OPINIÓN: De Marvel y otros demonios

Lo que iba a empezar como una crítica a Capitán América: Civil War me ha hecho excavar otros derroteros. Juzgo más importante dejar por escrito ciertas impresiones que me asaltaron a raíz de la película, que simplemente decir que me ha gustado por tal y tal cosa, exactamente las mismas que han gustado a Fulanito Sánchez y Menganita Pérez.

Antes que nada, me permitiré recordar algo que todo el mundo ha pensado. Estamos en un buen momento para hablar de una auténtica borrachera del cómic. En este año entrante, hemos ido teniendo casi una película de súpers por mes, y las que quedan; todo un calendario al menos hasta 2019 (y más allá). Ya no es simplemente que pertenezcan al mismo género (aunque con distintos enfoques; no saben a lo mismo Los vengadores y Jessica Jones) o sean todas hijas de la misma madre; es que tanto Marvel como DC Comics han venido creando sus propios universos cinemáticos, de los cuales nos irán entregando pildoritas de aquí hasta que se les muera la vaca.

Por si fuera poco, tampoco es que a cada uno de los vengadores (Thor, Hulk, Capitán América, Iron Man, que suman de momento ocho películas separados, dos juntos y la de Civil War en terreno medio), se les hayan añadido experimentos exitosos como Deadpool, Ant-Man o Guardianes de la galaxia, es que además se les unen horas y horas de material audiovisual en forma de series tanto de Marvel (Agentes de S.H.I.E.L.D, Agente Carter, Daredevil, Jessica Jones…) como de DC (Gotham, The Flash, Arrow, Supergirl, Legends of Tomorrow…), y de esta última casa tampoco he mencionado las propias películas de Batman, Superman, Batman y Superman arrejuntados… Y tampoco lo estoy citando todo ni mencionando los próximos estrenos, como podéis ver (X-Men, Cuatro fantásticos… ¡no termino!). Así, visto en un aplatanado párrafo, suena a una barbaridad.

Asistí a Civil War como si estuviera viendo un episodio muy largo de una serie (relativamente) muy corta. Claro que, si pretendes enterarte de todo, no puedes ir a ver la tercera película del Capitán América sin haber visto las dos anteriores. Pero aquí hay letra pequeña. Es que encima aparece Ant-Man (y en una parte hace referencia a algo que ocurrió en su propia película) y, cómo no, Iron Man (+ tres películas). Los sucesos del film giran en torno a algo que pasó en la segunda película de Los vengadores (+ dos películas). A su vez, para entender las películas de Los vengadores, tienes que haber visto las de los súpers en solitario, que no hemos contado (+ tres películas… o más bien las dos de Thor, teniendo en cuenta que el Hulk actual técnicamente no tiene una película propia). Y, si me apuras, incluso hay un trocito de tarta para Agent Carter (que ni la voy a contar). Haciendo recuento, Civil War es, stricto sensu, el capítulo número once (¡!) de una serie para la que tienes que estar al día. Mi señor padre ya se hizo un cacao mental cuando fuimos a ver la primera de Los vengadores. Si le hubiera llevado a la tercera del Capi, se raja las venas en el cine.

¿Hay algún problema? En sentido general, quienes van a verla ya son los propios fans de este universo Marvel, o, como mucho, esporádicos que van a pasárselo bien, y, a quien no le guste, nadie le va a arrastrar. Lo que quiero desvelar no es tanto un problema, sino un par de observaciones.

En primer lugar, quiero hacer mención a la calidad. Es difícil discutir que Marvel ha estado entregando productos más que cumplidores dentro de sus pretensiones y por ello (además de por campañas de publicidad colosales… en especial la de Deadpool) han funcionado tan bien. No pasa lo mismo si miramos a DC, que se ha ido llevando todos los palos de la crítica y los fans desde que Christopher Nolan se levantó de la silla de director (o incluso antes). Centrándonos solamente en Marvel (de nuevo), uno puede darse cuenta de que cada vez que se anuncia una película, el hype se dispara y de pronto es el evento del año (¡incluso cuando hay varias el mismo año!). Lo más impresionante es que las expectativas se cumplen. Pero, ¿de verdad su calidad cinematográfica se merece tanto crédito?

