Miguel Ángel Vivas: “Lo más importante de mi vida es el cine, pero si no disfrutas haciéndolo, dejas de sentirlo”

Tienen en común Secuestrados, Extinction e Inside la firma de uno de los directores españoles que más audacia narrativa y mayor competencia técnica ha exhibido en sus trabajos. Uno de los que más ambiciosamente ha construido, con puntería y complejidad, a esos versátiles personajes por los que suele dejarse seducir, permitiendo que sean ellos quienes maticen la esencia del relato, siendo plenamente consciente de que el eje principal de sus trabajos está en el recorrido y no en el resultado.
Sin prisas, sin trampas, sin reiteraciones; porque la clave del arte está siempre en la propia concepción, en la búsqueda de lo nuevo y en su condición de necesario.

Ya no se estrenan minuciosas películas, corpulentas en lo visual e intuitivas verbalmente. Ya no queda rastro de esas inimitables e infalsificables formas de expresión que mezclaban estética, sustancia y estilo, que gestaron algunas de las ficciones más libres y más prismáticas de la industria. Poco resquicio queda en un efímero hoy que pronto será historia para otra cosa que no sea el engullible entretenimiento exento de inspiración que habita en la periferia del cine, donde el oficio de director ha acabado por consumir al artista, donde toda creación resulta administrativa y procedimental porque de un tiempo a esta parte la experiencia cinematográfica ha dejado de ser epidérmica.

No obstante, todas las relaciones son pendulares -a períodos de euforia siempre siguen momentos de depresión- y el séptimo arte tiene pendiente ese regreso triunfal que le reconcilie con un presente que reclama el virtuosismo perdido y el fin del destierro por falta de consonancia.

Miguel Ángel Vivas expone, desde la conciencia y la confianza/fé/esperanza, una realidad que conoce bien, componiendo un testimonio abarrotado de salpicaduras referenciales a las que se sobreponen recuerdos y anécdotas que me contagian de verdadero entusiasmo y de cierta nostalgia.
Ficción y biografía se mezclarán en su inminente próximo proyecto, del que solo adelanta que será su obra más personal y más dramática, que supondrá una vuelta a sus orígenes y que significará el resultado de una vida entera de indisimulable amor por ese cine en el que se refugió siendo un niño y hacia el que siente una profunda combinación de pasión y agradecimiento:

-Secuestrados llega después de un momento de reflexión personal en el que habías decidido abandonar el cine. ¿Qué sucedió para que alguien que afirma que en ese universo encontró una tabla de salvación decida dejarlo?
Lo más importante de mi vida es el cine pero si no disfrutas haciéndolo, si no consigues que la experiencia de hacer cine sea maravillosa, dejas de sentirlo. Recuerdo una conversación con Mathew Fox sobre esto mismo: las películas van y vienen, hay cientos de miles, yo no quiero hacerlas únicamente pensando en el resultado, quiero disfrutar del recorrido y quedarme con esas experiencias. Y es cierto: acababa de rodar con él, con Jeffrey Donovan y con Quinn McColgan en Budapest y esa experiencia, lo vivido y aprendido allí no me lo quita nada ni nadie.

-Todas tus películas tienen un formato completamente distinto: los códigos narrativos, el tono y el ritmo, por ejemplo, no tienen nada que ver en Secuestrados o en Extinction, perteneciendo ambas, sin embargo, a esa especie de tesis sobre la familia que has construído con tus últimos trabajos cinematográficos. ¿Es intencionado?
Totalmente. Soy muy nervioso, también en mi vida cotidiana, y muy perfeccionista. No me gustaría hacer siempre la misma película, por eso una de mis prioridades cuando me planteo un nuevo proyecto es qué lenguaje, qué estilo y qué formato va a dar forma a la nueva historia.

Esa indagación que da lugar al posterior estudio de la familia que he desarrollado con Extinction e Inside comienza con Secuestrados, analizando el comportamiento de la familia actual y sus valores, en la segunda desmenucé la figura paterna desde las dos perspectivas personificadas en los dos protagonistas, utilizando asimismo a la niña como vínculo pero también como elemento desunificador; y en Inside me propuse darle voz a esa incipiente figura materna que tantos miedos y tantas dudas arrastra, mostrando el catártico proceso de transformación de una mujer que necesita dejar de sentirse hija para convertirse en madre.

