El Principito: un viaje mágico y emocional

El Principito, dirigida por Mark Osborne, son dos historias paralelas que se fusionan y se separan en distintos momentos del film: la primera, la novela de Saint-Euxupéry y la segunda, un reflejo de la sociedad actual que provoca en el espectador una reflexión ante su “yo” más naif.

La película sabe recoger con dulzura, y haciendo hincapié, cada uno de los detalles que relata Saint-Euxupéry: los señala, los remarca y los hace salir a la superficie de una forma tan natural, bonita y dulce que es fácilmente comprensible hasta por los más pequeños.

Los 104 minutos de film, basados en la novela del aviador, se entrelazan con la obsesión de una madre, esclava de una sociedad dónde únicamente prima la producción y que presiona a su hija para formarse como una persona eficiente y necesaria en el engranaje de la sociedad.

La simultaneidad y conexión de ambas historias dan un significado a las partes en las que El Principito es quizás más ambiguo (o más profundamente reflexivo); acercando a la pequeña protagonista (y al espectador) las ideas más complejas del libro y que promueven el desarrollo de la inteligencia emocional.

El film hace otra homología adaptada a la sociedad actual: crea similitudes con sus personajes para que, con los ojos de los más pequeños, puedan crear sus propias conclusiones (distintas de las que inicialmente creó el autor: el nazismo, el amor por su mujer y su viaje al Sáhara).

La trama se inicia con una niña en las primeras pruebas de admisión a la prestigiosa Academia Werth que, tras su colapso y declinación por parte del jurado a ser admitida, se ve envuelta en una mudanza a otra zona de la ciudad con el objetivo, ideado por su organizada y agotadora madre, de optimizar los 54 días que restan para la segunda tanda de admisiones.

Eficiencia, rectitud y madurez; Es lo que más se repite y se percibe en el film: niños que son aislados de su infancia, separados del mundo de los adultos siendo extraños para éstos y privándoles de las cosas fundamentales de la etapa: la curiosidad y la imaginación (sin límites).

Los dos polos, el de la etapa adulta y la infantil, son perceptibles sin llegar a ser exagerados ni cursis: las rutinas diarias y las obligaciones hechas con desilusión se enfrentan a la actitud del octogenario vecino que vive lleno de alegría, ilusión, generosidad y predisposición a caminar por el mundo que el Principito le ha mostrado.

36Las idas y venidas del cuento a los recuerdos del aviador son diferenciadas por los materiales con los que están hechos los personajes (y esta es una de las cosas más bonitas de la película): un Principito y su domesticado zorro parecen haber sido fabricados artesanalmente de papel crepé, fieltro y cartón con colores planos y con movimientos stop-motion que nos dirigen de vuelta a la sencillez y esencialidad de la vida con una belleza impecable mientras que, en la historia paralela, los personajes adultos son como zombies, grisáceos, grandes y un tanto deformes que trabajan como máquinas autómatas; caracterización que colisiona frontalmente con el viejo aviador y la pequeña. De esta forma, el director, abraza la idea de Saint-Exupéry el cuál invita a observar el mundo a través de los ojos de los niños con la ingenuidad y pasión que ellos sienten.

Como crítica, y buscando de forma concienzuda algún defecto, tan sólo podría decir que la parte final se hace demasiado larga: la niña, en su lucha contra el automatismo adulto y con el objetivo de ayudar a su amigo viejo, la hace llegar al reencuentro con el tan ansiado protagonista de la novela.
En este momento, el film, pierde un poco el contacto con el libro y se le da más énfasis a la sociedad, creando los paralelismos con los personajes más indeseables de la novela a los que la pequeña, siempre acompañada por un pequeño zorro de peluche (el cual no puede hablar porque le tienen que coser la boca de nuevo) tendrá que enfrentarse, promoviendo el reconocimiento de cada uno de los roles que ocupan éstos en nuestra vida.

A pesar del exceso de minutos en ésta parte no creo que hubiese sido posible hacerlo de otra forma sin perder el argumento y objetivo del film: volver a hacernos ser capaces de ver elefantes en las barrigas de las boas en vez de sombreros y corderos que se echan a dormir metidos en cajas de cartón.
A los amantes del libro: llevaos pañuelos, al resto: disfrutad mucho con el film (y a los que vayan de acompañantes obligados; que se lleven un bocadillo de mortadela 😉 )

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Alba Leiva

Alba Leiva

"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados."
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