Las únicos dos retoños de Marvel que me han llamado poderosamente la atención en cuanto a superioridad y talento fueron justamente las dos series para Netflix (Daredevil y Jessica Jones), tal vez porque son las más alejadas de la fórmula simpática del resto de su universo. Se toman en serio (pero no tanto como para hacer gala del ridículo de-ce-iano) y tienen tiempo para desarrollar historias con buen hacer. El resto de películas, como máximo, me han gustado mucho, pero jamás me han encantado (a Guardianes de la galaxia le guardo un cariño especial, pero tampoco me parece la panacea). Yo soy consciente (espero) que ni Marvel Studios ni papá Disney están pensando en fabricar clásicos para la historia, sino atender correctamente a nuevas demandas en nuevos tiempos y luego a otra cosa, mariposa. Pero a mi alrededor percibo un entusiasmo desconcertante, incluso para los no marvelitas. Al parecer, lo realmente emocionante es que Zutano ha salido del tebeo, por fin, para aterrizar en la pantalla, y eso es algo que celebrar. La exigencia mínima es que con él hagan algo decente. Misión cumplida. Pero no me va a cambiar la vida, aunque el resto del mundo parece que me diga lo contrario. De todas maneras, no soy quién para decidir qué le tiene que dar la felicidad a quienes gozan del cine de súpers.

Cada vez que sacan una de éstas, sé más o menos cuáles me van a gustar, pero también sé que esa misma semana habrá en los cines al menos un par de títulos que me van a merecer más la pena. Siendo así, ¿por qué escojo darle mis euros a quien menos los necesita? Esto me lleva al segundo punto.

A veces me es muy difícil dilucidar en qué medida voy a ver Civil War, Deadpool, Guardianes de la galaxia… porque me gustan o en qué medida porque debo. En principio, la lógica es aplastante: si no creyera que me fuera a rentar ver x, no tengo por qué hacerlo, por mucho que la tribu me presione… ¿o no es así? Echo la vista atrás y recuerdo que, para ver Los vengadores 2: La era de Ultrón, a la que le tuve ganas después de una primera parte con la que lo pasé como un crío, me tuve que tragar Thor 2, Iron Man 3 y Capitán América 2. Lo peor no fue que prácticamente ninguna de las tres me convenciera. Lo más intolerable fue que sabía que no me iban a gustar. Pero, evidentemente, debía pasar por ellas antes del plato fuerte. Hay que estar al día. Hay que estar en la conversación. ¿O no?

Algo muy parecido está pasando con Juego de Tronos, y me ha empezado a sacar de mis casillas. Innegablemente, nos ha enganchado a todos. Miles de fans creen que pueden hablar valyrio (y estoy seguro de que algunos realmente pueden), llevan un recuento de las muertes y predicen cuándo llegará la próxima. Cada vez que empieza una temporada, la mitad no nos enterábamos de dónde estábamos, pero igual la veíamos… incluso cuando la mayoría de ella ha estado basándose en escenas superfluas y aburridas que, eventualmente, van a llevar al giro de los acontecimientos que aguardamos con paciencia. Y luego están los spoilers, de los que nos tenemos que esconder como ratas, o ver el capítulo cinco minutos después de que esté en streaming, o morir. Hay que estar al día. Hay que estar en la conversación. Si tardas demasiado en actualizarte como el resto, te pasa factura. A mí ya no más. Hace un par de semanas que abandoné Juego de Tronos. Sayonara.

“Eso no es nada nuevo”, diréis. ¿Por qué es esto diferente a cuando mi abuela ve la telenovela y no se puede perder ni un episodio para que no le hagan spoiler en la peluquería? Quizá porque esto tiene muchos tentáculos (como Hydra). Está copando todas las esferas de la cultura audiovisual y, con cada entrega de esa multisaga, el compromiso crece.

Y, con esto, el último punto. El más controvertido.

¿Os acordáis de cuando Iñárritu (ese güey que ha cambiado tanto desde Amores perros) se refirió al cine de superhéroes para hablar de un genocidio cultural”? En aquella rueda de prensa, él hablaba de la misión de la cultura de conmover, de educar y de alcanzar cierta trascendencia. Juzgaba “peligroso” que las películas y series de “trajes de nailon” (que, en un sentido cultural –y quizá conservador- no aportan demasiado) coparan tantos espacios en nombre del Dios Dinero.

Más o menos en paralelo a estas declaraciones no libres de ataques, empezó a circular por Facebook una fotografía que “ilustraba” las palabras del director mexicano. La imagen enseñaba el vestíbulo de un cine con, digamos, veinte salas, quince de las cuales estaban copadas por Los vengadores 2: La era de Ultrón.

