La Gran Apuesta: o cómo arriesgar comprando la entrada sin salir decepcionado

La verdad es como la poesía. Y la mayoría de gente odia la puta poesía.” – frase escuchada en un bar de Washington, D.C.

Quitando lo acertado o desacertado de la cita arriba escrita, la cual aparece en la película sobreimpresa en un momento dado y cuyo supuesto origen es el señalado (invención absoluta de su guionista que no encontraba una frase en la historia de la humanidad que le gustara para ese momento de la peli), lo que me interesa después de ver La Gran Apuesta es intentar resaltar el mérito que tiene tratar un tema ya conocido y odiado por muchos, con personajes que, aunque no conozcamos y a simple vista pensábamos que serían unos desalmados miserables, resultan muy interesantes y más listos que los demás.

Porque no nos engañemos: cuando uno va a ver una película sobre un pasado que ya conoce -y más siendo tan reciente- suele ir un poco desconfiado y de mala gana. Es un poco decir: “Pero si ya sé cómo acaba, de qué me sirve y para qué voy a pagar”. Ejemplos típicos serían las pelis de la Segunda Guerra Mundial, donde por muy mal que vayan las cosas sabes que los yanquis al final van a ganar, o los intentos de atentado contra Hitler, que de seguro sabes que fracasan, o la peli del Titanic, puesto que si te importa poco la historia de amor ya sabes desde el principio que lo más relevante es que el barco se hunde, etcétera, etcétera, etcétera.

Pero aquí, aunque sé cómo de mal va a terminar la historia, consigo quedarme enganchado a ella. Me sorprendo viéndome sufrir por saber si sus protagonistas seguirán con su idea adelante apostando en contra de los famosos CDOs o si vale la pena lo que hacen con tal de joder a los bancos.

Y puesto que el film de alguna forma intenta buscar la honestidad (y no la encuentra por ningún lado), quiero intentar ser lo más honesto posible ante un film que me ha dejado mejores sensaciones de las que esperaba y me ha dado más de una sorpresa.

No he visto ninguna película anterior de su director, Adam McKay, y dudo que lo haga, teniendo en cuenta que no veo nada destacable o relevante en su filmografía; y menos aún conociendo que casi todas están protagonizadas por Will Ferrell, a quien me cuesta más tragar que a Grecia su deuda (con todo el respeto los fans).

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Yendo a por más confesiones, y tomando una referencia como comparación, diré que debí ser de los pocos que se sintió decepcionado hace un par de años con El Lobo de Wall Street. No creo que fuese una mala película, pero nunca me dejó tan indiferente y aburrido tanto sexo, drogas y rock&roll. Me pareció un capricho de DiCaprio al que cedió Scorsese para tenerlo mimado y contento, para ver si conseguía un Oscar (tranquilo DiCaprio, éste año parece que te lo van a dar y podrás llorar a gusto); y que no sólo no aportaba nada, sino que distorsionaba al capullo de Jordan Belfort. No digo que todas las locuras e idas de olla que ocurrían en la peli no fueran ciertas, pues en principio sí sucedieron, lo que digo es que teniendo un equipo artístico envidiable y la posibilidad de desentrañar realmente lo que hicieron los tipos de la compañía de Belfort, Scorsese y DiCaprio se decantaron sólo por el libre albedrío, por “ocultar” de alguna forma que Belfort y sus compañeros no fueron más que unos timadores con mucha labia y poco cerebro, unos estafadores criminales que se libraron de la cárcel como toda persona con dinero a espuertas. Y casi parece que los consideraban buenos tipos, como si quisieran que dieran lástima o algo, cuando en la vida real fue todo lo contrario.

En cambio voy y me sumerjo en La Gran Apuesta, donde ya de por sí todo el mundo da por hecho que sus protagonistas fueron los hijos de perra que desencadenaron la crisis, cuando no es así. Ellos sólo vieron cómo todo el mundo en la banca y las finanzas giraba la cabeza hacia otro lado ante las evidencias de la futura crisis y las estafas que ofrecían a los clientes por pura avaricia, así que decidieron sacar tajada de las artimañas de la banca.

