La memoria bipolar de los Oscars

Lo que dicta la Academia de Hollywood en su cita anual con los Oscars no es sagrado, obviamente, pero la factoría estadounidense presume de tener el mejor cine del mundo y como tal, debería acercarse lo máximo posible a dictaminar a los espectadores cuáles son las mejores propuestas cinematográficas.

Buscando ese objetivo, un servidor confiesa que estos premios son los únicos en los que guarda un poco de fe. Muchos años han ido a parar a sus verdaderos merecedores y eso, a los cinéfilos, nos sienta genial. Pero otras… bueno, mejor esperar que pase rápido la temporada y que la nueva hornada de grandes títulos llegue cuanto antes. Este artículo intentará explicar los grandes y extraños aciertos, pero también los errores sucedidos en las últimas veinte ediciones:

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Como referentes partamos del final de los años 80, en los que merecidamente ¿Quién engañó a Roger Rabbit? se alzaba como la película con el mejor montaje, edición de sonido y efectos visuales así como Beetlejuice (Tim Burton, 1988) ganaba la estatuílla al Mejor Maquillaje, hasta adentrarnos en la siguiente década, para seguir con otra película de este mismo director: Batman conseguía en febrero de 1990, muy merecidamente, el de Mejor dirección artística.

oscar2¿A qué joven de veintipocos no le hubiera gustado presenciar cómo Kathy Bates se colocaba como Mejor Actriz en 1991 por encarnar a la psicópata de Misery? ¿Qué se podría decir de la revolución de nominaciones técnicas que tuvo Dick Tracy en 1991? ¿Cuánto pagarían algunos cinéfilos por volver atrás en el tiempo y presenciar cómo Anthony Hopkins se llevaba su premio por interpretar a Hannibal Lecter en El silencio de los corderos en 1992? ¿Qué habría pasado si Leonardo DiCaprio hubiera ganado como Mejor Actor Secundario en 1993 el Oscar que se merecía, por su espectacular actuación en ¿A quién ama Gilbert Grape??

Quizá la historia presente hubiera sido muy diferente (ojalá). Tanto como el antes y después que supuso Terminator 2: el juicio final como precursora de esa tendencia actual de ciertos títulos que arrasan en las categorías técnicas.

oscar3Revelaciones como el Oscar a Mejor Actriz Secundaria a una jovencísima Anna Paquin por El piano, grandes aciertos como los premios a Holly Hunter y Tom Hanks en 1994, también por El piano y Philadelphia, respectivamente y contradicciones clamorosas como el galardón al guion de Pulp Fiction en 1995 y el menosprecio que sufrió finalmente su director, al igual que Sean Penn, que debió ser premiado ese mismo año por su descarnada interpretación en Pena de muerte.

Los noventa: fábrica de cine de culto

oscar4La industria aún tenía un starsystem muy cerrado y conservador, pero gracias a las cintas importadas de otros continentes consiguieron a finales de la década tirar la puerta abajo. Magníficos títulos se quedaron por el camino: no se entiende el olvido de Hollywood a un largometraje como Trainspotting, con grandes dosis creativas en su forma y una genial adaptación en su contenido. Debería haberse codeado con las grandes y no obtuvo ni una sola nominación.

Ahora nos llevamos las manos a la cabeza con hashtags como #Oscarsgowhite. Sin embargo, nadie puso el grito en el cielo cuando en 1997, uno de los mejores actores afroamericanos hasta la actualidad, Djimon Hounsou, fue ninguneado no estando nominado por Amistad. De hecho, la película fue candidata en cuatro diferentes categorías, sin ser premiada –justamente- en ninguna.

oscar6Pero en 1999 Sophia Loren llama al escenario a un tal Roberto. Un italiano de apellido Benigni se pasea saltando de butaca en butaca. La vida es bella triunfaba como Mejor película extranjera y su protagonista y director como Mejor actor, desbancando a un Edward Norton en su mejor papel hasta el momento (luego llegaría El club de la lucha, claro) por American History X. Pero la película italiana debió ganar no solo como cinta extranjera sino en la candidatura general.

No se explica, igual que la ausencia de El show de Truman en las candidaturas de Mejor Película, cuando uno de sus actores secundarios (Ed Harris debió ganar con su Christof), su guion y el propio director sí que competían por su respectiva estatuilla.

