Por qué La La Land

 De La ciudad de las estrellas se ha dicho ya prácticamente de todo; que es un nuevo clásico y un producto sobrevalorado. Que es un homenaje a lo antiguo, y que es cine reinventado y experimental. Que es algo obligatorio, y una simple exhibición; un acierto, y una decepción.

 No redacto este artículo para darle a este musical una valoración cuantitativa más. Hoy os escribo para explicaros por qué La La Land importa.

Os dejo aquí la playlist de la película para darle ambientillo al artículo. Disfrutadla, merece mucho la pena. Agradecédsela a Justin Hurwitz.

 

 El tercer largometraje de Damien Chazelle ha conseguido una hazaña que poco tiene que ver con premios ni con récords de nominaciones. El director ha inspirado a una generación de cineastas y artistas en general, la más nueva, la que más tiene que aprender. Y es que es hora de asumirlo, quedan pocos jóvenes amantes de los clásicos y devoradores de películas como los de antes. Queda alguno, pero en el mundo actual las series, los blockbusters, e Internet han hecho mucho daño en ese sentido. La juventud pide a gritos contenido gratuito, o muy barato, y reclama que este sea online, así que se conforma con lo que encuentra y lo que le suena. Los clásicos parecen cada vez más relegados a los DVDs rayados de las bibliotecas. Así funciona el mundo.

 Lo audiovisual es un pequeño universo de modas efímeras entremezcladas con grandes obras esenciales. Y por eso mismo, la nueva generación sueña con hacer el nuevo Juego de Tronos, y no el nuevo Cantando bajo la lluvia. Pero no Chazelle. El cineasta quería crear el musical de los musicales, un canto a los sueños inspirado en todo lo que había bebido con avidez del pasado (os dejo el vídeo de referencias que editó Sara Preciado). Y de este modo, surgió La La Land. Al entrar en el circuito de modas, la película se convirtió en un producto nuevo para algunos, nostálgico para otros, indispensable para unos cuantos, y a odiar para otros tantos.

 

 La La Land ha conseguido hacer cantar y bailar al mundo entero, ha recordado a todos que el género musical no tiene por qué estar muerto. Ni tampoco la cinefilia. La historia que cuenta Chazelle es muy sencilla, previsible y normalita. Su largometraje podría ser uno más en la cartelera. ¿Por qué no lo es, entonces? La clave, en este caso, no está tanto en el qué cuenta, sino en el cómo lo cuenta. La ciudad de las estrellas combina una deslumbrante fotografía con una dirección meticulosa, una bella banda sonora con una dirección de arte igualmente hermosa. ¿El resultado? La película aúna lo viejo y lo nuevo, generando una atmósfera propia y personal que se convierte en seña distintiva del filme. El estilo y la identidad del producto audiovisual, tan definido, es un gran punto a favor para el mismo. Se trata de algo que todos los artistas buscan desarrollar para sí: al público siempre le gusta saber a lo que va. Y si gusta al espectador, gusta a los artistas, pues eso significa que es un trabajo bien hecho. Del arte nace la fama, y de ahí la motivación de muchos. Si La La Land es un éxito, todos querrán ser La La Land. Obvio.

 

 El director de Whiplash es su propio personaje, Sebastian (Ryan Gosling), aferrándose a un género artístico que parece estar extinguiéndose, gritándole al mundo que la vida “es pura, pura emoción”. El filme no es una exploración de aquel género ya pasado de moda, sino un grandísimo homenaje dispuesto a recordar a los jóvenes y adultos que seguimos necesitando ese cine. Es un buen recordatorio para el mundo de que todavía hay sitio en él para musicales sobre amor y sueños, y de que merece la pena dejarse llevar por ellos de vez en cuando. La La Land es pasión por el séptimo arte y por el jazz. Es saber que las elecciones son riesgos, pero que la vida está repleta de ellas. Y que nada está bien ni mal. Por esto mismo, el largometraje no es bueno ni malo. Es imperfecto, pero es necesario. Simplemente es otra elección, otro riesgo, uno que invita a que todo el mundo fantasee y se arriesgue a luchar por el arte y por sus máximas aspiraciones. Porque al final, vale la pena.

 

Rocío de la Aldea

Rocío de la Aldea

Proyecto de comunicadora audiovisual, scout, zurda, seriéfila y marvelita. Mi sueño es tener un dragón. Escribo cosas.
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