FILM-THE_BIG_SHORT_37882487Para empezar, tenemos al personaje de Michael Burry, interpretado por Christian Bale de forma magistral como casi siempre. Burry es la persona más importante que hubo en esta historia, y es el único al que no le han cambiado el nombre en la película. En el film se nos presenta como un médico que se dedica a las finanzas, con muchos problemas de interacción social que achaca a la enfermedad que le hizo perder un ojo de pequeño y tener que llevar uno de cristal. Sobre este punto hay que destacar lo increíble de Christian Bale al abordar el papel, ya que supuestamente en el film no hay ningún efecto especial aplicado sobre su ojo izquierdo; el tío es capaz de mantener un ojo quieto y mover el otro a su merced (y si es capaz de hacer eso con sus ojos, no quiero saber lo que puede hacer con otras partes de su cuerpo). Pero además, Michael Burry es un hacha en las inversiones con una mente muy focalizada en los datos y un olfato para rastrear los puntos débiles del mercado o buscar futuros valores, eso si no está tocando la batería y escuchando música heavy metal de la cual es un apasionado. Y aquí hay que volver a mencionar se quiera o no a Bale, pues aprendió a tocar la batería en tan solo dos semanas. Al poco de empezar la película, ya nos damos cuenta que Michael Burry es una persona peculiar, por no decir excéntrica, rozando por momentos y pareciendo un Asperger. Pero éste hombre fue quien descubrió el gran fraude de los bancos en la práctica de préstamos hipotecarios, ya que se dio cuenta que a la larga iba a hundirse si el número de impagos ascendía tan sólo un par de puntos más. Así que decidió ir en contra de ellos con la compra de permutas de incumplimiento crediticio (en inglés credit default swap o CDS) a todos los grandes bancos.

landscape-1450730780-elle-january-2016-the-big-short-03Luego tenemos al actor Steve Carell, interpretando a Mark Baum, basado en el personaje real de Steve Eisman, un gerente de fondos de cobertura que se enteró por casualidad con su equipo del posible desplome en el futuro del pago de hipotecas subprime. Ese bombazo que en la película desea confirmar se debe en parte a la colaboración que le ofrece Jared Vennett, interpretado por Ryan Gosling, y basado en la figura real de Greg Lippmann, quien trabajaba como comerciante de Deutsche Bank y en film hace las veces de narrador. Gosling representa quizás al tipo con menos escrúpulos, pero de personalidad y convicciones fuertes y, lo que resulta más genial, lleno de referencias cinematográficas. Puede que me deje llevar por el simple hecho de que supone el regreso de Ryan Gosling a la pantalla después del largo parón de casi 2 años que se dio a sí mismo. De hecho, no es el personaje en el que más se profundiza, ni él en ningún momento se considera una persona súper lista o brillante; es sólo un tipo que ve una oportunidad e intenta convencerlos de ir a por la pasta, sin trampas ni cartón. En cambio la caracterización de Steve Carell resulta sorprenderte, al igual que su personaje. Probablemente la exageración en la película sea considerable (aunque hay momentos en los que se nos avisa de hechos que realmente sucedieron tal cual nos lo cuentan), pero Mark Baum es junto Michael Burry uno de los dos tipos más interesantes del film y mejor desarrollados. Un poco estrambótico, cierto, pero que odia a los bancos, a los políticos y a los magnates que juegan con la economía del país y los ahorros de las personas. Baum encierra una doble contrariedad ya que ve la posibilidad de enriquecerse personalmente, que es una motivación, a costa de los errores y el fraude de otros. Pero sabe que tal hecho implica la ruina de millones de familias y el desplome de la economía del país. Pero a la vez ve también ve que ningún experto de las agencias de calificación (buenísimo el momento en que van a Standard&Poor’s) hace nada The-Big-Short-trailer-2e ignora las evidencias por beneficios propios, por no hablar de todas las personas que viven por encima de sus posibilidades de forma estúpida llevadas por la simple codicia. Así que puestos a arruinar a todo el país sin que los bancos paguen las consecuencias, Baum y los suyos deciden sacar tajada y hundirlos si hace falta en su propia estupidez.

