Las vidas posibles de Mr. Nobody: Zugzwang

¿Qué pasaría si buscásemos la esencia del sentido de nuestras vidas, aunque sólo fuese por un momento? ¿Qué sucedería si retomásemos las preguntas más sencillas con el fin de intentar comprender nuestro lugar en el mundo? ¿Por qué estamos aquí, qué nos ha traído a este punto exacto del camino, hacia dónde nos llevan nuestras decisiones?

¿Y si tuviésemos las respuestas? ¿Cambiaríamos el pasado, moldearíamos el futuro a nuestro antojo, en qué lugar dejaríamos la espontaneidad, la incertidumbre, la deriva de los acontecimientos o el libre albedrío de los demás, algo que tanto puede llegar a influir en nuestros propios pasos? Nemo Nobody puede hacerlo.

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Hablamos del protagonista de una de las películas de ciencia-ficción más infravaloradas del género: Las vidas posibles de Mr. Nobody (otro de esos títulos que hubiera sido mejor dejar como estaba, maldita manía), obra maestra del realizador belga Jaco Van Dormael, que hace unos meses volvía a pasearse discretísimamente por nuestros cines con su última producción El nuevo nuevo testamento –también digna de alabanzas-.

El pequeño Nemo se enfrenta a la decisión más complicada de su vida: elegir entre fugarse con su madre (Natasha Little) o permanecer con su padre (Rhys Ifans) tras el divorcio de estos. Y en contraposición, el mismo personaje en el año 2092 como el último mortal, ya en su lecho de muerte.

Punto. No hay más. Partimos de uno de los argumentos más bellamente sencillos que puedan darse. La maestría de Van Dormael crea el paraíso hecho cine a partir de estos cimientos. Primero, a través de un guión excepcional, repleto de curiosidades y aristas en el que todo está cuidadosamente elegido. Y cuando decimos todo, es ab-so-lu-ta-men-te TODO (nombres de personajes, números de teléfono, lugares, música y hasta los acentos con los que dialogan sus personajes). Pero también es descomunal por ser una joya cinematográfica de la dirección, un trabajo que nace del núcleo de una cultura extremadamente pop para destriparla y reorganizarla con la mirada del que en esta ocasión se sienta tras la cámara.

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Una mezcla de colores saturados con tintes de las mitologías más clásicas nutre la sobresaliente fotografía de Christophe Beaucarne (también en El nuevo nuevo testamento y en otras cintas como Dos madres perfectas o La espuma de los días). Hablamos de una iconografía propia, de gran gusto artístico, que se alimenta de un enfoque digital heredado de maestros como Tim Burton o Michel Gondry. Y cumple con creces.

Si a la inventiva y al ojo de Van Dormael le sumamos el siempre eficaz brazo ejecutor interpretativo de uno de los mejores actores de la actualidad como es Jared Leto (Réquiem por un sueño, Dallas Buyers Club, Inocencia interrumpida…), el resultado es una película cuyo perfecto adjetivo es el de infalible. No falla su estética ni su contenido, tan auténticos que hacen anhelar un poco de esa creatividad en el cine de los últimos años. Defiende un escrito que cumple su misión con creces, tomándose el necesario tiempo para desarrollar historias paralelas, que ilustran y contextualizan excelentemente la historia. Y por si fuera poco, se adorna con un fascinante abanico de elipsis argumentales que siembran dudas al mismo tiempo que su ritmo y montaje (obra de Matias Veress) va resolviéndolas.

En Mr. Nobody (título original, mucho mejor y más sencillo), el show de Truman es tan físico como psicológico y preocupaciones universales como la religión quedan relegadas a la categoría de simple fábula. El camino del personaje se divide interminablemente en múltiples variables, que giran alrededor de tres ejes en forma de mujer: los de Jean (Linh Dan Pham), Elise y Anna (interpretadas por unas envidiables Sarah Polley y Diane Kruger, respectivamente)

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Pero la mayor virtud del largometraje es, sin duda, que su mensaje no concluye con el final del metraje sino que el filme nos plantea múltiples y complejas cuestiones: ¿Y si pudiéramos movernos por el tiempo y las múltiples dimensiones habidas y por haber para utilizarlos a nuestro antojo? ¿Querríamos modificar decisiones, rectificar fallos, mejorar el pasado, ELEGIR nuestro camino…, perder el miedo al futuro, al control de nuestra vida? ¿Estaríamos dispuestos a saber qué debemos hacer y qué no para llegar donde queremos o a quién queremos?

Eso es Mr. Nobody, una película que tiene la capacidad de plantear más preguntas que respuestas, algo difícil de encontrar no ya en el cine actual sino en el mundo en general, un globo explotado cuyos conocimientos ya están al alcance de un clic, por lo que un descomunal porcentaje de ellos ni siquiera entrañan ya secretos ni encantos.

Y bajo los grandes interrogantes, otros que igualmente mantienen nuestra atención por completo: ¿Qué sucede cuando nos enamoramos? ¿Hasta qué punto somos conscientes de las promesas que hacemos, de las palabras que decimos y con las que pretendemos explicar lo que sentimos?

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Si conociéramos las repercusiones de nuestras decisiones y antepusiéramos nuestros intereses en la que creyésemos que fuera la mejor opción, ¿qué lugar quedaría para la libertad de los demás? ¿Serían felices con nosotros? Es más, ¿se puede hablar de felicidad si vivimos una realidad cierta pero manipulada a nuestro antojo o directamente qué haría a esa realidad… real?

Pero no, vivimos sin tener las respuestas. Nos es imposible conocerlas. Y seguimos enfrentando cada día cargando las elecciones realizadas en la mochila. Las buenas y las malas. Las fáciles y aquellas que nos desgarran por dentro, con las que tendremos que aprender a convivir en algún momento.

No hay alternativa y no hacer nada, optar por el inmovilismo, el silencio, también es una decisión que conlleva unas mejores o, en la mayoría de los casos, peores consecuencias. Nos queda el consuelo de saber que casi siempre tenemos el tiempo a favor para corregir lo que no nos gusta, que casi todo tiene solución y vuelta atrás, por muy imposible que parezca.

Así, podremos llegar a pensar que ciertamente la vida, como a veces ocurre, puede ser más grande que cualquiera de los sueños que podamos tener.

Fernando D. Padilla

Fernando D. Padilla

Periodista enamorado del cine y de hablar sobre él. Pese a ello, las personas que valen lo hacen más por lo que callan que por lo que dicen.
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