“A esto se refería Iñárritu con genocidio cultural”. Teniendo presente todo lo que has leído hasta ahora, pongámonos a reflexionar. En principio, existe libertad de elección a la hora de ir al cine. Una libertad falsa, también se podría argüir. La libertad de siempre lo mismo. Tal y como aceptamos que la cultura norteamericana es nuestra cultura (¿por qué, si no, no llamamos “cine extranjero” a las películas de Hollywood?), tampoco nos parece mal que haya una película de súpers cada dos meses o tres, y que irremediablemente devore a otros estrenos mejores te vas a perder, porque esa semana debes ver Los vengadores, porque debes ir a ver Batman v. Superman aunque sea para ponerla a parir por Twitter, porque debes ser más rápido que los spoilers… Eso, claro, si te gusta. Pero, una vez enganchado, que te guste el producto individual es lo de menos. Tú quieres el pack.

El universo marvelita-deceíta (¿?) se expande sin saber cuándo estallará. Y todos los actuales habitantes tendremos que seguir comiendo de su mano para poder seguir al tanto, no solamente en las semanas de estreno, sino también durante los paquetes enteros de episodios de las series adyacentes. ¿Es un sacrificio que hacemos, cuando podríamos estar disfrutando de productos de mayor trascendencia y calidad? Qué carca suena incluso atreverse a formularlo. Si nos divertimos, qué más da. Divertirse significa estar de acuerdo. La borrachera del cómic se torna esmorga.

P.D: Agradecimiento especial a los pesados de Adorno y Horkheimer, fieles compañeros en esta época de exámenes, de quienes he mangado un par de citas. ¡Que vengan a reclamarlas, si son osados!

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Cinéfilo, cineasta amateur, a veces incluso juego a ser periodista. Veo películas si la universidad me deja tiempo y me quejo mucho de mis cortos. Mi mayor fan es mi madre. La gente quiere de eso que fumo, pero es que yo también.
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3 Comentarios

  1. No entiendo porque todo el mundo ahora se raja las vestiduras con las películas de superhéroes… a ver, si te van, pues vas al cine, las ves, las disfrutas o no y punto. Y si no te van, pues no vayas pero no estés dando el coñazo a la peña de que superman tal o que civil war cual….resulta que hace unos años eran todos técnicos…si, si de fútbol, me refiero…luego pasamos a ser todos opinologos, y es tan grande esta tarea que puede ser desde belén esteban, hasta poncio pilatos…y ahora resulta que somos todos directores de cine o mejor aún guionistas. Chicos aflojen en serio, vivir y dejar vivir…yo pago las birras!!!
    Salute!!!

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    • El problema es que el mercado de las sagas de superhéroes y adaptaciones de best-sellers y remakes se está cargando el cine de aventuras NORMAL Y CORRIENTE: hoy en día simplemente no se puede ir al cine a ver una peli de aventuras original y que cautive como podía haberlas en los ochenta y los noventa porque, directamente, ya no las hacen. Son todo productos en cadena que te remiten a no sé qué bodrio anterior, y cuando no es así hay una clara falta ya no de innovación sino de contenido, de sentido. Vamos, que es todo mucho ruido y pocas nueces incluso para el género. También es verdad que las aventuras y la acción no han sido nunca Dostoievski y que antes también había secuelas horribles, pero ya te digo que ahora yo no puedo ir al cine porque parece que son chimpancés los que escriben los guiones. Y los demás no sé, pero yo soy profe de literatura y escribo libros y a mí personalmente me parece que las películas de aventuras efectivamente se han vuelto una basura.

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    • El problema es que ya no hacen pelis de aventuras con un guión sólido y con personajes a los que les cojas cariño como se hacía en los ochenta y los noventa. A partir del 2000 y pico empezaron a primar los efectos especiales y las sagas y los remakes y las adaptaciones, y al final lo que tenemos es un montón de productos flojos y más bien fríos que además te remiten a otros bodrios igual de flojos e innecesarios. A mí no me importaría todo esto si esta moda basura no hubiera reemplazado al cine de aventuras de siempre. Pero yo si ahora quiero ir al cine a ver una peli de aventuras un poco más sensata no puedo porque sólo hay “Marvel presenta: Superhéroe tal, remake número 3, la precuela del spin-off con otro actor”. Y eso es muy triste, están consiguiendo que para ver una buena película uno sólo pueda ir a ver un drama existencialista checoslovaco independiente, porque todo lo demás suele ser una porquería. Pues no señor, yo quiero ver una peli de aventuras que no me dé epilepsia ni me rebaje el cociente intelectual un par de decenas. Pero parece que no se puede. Y no sé si seré de esos que se las dan de listos, pero yo soy profe de literatura y me gusta escribir, lo cual sirve para dos cosas: estar en el paro y entender de estructuras argumentales y diálogos.

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