Un nuevo milenio de imaginación

En el 2000 comenzó a aparecer un nombre que nos suena familiar, el de Emmanuel Lubezki. Si bien su primera nominación había sido en 1995, en el 2000 optaba por su trabajo en Sleepy Hollow, premio que le arrebató Conrad L. Hall por American Beauty. Pero si ese caso es cuanto menos discutible, la desaparición en las candidaturas de ese año de Fight Club es uno de los mayores insultos cinematográficos de los que servidor ha podido ser testigo. Ni película, ni director, ni actores, ni actriz de reparto, ni guion, ni fotografía, ni montaje… Sólo una mísera nominación por edición de sonido. Patético.

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Esos años fueron completamente esquizofrénicos, fruto de ello algunos críticos exponen la teoría de la alternancia entre años conservadores y aperturistas. En 2001, la Academia se olvidó de nominar a mejor película a Billy Elliot pero al mismo tiempo Ridley Scott mereció ganar su primer Oscar por Gladiator. Ese año la crítica al establishment volvió a quedarse fuera con otro de los clásicos nombres del cine postmoderno: Réquiem por un sueño. Sólo su protagonista, Ellen Burstyn, consiguió estar nominada. Debió ganar pero en su lugar venció Julia Roberts por Erin Brockovich. Sin comentarios.

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Contradicciones por todas partes, como las múltiples nominaciones de Moulin Rouge! y la desaparición de su director y de su canción original, Come what may, en las candidaturas de 2002 y, sin embargo, fuimos testigos un año después del primer Oscar al rap (iba siendo hora).

Coolio se habría merecido el premio (y ese reconocimiento histórico) siete años antes por el mítico Gangsta’s paradise de Mentes peligrosas, pero las reglas de los Oscars dejan fuera cualquier canción cuyos componentes no hayan sido compuestos expresamente para la banda sonora de la película en cuestión, así que los samplers utilizados, en este caso pertenecientes a Pastime paradise, de Stevie Wonder, fueron rechazados.

Finalmente en 2003, año en el que Chicago se proclamó como Mejor película siendo la más floja de todas, Eminem fue el primero en tener el primer Oscar rapero, muy justamente también, por la fantástica Lose Yourself, tema central de su semibiografía 8 millas, venciendo a nominados de peso como U2 o Paul Simon. En esa gala no dejaron actuar en directo a ninguno de los candidatos, ¿por qué sería? Ni siquiera el premiado acudió a la gala.

La polémica que se ahorró la Academia por ese lado finalmente le llegó por otro completamente distinto: el del Mejor Documental.

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Pongámonos en situación: Elizabeth Shue llama al escenario a un documentalista llamado Michael Moore, muchos de los presentes aplauden de pie, entre ellos un emocionado Martin Scorsese y mientras, en España, nos preguntábamos quién era ese tío. No solo invitó al resto de nominados a sumarse con él en el escenario sino que pronunció (recordamos, con el 11-S y la invasión estadounidense en Afganistán muy calientes aún) las siguientes palabras:

Vivimos en un tiempo donde tenemos elecciones ficticias que resultan en la elección de presidentes ficticios. Vivimos en un tiempo donde los hombres son enviados a la guerra por razones ficticias”. Los aplausos fueron tan fuertes como los abucheos provenientes de los más conservadores.

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Pero la imaginación comenzó, por fin, a ser premiada.

En 2004, bajo la indiscutible victoria en Mejor guion original de la genial Eternal Sunshine of the Spotless Mind y tres años después, reconociendo otro de los mejores guiones de lo que llevamos de siglo, el de Little Miss Sunshine y la creatividad estética de los genios del equipo de Guillermo del Toro en El laberinto del fauno, que se llevó el de Mejor fotografía, dirección artística y maquillaje.

(Este último para dos españoles que ya parece que hemos olvidado).

El gran resurgimiento de 2008 y 2009

No es país para viejos, Pozos de ambición, Expiación, Juno, La vida en rosa, Sweeney Todd, Once, Javier Bardem, Marion Cotillard, Slumdog millionaire, El curioso caso de Benjamin Button, Mi nombre es Harvey Milk, Wall-E, The reader, Frost/Nixon, El intercambio, El caballero oscuro… Heath Ledger.

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Películas y nombres propios que hicieron que los Oscars volvieran a un punto álgido de popularidad, que el buen cine y las cintas de éxito no fueran antónimos. Desde entonces, los que vivimos plenamente conscientes esas ediciones mantenemos las expectativas a ese nivel. En ocasiones, la decepción no es para nada grave y en otras nos vamos a dormir (demasiado tarde, es lo peor) y aquí no ha pasado nada.