Por último quedan los personajes de Charlie Gellar y Jamie Shipley (interpretados por John Magaro y Finn Wittrock), los cuales están basados en Charlie Ledley y Jamie Mai. Estos dos jóvenes inversores, con mucho futuro y dinero, aunque no el suficiente para entrar en los círculos que ellos desean, se encuentran también por casualidad con la posibilidad de enriquecerse yendo contra el mercado de la vivienda. Pero como no disponen de los suficientes fondos (hablamos de millones), recurren a su vecino y mentor Ben Rickert, interpretado por Brad Pitt, y basado en el banquero real Ben Hockett. Juntos llevaron a su compañía Cornwall Capital a lo más alto cuando nadie daba un duro por ellos. Pitt, que vuelve a ejercer de productor en una película y hace este pequeño papel, está gracioso por momentos, pero muy desaprovechado como viene siendo habitual en los últimos años, más empeñado en hacer cintas y papeles para quedar bien que en arriesgarse como lo hacía en los noventa y principios del 2000 (para ser sincero, casi nada de lo que ha hecho Brad Pitt desde que está con Angelina Jolie se puede equiparar a los papelazos que hacía antes, con excepción de un par de películas de hace unos años).pitt1.png.CROP_.promo-xlarge21

La gran apuesta es divertida sin ser desternillante, es seria sin ser dramática, y explica de forma comprensible y sencilla las bases que llevaron al colapso y hundimiento de la banca en el tema de las hipotecas. Porque como nos señalan también en la película, en el fondo los que mueven los hilos en economía sencillamente inventan un montón de palabras y hacen ver que todo es muy complicado e incomprensible para que la gente no preste atención y crea que está en buenas manos y uno piense que es idiota y no puede llegar a su nivel. ¿Verdad que a veces uno cree tener esa sensación? Y con mucho atino, la película pone ejemplos con cameos de famosos, como la niñita de Selena Gómez explicando en una mesa de blackjack qué son los CDO sintéticos, o Margot Robbie explicando los bonos de titulación hipotecaria (MBS en inglés) mientras se toma un baño con espuma y bebe champán. Un posible guiño esto último al Lobo de Wall Street, aunque en un principio en el guión ninguna de las dos debía hacer ese cameo, siendo escritos para Beyoncé y Scarlett Johansson respectivamente.

Haciendo un último uso comparativo con El Lobo de Wall Street, también he de admitir que con la primera me sentí bastante decepcionado con su música, y eso que hablamos de Scorsese. En cambio con La Gran Apuesta, no sé cómo, pero me encuentro con grandes canciones, algunas de la cuales son casi parte de la banda sonora de mi vida. Dicho así es cursi, lo sé. Y de hecho al principio me quedo flipando con una versión cutre de Nirvana que no obstante tiene su gracia. Pero en la peli tienes Metallica, tienes un clásico de Guns N’ Roses, está Gorillaz, está durante unos segundos Neil Young, y lo mejor de todo: el final con Led Zeppelin. En ese epílogo demoledor y en los créditos finales, en homenaje probablemente a Michael Burry y su pasión por la batería, se nos mete una de las mejores canciones del grupo con John Bonham marcando el ritmo a todo trapo como mejor sabe hacer mientras el título de la The-Big-Short-Christian-Balecanción “When the levee breaks” (cuando el dique se rompa) sirve de metáfora a la economía mundial caída en la ruina.

Y ahora, si me disculpáis, voy a seguir el actual consejo de Michael Burry para invertir en el producto estrella que tiene entre manos. Me da que por desgracia volverá a acertar y hay que sacar tajada.

Al Swearengen

Al Swearengen

Tengo la sensación que bueno y malo son palabras demasiado extremas que usamos a la ligera. No creo que la vida y la mayoría de cosas y personas en este mundo puedan ser expresadas en términos tan absolutos. Ni siquiera estoy seguro de si se pueden aplicar al arte, y menos aún al cine.
Al Swearengen

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