No sólo del teatro y la literatura bebe el cine: Alex Colville y su influencia en los realizadores norteamericanos

Título un poco largo, lo sé, pero sirve como introducción a un apartado poco conocido y que espero resulte nuevo para muchos, pues no siempre uno ve con claridad la influencia de ciertos realizadores; más ahora teniendo en cuenta que parecemos estar en una era de cine muy influenciado por el cómic y los videojuegos, fusionados en una estética muy a la moda y que no sabemos cuánto se alargará.

El nombre de Alex Colville no sonará a casi nadie y no pasa nada, pues no se trata de un cineasta, de allí que este escrito pueda resultar extraño en una página así. Y sin embargo, su importancia e influencia han sido recalcadas por algunos de los grandes directores estadounidenses del panorama, quienes no dudan en reconocer la fuerza visual de este pintor (sí, esto va de pinturas, señoras y señores; de pintura y cine) contemporáneo con una facilidad para crear imágenes muy sugerentes y llenas de misterio, dejando siempre libre interpretación a la imaginación. Colville, que el próximo 16 de julio hará tres años que falleció, fue un artista canadiense muy en la línea de otros pintores norteamericanos anteriores como Edward Hopper o Grant Wood, de coetáneos como Andrew Wyeth, o de posteriores como Kenton Nelson. Todos tienen en sus cuadros un denominador común: la vida americana cotidiana. Con diferencias evidentes de enfocarlo y retratarlo, claro está, pero con la misma fascinación. Pero Colville destaca entre ellos no por ser mejor o peor o más o menos famoso, sino por ser el más oscuro en cierta manera. Se desmarca dando un sentido a sus cuadros que suele generar desasosiego e intranquilidad, no por ser terroríficos o de pesadillas tipo Goya, sino por captar instantes y hacernos conscientes de que en cualquier momento algo (probablemente malo) va a suceder. Aunque no todos sus cuadros son así, por supuesto.

Y lo que aquí se va a intentar, como digo, es intentar hacer ver cómo sus pinturas esconden una fuerza tan cinematográfica que muchos lo han homenajeado (hay que echarle imaginación, ya lo iré recalcando repetidamente) de distintas formas; así que lo único que hay que hacer es intentar observar detenidamente para descubrir la importancia de la composición de sus elementos para despertar nuestras emociones.

Empezamos con Wes Anderson, el hipster de moda por antonomasia en los últimos años. Y para él elegimos esta imagen de Moonrise Kingdom, donde el personaje de Suzy observa con unos prismáticos el horizonte. El mar y el cielo quedan a sus espaldas, y ella más que mirarnos a nosotros (o a cámara) parece mirar más allá, más en la lejanía. Pues bien, ahora mirando el cuadro de abajo de Colville se pueden apreciar las similitudes.

Parece una tontería y pura casualidad, pero la mayoría de elementos está allí. En el cuadro, una mujer más mayor sujeta los prismáticos de forma idéntica y mira más allá de nosotros, observando algo en la lejanía sin que sepamos el qué. Puede que esta mujer esté en un barco en vez de un faro, pero la referencia marítima está presente, junto con la línea del mar y el cielo. ¿Muy pillado por los pelos? ¿Una tontería? Está bien, intentemos con otro ejemplo un poco más claro, a ver.

Otro realizador declarado fan de este artista es Michael Mann, quien se considera admirador ferviente de la obra de este canadiense por sus cuadros inquietantes, en los que siempre hay algo que como hemos dicho te descoloca y te pone sobre aviso de que algo malo va a ocurrir o está a punto de pasar. Colville realizó algunos cuadros con pistolas o armas presentes, y sin embargo se convirtieron en los más famosos por su impacto visual, y Mann no dudó en homenajearlo en uno de sus mejores trabajos, Heat. Analicemos primero el cuadro esta vez, titulado Pacific. Un hombre contempla las vistas del océano desde las ventanas de su casa.