– Y para cerrar el ciclo llega tu próximo proyecto ¿Qué vas a hacer en ese sentido con El Hijo?
El Hijo se va a desarrollar en un estilo que hasta ahora solo había estado presente en mis trabajos de forma indirecta. Me encanta el cine de los 70, el thriller concretamente, donde la mayor parte del peso recaía en los personajes, en el que la narración jugaba un papel primordial y donde todo sucedía por algo. En The Outfit, por ejemplo, hay un momento en el que los protagonistas tienen que conseguir un vehículo y la historia se para durante veinte minutos para contarnos cómo van a un depósito de coches usados a hacerse con uno. Con una subtrama que detiene la narración pero que nos muestra una parte fundamental de los personajes. En el cine actual eso sería complicadísimo, tan complicado que, muy seguramente, se quedase en la sala de montaje. Esa sensación de ir a una sala de cine a vivir una experiencia esencialmente emotiva, casi catártica, apenas queda y me gustaría acercarme a ese formato para contar la historia de un drama que desencadena un thriller de venganzas que llegue al espectador como un puñetazo en el estómago.

-¿En España? ¿Con reparto español?
En España, con reparto español. En Sevilla, de hecho, porque este será mi reencuentro con mi cine y con mis raíces. Me apetece mucho redescubrir el día a día, la cotidianeidad de mi ciudad.
Es mi segunda película después de Secuestrados en el sentido de que no es un encargo, sino una historia personal escrita con Alberto Marini a partir de una idea mía y producida por Enrique Lavigne, que es el gran amante del cine en este país. No creo que haya nadie que ame tanto el cine como él en España. Después de dos películas por encargo en inglés me apetecía mucho volver a rodar en español.

No obstante, cuando me involucro en algo intento dar el 100% y para eso necesito aparcar un poco todo lo demás, así que hasta que concluya el rodaje de los dos capítulos que firmo para Oeste, no retomaré la película. Empezaremos a grabar a finales de febrero, primeros de marzo, seguramente.

-Todos tus proyectos se caracterizan por dotar de mucho significado y mucho fondo a un grupo reducido de personajes a los que pareces mimar especialmente. Háblame, por favor, de tu relación con ellos.
Para Lu, de Extinction, por ejemplo, hice un casting larguísimo y en el último momento casi tenemos que cambiarla. Insistí hasta que accedieron porque era ella, tenía que ser ella. No había nadie tan increíble. Es la mirada de la película.
Yo soy un fanático del punto de vista. Hay una escena en Extinction cuando aparece el personaje de Clara Lago en la que los dos protagonistas la recogen y se la llevan a casa para auxiliarla, descubriendo, mientras le quitan la ropa, que está embarazada. Estuve dándole vueltas hasta el día antes de rodaje a cómo abordar la escena porque no me funcionaba. De repente me dije que no, que ellos ya habían vivido en el mundo preapocalipsis como adultos, ya habían convivido con la gente y, por supuesto, ya habían visto a una mujer embarazada antes. La niña, que no aparecía en esa secuencia, es la única que podía aportar una mirada inmaculada a lo que estaba sucediendo. Así decidimos entrar con ella y un espejo desde el que la pequeña lo viese todo y que su reacción fuese absolutamente protagonista: el miedo, la sorpresa y la esperanza.
Mathew Fox fue un regalo. Además de que construyó un personaje impecable , trabajar con y junto a él fue extraordinario y aprendí muchísimo.

-Hablando del trabajo de tus actores, ¿Cómo trabajas con ellos?
Básicamente trabajo mucho con ellos. La dirección de actores es importantísima. Hacemos ejercicios de improvisación, de confrontación, probamos las escenas… yo trabajo mucho desde el estudio, analizando las escenas y probando desde donde las puedes abordar para luego probarlo todo con ellos, siempre dejando mucho margen a la improvisación. Hay una cosa que le pido siempre a los actores: nunca muevo al personaje para conseguir el plano, sino que intento mover el plano para lograr la escena.

-¿De qué trabajo estás más orgulloso?
De Secuestrados. Ha sido mi película más libre en el sentido de que pude hacer lo que me apetecía. La escribí como quise, la rodé como quise, evidentemente apremiado por los ajustes lógicos y normales, pero fue una película que rodamos con una casa y un coche en dos semanas, tras mucho tiempo de ensayos y la disfruté muchísimo. Era un loco en ese momento!

-¿Una película reciente que te haya gustado?
Verónica, de Paco Plaza, es una película sobre el terror adolescente sobre una niña a la que no han dejado ser niña. La han convertido en madre robándole su adolescencia. Una niña que se ve obligada a cuidar a unos niños que no son sus hijos y que por eso los ama y los odia a la vez. Está contada de una forma tan sencilla y encierra tanta emotividad que el resultado son escenas como ese intercambio de notas entre dos amigas que se interrumpe bruscamente, dejando a Verónica con una sensación de gélido abandono. Hay muchísimo cine en esos paseos en los que lleva a sus hermanos al colegio con la música de Héroes del Silencio de fondo.