El starsystem y el sueño americano

En los últimos años, la propia gala de los Oscars se ha caracterizado por ser una propia película: sus actores premiados serían los protagonistas; el guion vencedor sería la partitura a seguir; el director, el maestro de la batuta y la película ganadora, el título que englobaría el conjunto.

oscar12Han sido años de grandes papeles protagonistas. Hemos visto a Natalie Portman convertirse de niña de Léon, el profesional a Reina Cisne, para alzarse con uno de los Oscars más merecidos de las últimas décadas. Otro de los Oscars clarísimos era el de Christian Bale por The fighter y su método de actuación siempre llevado al límite. Y es que no se trata de premiar una trayectoria sino una técnica impecable empleada en cada interpretación. Nunca será justo en estos premios que se premie por trayectoria, salvo en la categoría honorífica, claro.

Y si hablamos de técnicas de interpretación… Daniel Day-Lewis es el rey indiscutible. Tres Oscars de cinco nominaciones, una estadística alucinante. Y cada uno de ellos, absolutamente indiscutible. Su tercer hombre dorado llegaría en 2013 por devolver a la vida al presidente estadounidense Abraham Lincoln en un año en el que volverían a darse injusticias mayúsculas como la derrota de Moonrise Kingdom en guion original y ya no digamos la desfachatez que significó que no estuviese siquiera nominada a Mejor película.

JOAQUIN PHOENIX as Theodore in the romantic drama "HER," directed by Spike Jonze, a Warner Bros. Pictures release.

JOAQUIN PHOENIX as Theodore in the romantic drama “HER,” directed by Spike Jonze, a Warner Bros. Pictures release.

Un año después, uno de los escritos más creativos, el de Her, vuelve a hacer merecedora a la categoría de la etiqueta de “guion original”. Al mismo tiempo, los seguidores de Réquiem por un sueño veríamos subsanado el error del ninguneo de la Academia con el premio que ganó Jared Leto en 2014 por Dallas Buyers Club, interpretando brutalmente al travesti drogodependiente y seropostivo Rayon.

Personaje este que acompañaba al de Matthew McConaughey (pletórico desde su remontada interpretativa en Mud) y que consiguió arrebatarle a Leonardo DiCaprio un premio que parecía cantado que iría a parar al protagonista de El lobo de Wall Street. Película que, curiosamente, enfrentaría a ambos actores brevemente y en la que podíamos comparar directamente la calidad de sus interpretaciones.

Los años de la dualidad

Desde 2014 se instaló una nueva tendencia que esperemos finalice pronto: la rivalidad entre dos candidatas. No tiene sentido, no en categorías como la de Mejor película, que han llegado a tener hasta diez nominadas y en cuyo caso agradecíamos por la diversidad de historias y géneros que presentaba.

En los últimos años hemos visto a la Gravity de Alfonso Cuarón contra los Doce años de esclavitud de Steve McQueen, a El renacido de Alejandro González Iñárritu contra el Spotlight de Tom McCarthy y un duelo que personalmente fue muy sufrido: el de 2015 entre Birdman y Boyhood.

oscar14Si bien el director mexicano mereció claramente el Oscar por dirección, y viendo que el resultado de todas las dualidades anteriores concluyó en reparto de premios, la cinta de Linklater mereció ganar. Por reciente, constituye uno de los mejores ejemplos de injusticia en los Oscars de los que verdaderamente duelen.

Pero ahí no acabaron los errores de 2015. Debemos recordar que Lost stars, tema central de la película Begin again era mucho mejor canción que la mediocre premiada (pero politizada, he ahí la clave) Glory, de Selma. Y qué decir sobre la ausencia de nominación para el guion de Interstellar

Llegamos a 2016 y pese al merecidísimo premio a Brie Larson como actriz protagonista por la que creo que ha sido la mejor película del año, Room, lo más interesante de este año de Oscars ha sido -¡sorpresa!- los olvidos: Beasts of no nation y Los odiosos ocho debieron haber sido nominadas a Mejor Película, como mínimo.oscar15

Que la actuación de Idris Elba no haya sido candidata es un grave insulto que en un futuro querrán rectificar, tiempo al tiempo. Pero sobre todo, la mayor ausencia ha sido la de la mejor interpretación de este año: la del pequeño Jacob Tremblay por Room. Recuerden ese nombre.

Fernando D. Padilla

Fernando D. Padilla

Periodista enamorado del cine y de hablar sobre él. Pese a ello, las personas que valen lo hacen más por lo que callan que por lo que dicen.
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