La Maestría de George Miller

Después de haber visto la explosiva y salvaje Mad Max: Furia en la Carretera, a un espectador como yo le debe quedar claro que George Miller ha vuelto a encontrar su gallina de los huevos de oro. Con este reboot de la saga, el creador de figuras tan míticas como el cerdito Babe o de filmes tan inocentes como Happy Feet, ha reafirmado la opinión que muchos de nosotros ya teníamos sobre su capacidad para dirigir películas de acción en las que los automóviles son – más o menos – los protagonistas.

Hay que reconocerlo: en Mad Max este australiano fue capaz de ofrecer al público un filme tan trepidante y poco convencional que, por aquel entonces, la concepción que se tenía sobre las cintas de acción dio un volantazo de 360 grados. Desgraciadamente, como buen nacido en los noventa que soy, yo no pude sentir el arrebatador asombro que todos los nostálgicos espectadores ahora sienten al revisitar el clásico que propulsó la fama de Miller. Sin embargo, lo que sí valoré fue el mérito y el reconocimiento que se le tuvo que dar al director por ser capaz de trasladar a la gran pantalla todas esas frenéticas escenas de carretera con unos medios que, hoy en día, resultarían más que insuficientes.

Paradójicamente, con El Guerrero de la Carretera, la segunda entrega de la saga protagonizada por un jovencísimo Mel Gibson, Miller sí consiguió sorprenderme al dotar a su largometraje no sólo con persecuciones automovilísticas más poderosas que las de su predecesora, sino por contextualizarlo con una trama más coherente – o, por lo menos, más estructurada y trabajada – que la que pudimos observar en su escopetazo de salida. Por lo tanto, después de haber visto dos de las tres películas de la colección, no me parecía un disparate pensar que la categoría en la que podríamos situar a Miller es en la de “maestro de las películas de acción”.

Aunque a muchos de vosotros se os pueda hacer un poco cuesta arriba esta última afirmación al pensar en el bajón de calidad de Más Allá de la Cúpula del Trueno, donde la esencia de esta salvaje y enloquecida saga se perdía al introducir un tono innecesariamente infantil, hay que destacar un pequeño detalle que quizás algunos no conozcáis: la dirección de la tercera aventura no corrió sólo a cargo de Miller, sino también de un tal George Ogilvie, quien se encargó de la película en general mientras “El Maestro” únicamente se dedicaba a trabajar en sus escenas más “moviditas”.

 

Mel Gibson como Max

 

Por lo tanto, después de haber visto Fury Road, de aplaudir la labor del director en Mad Max y en Mad Max 2, y teniendo en cuenta que la tercera entrega de la trilogía original cuenta con dos grandísimas y memorables escenas de acción (la lucha bajo la cúpula del trueno y la tardía – pero perfectamente coreografiada – persecución final), nos sobran las palabras. Miller ha encontrado América: no sólo porque su última película sea una co-producción estadounidense, sino porque el nuevo siglo le ha proporcionado al director australiano los suficientes medios para trasladar su estrafalaria idea – que, por cierto, parecía estar gafada – a lo grande.

Y, ojo, porque aunque vivamos en la era digital, la gran mayoría de los efectos especiales de Mad Max: Fury Road están hechos a la vieja usanza, mientras que una minoría de los mismos son fruto de la labor de post-producción: el brazo amputado de Furiosa, esa tonalidad saturada del desierto, alguna que otra explosión, y poco más. Así que, señores, alabemos esta primera entrega de una nueva saga por haber podido volver al enloquecido universo Mad Max, por haber sido testigos de un filme con una labor de post-producción admirable (no sólo por lo ya comentado sino por el perfeccionismo a la hora de coordinar música, sonido e imagen), por haber visto a dos de los grandes de Hollywood protagonizar una película que es una locura, y por haber presenciado, gracias al maestro Miller, el más claro ejemplo de lo que es – o debería ser – el cine de acción.

Bravo, Maestro.

  • Estreno: 2015 7.9
  • Género: Action
El director George Miller regresa al universo que mejor conoce, el de 'Mad Max', cuya primera película, 'Mad Max. Salvajes de la autopista' (1979) se convirtió en una película de culto, repleta de violencia, convirtiendo a su protagonista, Mel Gib Leer más
Nicolas G. Senac

Nicolas G. Senac

Licenciado en medicina. Cinéfilo. Seriéfilo. Blogger. Defensor de la célebre frase de Walt Disney: "We are not trying to entertain the critics. I'll take my chances with the public"
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