La Llamada: Los Javis inventan el catecismo transgresor, y les funciona

Si me pusiera estupendo y tuviese que arrojar al cubo de la basura todas las películas, novelas, series de televisión y canciones de mi vida que supuestamente debo ignorar por tratar de venderme un mensaje religioso, creo que me vería obligado a borrar de un plumazo más de la mitad de mi lista de recuerdos. Porque en efecto ‘La Llamada’ es una película abiertamente religiosa, camuflada eso sí bajo un paraguas de rebeldía inocua, modernidad juvenil y brochazos de humor grueso emparentados con el primer Almodóvar o la dupla formada -también en el teatro- por la desaparecida Dunia Ayaso y Félix Sabroso. No son estos malos referentes para los debutantes (en el cine) Javier Ambrossi y Javier Calvo. La adaptación de su exitoso musical -que aún sigue girando, fuera incluso de nuestro continente- no trata de provocar a nadie, ni en sus intenciones es enteramente un cuento evangelizador, sino que simplemente trata de traducir su poco sutil moralina cristiana a un contexto más desairado y ligero, con intencionados guiños a la libertad sexual o el consumo de drogas entre los más jovenes.

Macarena García es María.


María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) son dos adolescentes -ejem, ejem- que disfrutan de sus vacaciones en el campamento de verano cristiano ‘La Brújula’. Una noche, antes de escaparse juntas a un concierto de música electrolatina -a saber qué carajo significa eso- a María se le aparece Dios para cantarle ‘I Will Allways Love you’. Desde ese instante, las prioridades de María cambiarán de manera radical y se replanteará qué desea hacer con su vida.

Richard Collins vuelve a interpretar a Dios, como en la obra de teatro original.

El simpático número musical que comparten las monjitas Gracia Olayo y Belén Cuesta o la apoteósica explosión final de petardeo pop ejecutada por Macarena García y Anna Castillo sirven para encontrar el justo equilibrio entre la diversión desinhibida y la propaganda catequista. ‘La Llamada’ (2017, Javier Ambrossi & Javier Calvo) camina con seguridad, y sin miedo a caerse de culo, sobre una sólida línea que separa el grano de la paja, distinguiendo entre lo políticamente correcto -es decir, casi todo- y una tímida actitud transgresora tan, tan suave que ni siquiera requiere filtros de censura.

Belén Cuesta y Gracia Olayo son las hermanas Bernarda y Milagros


Los Javis -que así se hacen llamar ahora, por algún vericueto publicitario que desconozco- aprueban con nota alta en su intento de trasladar al cine la misma fórmula irreverente de su webserie ‘Paquita Salas’, rescatada por Netflix de la plataforma marginal Flooxer. Por lo demás, nada hay que te obligue a sintonizar con el runrun pastoral que a ratos se oye de fondo, sobre todo si te relajas y disfrutas de la parte con la que sí conectas de esta comedia clerical, comenzando por la relectura glammy y hortera de una popular balada country de Dolly Parton que popularizó Whitney Houston a principios de los 90.

Anna Castillo es Susana, la mejor amiga de María


A la audiencia más joven le dará igual, o probablemente ni se coscará de ello, que la actuación musical del tal Richard Collins Moore como Dios, convenciendo a Macarena García de las bondades del amor divino, sea idéntica -aunque escenográficamente más pobre- a la de Frankie Avalon en ‘Grease’ (1978, Randal Kleiser) sugiriéndole a Frenchie que dejase la peluquería y regresara a la escuela. Eso me importa casi menos que, como en el musical de Jim Jacobs y Warren Casey, se empleen actores ya muy entrados en la veintena para interpretar a adolescentes. Son detalles que, en el fondo, ni me van ni me vienen, y les haces la vista gorda. Pero están ahí. Para compensar, y a defender con uñas y dientes, el inconfundible gracejo sevillano de Belén Cuesta (y ya son varias las películas salvadas por este torbellino de actriz), dos o tres ocurrencias de guión que logran robarte la sonrisa, Anna Castillo poseída por el irresistible encanto choni de Josele Román o el tono distendido que esta ópera prima toma prestado de la misma obra de teatro en que se basa.


Con ‘La Llamada’ ocurre un poco lo mismo que cuando te plantan delante un suculento plato de legumbres con chorizo y apartas la verdura porque no te gusta: si eres de los que abrazan la fe religiosa y crees que el Señor también puede ser guay, será más fácil que disfrutes de todos sus ingredientes. Si eres agnóstico como yo, seguirás apartando la verdura y comiéndote sólo lo que te gusta.

Antonio López

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"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
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