a tu papel protagonista aquí (el mayor hasta ahora) u otros más secundarios que hayas interpretado, ¿cuál es el gran salto, en sentido positivo y negativo?

NV:- Es como una pregunta que me hacen mucho, que es la de qué diferencia hay entre hacer un largo y un corto. Y siempre digo lo mismo: ante una toma que no sale, la situación es la misma. Las cuantías y las proporciones cambian, pero si vamos a lo que vamos, es lo mismo. Hacer un largometraje para mí no es más o menos fácil o difícil que un corto. El desarrollo también es igual. El tamaño no cambia la disciplina.

SM:- Siempre nos va a sorprender que un cineasta nacional vaya a triunfar a América, pero hay algo que siempre se dice: cuando un cineasta de talento es captado en los Estados Unidos, lo hacen para que deje de hacer lo que ha estado haciendo hasta ahora y normalmente películas de menor calidad. ¿Tú qué piensas de esto?

NV:- No, eso son imágenes que se tienen desde fuera y que simplifican la realidad. Nadie contrata a un director de prestigio para que vaya a dejar de serlo. El prestigio se aplica a la película que estás haciendo. Luego puede haber problemas de producción, que el productor no encaje bien con el producto, que haya problemas de comunicación… Pueden pasar mil cosas y la película puede salir mal, pero nadie quiere expresamente bajarle los humos a un director porque nadie gana nada con eso. Son cosas que suceden y a veces no. Hay directores europeos que en EEUU florecen y hay quienes llegan y la cagan. No hay un plan por detrás para “acabar con los directores europeos”, porque eso no da un duro. Si a mí me han cogido para hacer una película por mi filmografía anterior y luego no le gusta cómo he dirigido ésa, es porque no se han coscado de que va lo mío, no se han coscado de que yo era un cutre, cerebral o visual, o de tal manera.

SM:- ¿Hay veces, digamos en esta película, en las que tú, como actor, estás pensando lo que harías como director?

NV:- Ni de coña. Pero no por humildad, sino porque es un placer para mí. Estar en un rodaje, implicado en la escena, en cámara, y no tener que pensar en términos de composición. Me gusta que simplemente me pidan hacer una cosa y la hago, improvisando soluciones a tiempo real. De la misma manera, si estoy dirigiendo una película, me flipa no tener que aprenderme los monólogos de los personajes. Ese placer que sientes “al no tener que” como actor, lo sientes “al no tener que” como director.

SM:- Si viajáramos en el tiempo y regresaras al Nacho con la batbola y la vaca en la pradera cántabra y le dijeras “vas a ser un guerrillero en Colombia”, ¿ese Nacho qué te dice?

NV:- Si estaba flipando cuando me lo pidieron, imagínate antes.

Después, llegaba desde Estados Unidos el plato fuerte del festival. Los periodistas y fotógrafos estaban estratégicamente colocados para tener un centímetro más cerca o más lejos al genio y figura, al invitado de honor, John Landis, Premio Maestro del Fantástico y responsable de clásicos como Desmadre a la americana, Granujas a todo ritmo y la película que iba a presentarnos: Un hombre lobo americano en Londres. La gran noche recibía al campechano cineasta entre silbidos apasionados y éste les respondía con una fotografía multitudinaria hacia el público, que dedicaría y mandaría a Joe Dante (Gremlins) y a Mick Garris (Critters 2). ?¿Qué decir sobre Un hombre lobo americano en Londres que no se haya dicho en estos 35 años que lleva en el mundo? Una de las mejores escenas de transformación de la historia del cine, un humor negro maravilloso y una banda sonora estupenda. Corte a.

Para qué explicar nada.

La sesión golfa. El equipo de I Had A Bloody Good Time At House Harker (el director Clayton Cogswell, el actor Jacob Givens…) también vino desde Estados Unidos para enseñarnos a los españoles cómo se promociona una película en un festival. Gritaron al micrófono como si estuvieran a punto de abrir un concierto de rock, se marcaron una performance que incluía lanzamientos de camisetas como los que mataron a Maude Flanders y vendieron la marca de los Harker a la altura de lo que estaba por llegar: de lejos, la película más sangrienta, divertida y escandalosa que hemos visto aquí hasta ahora. Es la dinámica historia de los tataranietos del hombre que mató a Drácula, que para salvar la casa Harker tienen que montar una pantomima con un vampiro “real” (que acaba por convertirse en una lucha contra un vampiro REAL). Entretanto, chistes dirigidos a todo el mundo (muy en especial a Stephenie Meyer y a su engendro literario), madera, cruces, exorcismo y la comedia de terror más hilarante desde Lo que hacemos en las sombras. Qué a gusto perdí el bus nocturno a mi casa.

Cuando el bronceado sale bien.

No obstante, todavía tengo que estudiar.

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Cinéfilo, cineasta amateur, a veces incluso juego a ser periodista. Veo películas si la universidad me deja tiempo y me quejo mucho de mis cortos. Mi mayor fan es mi madre. La gente quiere de eso que fumo, pero es que yo también.
Sergi Monfort

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