No le vemos la cara y nos está dando la espalda. Pero lo que nos rompe la apacibilidad del cuadro sin duda y llama la atención es la pistola en primer plano situada en la mesa. Ver todo el conjunto nos da una idea totalmente oscura de la posible situación que se está viviendo. El hombre va con el torso desnudo y se apoya en el marco de las ventanas, pero no sabemos si en actitud de completa relajación o porque espera a alguien, o si ha oído algo que lo ha inquietado y quiere salir fuera a comprobar qué es y deja el arma cerca por si acaso. O puede que esté esperando a alguien para poder usar el arma, o haya vuelto a casa después de usarla y ahora esté descansando. Las posibilidades son infinitas. El cuadro nos atrae y en parte es porque no sabemos qué es lo que da pie a tal composición, pues algo nos estamos perdiendo. Pues bien, toda esta fuerza visual Mann quería homenajearla porque sabía que era una imagen muy potente.

Por ello, hacia el principio de la película Heat, hay un momento en el que Robert De Niro regresa a su casa por la noche después de no conseguir cargarse al tipo que les jode en el primer robo, y lo primero que hace es depositar su pistola en la mesa y contemplar las vistas del océano. Como veis, la similitud está muy clara aunque De Niro no se quite ni la chaqueta, pero en toda la transición del plano que va subiendo desde los pies hasta conseguir un plano americano, Mann evoca uno de sus cuadros favoritos.

Y de hecho, no es el único, pues Alex Colville tiene otro cuadro de pistolas en el cual un hombre con máscara dispara sin que sepamos cual es su objetivo. Aunque esté en un bosque, la estética recuerda de nuevo al principio de Heat, cuando se produce el primer atraco con máscaras de hockey. Pero viendo la pintura, seguro que no es la única película que a uno le viene a la mente, pues en muchas películas de atracos hemos visto imágenes parecidas.

¿Ha quedado más claro y ha sido más fácil con este ejemplo? ¿Seguimos?

Si hay otros realizadores que mezclan en sus películas lo cotidiano de la vida americana con situaciones un tanto estrambóticas que dan pie a imágenes que van desde el suspense al humor más negro y oscuro, debemos citar a los hermanos Coen. El primer ejemplo de imagen puede parecer un poco difícil, pero sirve para ilustrar de nuevo la capacidad de sugestión; así que todo es de nuevo imaginación sobre el poder de las imágenes. El cuadro se titula Target Pistol and Man. Sin duda choca y resulta escalofriante el rostro del personaje, frío y desafiante. La pistola está en la mesa, pero ni siquiera reposa toda ella sobre la superficie. De nuevo, parece que algo está a punto de pasar, pero Colville sólo capta un instante de un hombre desconocido en una habitación. Y su actitud, el modo en que mira y parece proceder, recuerda al personaje de Anton Chigurh interpretado por Javier Bardem en No es país para viejos.

Vale, diréis que los elementos son distintos y el pelo de ambos no tiene nada que ver. Pero fijaros en la pose, en el modo de mirar, y en el momento crucial de la peli en que alguien parece que está a punto de morir a sangre fría. La atmósfera que se respira no es diferente en absoluto. Y de hecho, la admiración de los Coen por Colville era recíproca, ya que el pintor también admiraba esa capacidad de los hermanos para crear situaciones extraordinarias salidas de gente en apariencia sencilla y modesta. Uno en la pintura y los otros en el cine, no dejan de mostrar que en la vida diaria todo puede cambiar en un solo instante y torcerse de verdad.

Sirva de imagen si no este otro cuadro:

Un paisaje nevado, casi desértico. Alguien conduciendo que no sabemos quién es. Y en mitad de la nada, un extraño al lado de la carretera. Entra la duda sobre qué pinta allí, sin ningún pueblo al lado, ni un coche particular ni nada. Ni siquiera parece que lleve la ropa adecuada. Surge como por azar en extrañas circunstancias. Viendo toda la imagen en sí, ¿no es recuerda al ambiente de la película Fargo de los Coen, donde la nieve y el paisaje es un personaje más?

O tomad este otro ejemplo de un coche de sheriff esperando en medio de una carretera solitaria. ¿Acaso no hemos visto cosas así en los Coen y en muchas otras películas americanas? ¿No os parece que esta imagen rural evoca a cosas que se hicieron posteriormente en el cine para dejarnos aturdidos?

