‘mother!’: el Aronofsky más radical y anárquico

Darren Aronofsky, director de películas como Pi fe en el caos (1998), Requiem por un sueño (2000), La fuente de la vida (2006), El luchador (2008), El cisne negro (2010) y Noé (2014), ha presentado en la 74 edición del Festival de Venecia, y posteriormente en la sección de Perlas del 65 Festival de San Sebastián, su nuevo film mother!, el más ambicioso, frenético, provocativo y críptico hasta la fecha, que tendrá probablemente su horda de haters y de fans, a partes iguales.

Su sinopsis es la que sigue: A una mujer (Jennifer Lawrence) le pilla por sorpresa que su marido (Javier Bardem) deje entrar en casa a unas personas a las que no había invitado (Ed Harris, Michelle Pfeiffer). Poco a poco el comportamiento de su marido va siendo más extraño y ella empieza a estresarse y a intentar echar a todo el mundo.

Pero esta sinopsis no es más que la situación narrativa a modo de telón de fondo, puesto que mother! entera es en realidad un cúmulo de metáforas y analogías, aunque bastante crípticas.

En palabras de Darren Aronofsky:

mother! empieza como una historia típica sobre el matrimonio. En el centro de la historia está una mujer a la que se le exige dar y dar y dar hasta que ya no puede dar nada más. Pero paralelamente, la casa no puede soportar toda la presión hirviendo dentro. Se convierte en algo distinto…

Si bien en sus anteriores proyectos, sus guiones se gestaron a lo largo de alrededor de un año, éste nació de forma visceral, tras encerrarse cinco días enteros en una casa vacía. Tras ser preguntado por el motivo de tan oscura visión, su respuesta fue la siguiente:

“Es una época loca para estar vivo. Mientras la población mundial se acerca a los 8000 millones nos enfrentamos a problemas demasiado serios que toca considerar: Los ecosistemas colapsan mientras presenciamos extinciones a un ritmo sin precedentes; las crisis migratorias desestabilizan gobiernos; unos EEUU aparentemente esquizofrénicos ayudan a corregir un tratado histórico sobre el clima y meses después se retira;Antiguas disputas tribales y creencias siguen conduciendo a la guerra y a la división; El mayor iceberg registrado jamás se parte en dos en el Antártico y se desplaza hacia el mar. Al mismo tiempo enfrentamos problemas demasiado ridículas para ser comprendidas: En América del Sur unos turistas matan a dos bebés de delfín raros que arrastraron a la orilla, sofocándolos en un frenesí de selfies; la política se asemeja a los eventos deportivos; personas todavía mueren de hambre mientras otros pueden pedir cualquier tipo de carne que deseen. Como especie, nuestra huella es peligrosamente insostenible, pero vivimos en un estado de negación sobre la perspectiva y situación de nuestro planeta y de nuestro lugar en ella.”

De esta sopa primordial de angustia e impotencia -continúa Aronofsky-, me desperté una mañana y esta película salió de mí.

Aronofsky admite que mother! es difícil de encasillar en un género particular, y ello se debe a que a él mismo le cuesta indicar de donde procedió todo lo incluido en el film:

“Algunas ideas vinieron de los titulares a los que nos enfrentamos cada día, otras vinieron del zumbido interminable de notificaciones de nuestros móviles inteligentes, otras vinieron de vivir a través del apagón del huracán Sandy en el centro de Manhattan, algunas vienen de mi corazón, otras del intestino. Colectivamente, forman una receta que nunca podré reproducir, pero sé que este brebaje es mejor servirlo en una dósis única, en un vaso de chupito.”

Si bien a nivel narrativo, se puede culpar a Aronofsky de ser excesivamente críptico hasta el punto de poder llegar a no entender nada, y transformar una situación inicial a un frenesí desenfrenado y alocado, lo cierto es que a nivel cinematográfico no hay nada que reprocharle. Se trata de una experiencia cinematográfica intensa, muy bien rodada, y muy atrevida. La cámara no deja de moverse en complicadas coreografías por un espacio reducido de forma magistral, subiendo y bajando escaleras cámara en mano, moviéndose y captando la acción en distintas partes de la casa, que es una protagonista más. Como se pretende plasmar el punto de vista de la madre (Jennifer Lawrence), la cámara la sigue en gran parte del metraje a ella, con planos cerrados por encima del hombro, o de su rostro. Un trabajo admirable, teniendo en cuenta la longitud de los planos secuencia.

La película gustará o no, pero es una experiencia cinematográfica que merece la pena ver aunque sea para terminar odiando la película. Porque algo es seguro: no deja indiferente. Y eso ya es una batalla ganada por parte del siempre conflictivo Aronofsky.

 

Rubén Seca

Rubén Seca

Graduado en Derecho en la Universidad de Barcelona. Master de Abogacía. Estudiante de Dirección de Cine en el ECIB.

“El cine es una enfermedad; cuando infecta tu riego sanguíneo, toma el liderazgo como la hormona más potente.”
-Frank Capra
Rubén Seca

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