La isla mínima: Half Measures

Mucha tinta se ha vertido sobre «La isla mínima» y probablemente sea debido, lejos de a las comparaciones con una «True Detective» emitida tras su rodaje, al hecho de que es un thriller que sobresale, que destaca entre la media anual –y general– tanto por su calidad como por ser, de alguna forma, distinto en sus intenciones.

Con la ayuda de una fotografía cuidada al detalle y un fantástico reparto, Alberto Rodríguez construye un tono, un ambiente, y es en él en donde tiene lugar la investigación policíaca. Y es que esta investigación tiene, por supuesto, un papel importante en la trama, pero el director tiene el buen juicio de anteponer el conjunto de sensaciones que genera el extraño lugar por encima de la resolución del caso. De esa forma, gracias a un suspense perfectamente medido, el espectador lleva su interés a un nivel superior: El «¿Quién es el asesino?» se ve superado por una inquietud mayor: «¿Qué está pasando en este sitio?».

La dirección de Alberto Rodríguez, soberbia de principio a fin y cimentada en estas intenciones de las que hablaba, logra un thriller mucho más jugoso que aquellos a los que tienden a malacostumbrarnos y confirma una vez más lo que nadie debería poner en duda: en España seguimos sabiendo hacer cine de altura.

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No obstante, «La isla mínima» termina dejándome una sensación agridulce, la impresión de que toda ella queda a medio camino. Nunca termina de definir si quiere ser una cinta orientada a generar inquietud en el espectador o si quiere centrarse en resolver el caso, el resultado es indefinido, y ni me sobrecoge por completo ni tengo un angustioso interés por conocer cómo concluye la investigación.

De igual forma, tampoco termina de explotar los frentes que abre y acaban siendo meras pinceladas de las que se podía haber sacado mucho más jugo, o al menos haber tratado de que no generasen la impresión de descuidadas y olvidadas, como si a la hora de escribir el guión hubiesen faltado las ganas para darle la atención que se nos sugiere que merecen.

Estos deslices, en mi opinión, dejan al potente thriller de Rodríguez a las puertas de convertirse en una cinta magnífica, pero sus virtudes tienen el peso suficiente como para hacer de «La isla mínima» una gran película, siniestra y sombría, de esas cuya fuerza y magnetismo nos empuja a volver a ver una y otra vez más.

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Álvaro Faure

Álvaro Faure

Estudio Ingeniería en el tiempo que mi obsesión por el cine, por la música y por la literatura me deja, o tal vez sea al contrario.

A finales del siglo XIX, una nueva forma de arte cobró vida. No existía nada similar... Se parecía a nuestros sueños.
Álvaro Faure

4 Comentarios

  1. «Escribo aquí, allá y en donde nadie puede leerlo». Qué poeta estás hecho miarma. Por desgracia o no, es mentira. Buena crítica en todo caso, comparto que le falta rematar, se acaba desinflando salvo por la gran escena entre los juncos, que es brutal.

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    • Coincido con lo que dices, incluyendo el sarcasmo sobre lo de poeta. Te invito a leer la frase en un tono menos lírico y verás que en realidad es una verdad muy tonta y sencilla: Escribo en esta web, en otra web y escribo cosas que no publico. Me alegra que te guste la crítica. Un saludo.

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  2. Totalmente de acuerdo contigo. Soy una gran fan de Raúl Arévalo, con lo que me vi obligada a verla en cuanto la estrenaron en las salas. Después de tanta promoción y buenas críticas, tenía grandes expectativas puestas en ella. Pero cuando salí del cine y tocó criticarla, mi comentario se podría reducir a «está bien pero le falta algo».

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    • Nos toca quedarnos con lo bueno, y es que Alberto Rodríguez seguramente vaya a más y nos seguirá regalando películas de calidad incluso superior a ésta, que ya es decir.

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