Incluso este otro cuadro también parece tener algo que hicieron los Coen al final de la película Un tipo serio. Si recordáis, por unos instantes se ve cómo se aproxima una tormenta a lo lejos. Pues si le dáis a la imaginación, las semejanzas con la imagen de este paisaje familiar de Colville son mayores de los que pensáis.

Para ir concluyendo, y antes de dejaros unos cuantos cuadros más de análisis libre para referencias cinematográficas, debemos hablar sobre el peculiar homenaje (como no podía ser de otra manera en él) que le hizo a Alex Collville uno de los más grandes en esto del cine. Y en concreto en una de las películas que más conspiraciones y teorías, y hasta alguna que otra paranoia, ha alimentado. Se trata de Stanley Kubrick, quien para su versión de El Resplandor llegó a incluir en diferentes secuencias en las paredes del decorado (haciendo que pasaran desapercibidamente) hasta 4 cuadros de Colville. Aquí he de decir que personalmente no soy ningún entusiasta de la película ni me sé la mitad de rumores que circulan sobre el rodaje y los mensajes ocultos que supuestamente contiene. Lo innegable es la aparición de dichos cuadros; su significado ya es otra cosa, pues ni Colville solía dar explicaciones sobre sus cuadros ni Kubrick perdía el tiempo en entrevistas para aclarar las cosas. Pero claro, cuando se trata de Kubrick, nadie piensa que algo salga o surja por “accidente” o de forma “casual”. Así que, por qué esos 4 cuadros justamente y no otros. Respuesta: ni **** idea. Bueno, no del todo, algo sí se especula. Así que veamos el apartado más friki y estudiado por los obsesos y paranoicos de El Resplandor con estos cuadros.

El primer de ellos es Woman and Terrier, que aparece en el film en el momento 00:10:57, cuando a Jack Torrance le dicen que tiene el puesto de trabajo en el Hotel Overlook y llama a su mujer Wendy por teléfono para darle la buena noticia. Pues bien, justo allí, cuando Shelly Duvall se sienta para hablar con Jack Nicholson, el cuadro se puede ver en la pared del fondo, como veis en imagen. Sobre este cuadro, Colville una vez dijo bromeando “eh allí mi madonna y mi hijo; por supuesto, en mi mundo mi hijo es el perro”. Desde luego, Colville tenía una idea peculiar de los perros: “son sensibles pero incapaces de hacer el mal –pero lo ven”. Para los expertos, las personas y los perros en su arte representan respectivamente la capacidad para ignorar el mal y la inocencia o para ser conscientes de ellas.


El siguiente cuadro que aparece en el film es Horse and Train, uno de los más famosos de su autor, en el momento 0:14:31, en una posición central al fondo de la imagen. Como ya indica el título, se trata de un caballo negro que se dirige galopando directamente hacia una locomotora. Como observadores del cuadro nosotros asistimos a lo que parece un desastre inminente, una tragedia. Se piensa que Stanley Kubrick lo incluyó en parte para volver a resaltar la idea que algo malo va a ocurrir. Las vías del tren son un camino, y el caballo sería para algunos la representación de la familia, mientras que para otros se trata de un espíritu. En cualquier caso, el avance por ese camino hacia una final trágico y horrible que vemos representado por la locomotora indica el desastre que se avecina.

          

Después, cuando El Resplandor llega a 0:58:30, aparece el cuadro de Alex Colville titulado Dog, Boy, and St. John River. Esta pieza, también una de sus más famosas, nos muestra a un chico joven con una escopeta que es seguido de cerca por su perro mientras parecen pasear cerca de un río.

Pero no sabemos realmente qué pintan ahí, ni si tienen algún objetivo concreto, y los tonos del paisaje dan una visión lúgubre del cuadro. Pero lo importante para algunos, al aparecer en la película reflejado en un espejo de la habitación 237, es que de nuevo aparece un perro en el cuadro, y en este caso parece ir detrás vigilando al chico, como protegiéndolo. Si para Colville los perros veían y percibían el mal, los fans de la peli consideran que quizás el perro sería una metáfora del amigo imaginario de Danny, Tony, y el resplandor, pues ven el mal que se avecina y acompañan al chico, de la misma forma que el perro del cuadro acompaña al chico con la escopeta. Muy ida de olla, sí.