-A punto de embarcarte en la nueva película te vienes a Galicia a rodar una serie nada más finalizar la anterior… ¿Cómo ha sido la acogida? ¿Cuántos capítulos firmas en Oeste, vivir sin permiso?
Estoy contento porque ha sido complicado subirme al proyecto por problemas de fechas al estar todavía en La casa de papel cuando Oeste arrancó y porque estoy escribiendo y preparando el rodaje de la nueva película y necesitaba tiempo, pero encantado de haber entrado porque lo que he visto es fantástico y el equipo de Alea y Ficción es inmejorable. No han podido tratarme mejor y estoy disfrutando muchísimo y muy convencido de que el resultado será excelente porque hay mucho respaldo por parte de la productora y un grado de compromiso altísimo en general.

Dirijo dos, el quinto y el octavo. Y fíjate que sin ser un proyecto mío lo estoy viviendo de una forma muy intensa. Está siendo tan maravilloso el camino y es tan potente todo el proyecto que estoy involucradísimo: José Coronado, Alex González, Unax Ugalde, Luis Zahera (un chico con una humanidad en los ojos que pocas veces he visto)… hay mucho talento en esta serie. Tanto los actores adultos como los jovencitos están a un nivel increíble. Yo me enamoro de los personajes cuando están bien escritos, de los míos y de los demás… recuerdo que cuando vi La vida es sueño, con Fernando Cayo, me quedé prendado de ese personaje que, como consecuencia de un encierro tan largo, tenía anuladas las habilidades sociales y sus gestos eran casi primitivos, animales. Cosiguió construir un personaje entero, increiblemente emotivo, con su cuerpo. Ese día me dije a mí mismo que si algún día volvía a hacer cine lo haría con él y cuando salió Secuestrados fui a verle a Tito Andrónico, de Shakespeare, para ofrecérsela. Allí volví a enamorarme de un personaje interpretado por un chico al que no conocía de nada anterior y que era Luis Zahera. En ese momento me dije: la próxima con este! Y mira, estamos rodando juntos de nuevo después de Los tres cerditos (Cuéntame un cuento).

-¿Estás de acuerdo con que estamos viviendo la gran época dorada de las series?
La grandes series se hacían antes. Ya no se hacen cosas como El prisionero o Twilight zone… pero claro que se hacen series increíbles. Breaking Bad, Los Soprano, The wire, pero no son mejores que las que he nombrado al principio. Lo que sí tenían ésas es más libertad creativa y mucho más universo en The Prisoner o en The twilight zone que en todo Breaking Bad, y me encanta Breaking Bad, ojo. Creo que se hacen cosas excelentes formalmente pero caemos en excesos de melodrama, en repeticiones y en esquemas cerrados.
Lo que sí estamos viviendo es una época de consumo inmediato en la que ya nadie habla de Los Soprano, por ejemplo, porque si no la has visto, ya no la veas, mírate la que están emitiendo para poder entrar a todas las conversaciones. Todo caduca ayer, ya no se mira hacia atrás y eso hace que olvidemos todo lo anterior. Ya nadie se acuerda de nada que no haya sucedido hoy.

-¿Te parece apropiada la comparación que las equipara, cualitativamente, al cine convencional?
No, para nada. Es una tontería, me parece. Son formatos completamente diferentes: la serie se basa en la palabra y el cine en la imagen, aunque se haya hecho y se haga todavía mucho “cine radiofónico”.

-¿Puede haber influido la forma de consumirlas en ese salto de calidad?
Sí, bueno, la mayoría de las series actuales están muy bien para ver desde una tablet.

-¿Se respeta la libertad creativa en las series?
Sí y no. Cuando el proyecto no es tuyo personal tienes que mantener cierta coherencia con el proyecto y respetar el estilo visual y estético aunque seas parte de ella. En esta, por ejemplo, yo entro en el capítulo cinco, ya hay un universo creado y tengo que adaptarme a pesar de que sí puedo rodar a mi forma y con mis armas. Haciéndolo mío, en definitiva. A mí me apetece arrancar una serie propia.

Maria Nymeria

Maria Nymeria

Subeditora y redactora en la Revista Tviso. "El cine es como la vida pero sin las partes aburridas" Alfred Hitchcock
Maria Nymeria

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