             

Y el último cuadro de Colville en aparecer en El Resplandor, en el momento 2:08:32, es Moon and Cow, cuando Jack ya ha empezado su carnicería y su mujer Wendy escapa del baño por los pelos y comienza una huida subiendo las escaleras con un cuchillo en la mano. Pero ante este cuadro, la mayoría se ha devanado los sesos y no ha sacado ninguna conclusión, pues quedan totalmente descolocados con la imagen. Sólo algunos, obsesionados con la teoría del falso aterrizaje en la luna, ven relación y una prueba más en el film de los mensajes ocultos de Kubrick en la película en relación a la misión espacial americana.

Y para dejar ya de lado El Resplandor, queda un último cuadro que pese no aparecer en ningún momento, contiene una estética que guarda mucha relación con la película y probablemente también sirvió de inspiración y homenaje. En este cuadro titulado May Day, vemos a una mujer apoyada en un coche amarillo con todo un bosque al fondo, un bosque muy parecido al que nos lleva el hotel Overlook en El Resplandor. Pero no es esa la única semejanza. Si os fijáis, el coche amarillo parece un Volkswagen Beetle clásico amarillo; ¿y de qué color es el coche en peli? ¿Y qué modelo?

De nuevo puede parecer una tontería, pero conviene recordar que en la novela, el coche es rojo, y Kubrick lo cambia a propósito, haciendo aparecer al final del film uno rojo que está estrellado y medio oculto por la nieve. Viendo la imagen, de nuevo uno siente que los elementos que usa Kubrick están ahí.

Como espero que haya quedado patente, la visión artística de este canadiense de la pintura creó tanta atracción entre el público que muchos otros artistas posteriores quisieron rendirle tributo y beber de su atmósfera y estilo, aunque fuera en otros medios como el cine. Y para finalizar, os dejo algunos cuadros más para que vosotros mismo intentéis pensar qué os recuerdan las imágenes, porque seguro que con alguna tenéis la sensación de haber vivido algo parecido en pantalla, aunque no lo podáis situar.

¿Acaso esta escena de un militar junto a su amada no es algo que hemos visto muchísimas veces en pantalla? No sabemos si es una despedida o un reencuentro, pero seguro que algún título os viene a la mente, sea un drama o parodia. 

Si Godard dijo que todo lo que se necesitaba para hacer una película era un arma y una mujer, Colville ya usó antes la fórmula en el mundo de la pintura para crear un cuadro oscuro y provocativo, turbador hasta cierto punto, con el añadido de que la mujer estaba completamente desnuda sin que se le viera la cara.

La falta de pudor, el hecho que sujete el revolver con absoluta naturalidad, la falta de luz en el piso de arriba en contraposición a la luz de abajo encendida, y todo el conjunto en general crean la sensación de hallarnos en el momento crucial de un suceso que hemos interrumpido como voyeurs, y que no sabemos cómo va a terminar.

Hay que decir que Alex Colville participó en la Segunda Guerra Mundial, donde sacó duras experiencias para alguno de sus cuadros. Éste sin duda llama la atención, porque en películas bélicas americanas hemos visto secuencias que reproducen esta imagen.

Puede parecer una tontería más, pero de nuevo hay algo en esta imagen que no nos deja tranquilos.

El cine también se ha encargado muchas veces de ofrecernos coches apartados en lugares solitarios (un aeródromo como parece en este caso), y casi siempre como sitios clave de sucesos importantes y turbios.

La espera de un hombre solo en la puerta del coche, aguardando algo que desconocemos, no es tan rara en algunas películas de cine negro, ¿verdad?

Al Swearengen

Al Swearengen

Tengo la sensación que bueno y malo son palabras demasiado extremas que usamos a la ligera. No creo que la vida y la mayoría de cosas y personas en este mundo puedan ser expresadas en términos tan absolutos. Ni siquiera estoy seguro de si se pueden aplicar al arte, y menos aún al cine.
Al Swearengen

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