La forma del agua: Una limpiadora viene a verme

Hay dos secuencias particularmente hermosas en la menos hollywoodiense de las películas americanas dirigidas por Guillermo del Toro -esa es una de sus pocas virtudes, por cierto-: Sally Hawkins y Richard Jenkins rezumando complicidad mientras imitan los pasos de baile de un viejo musical en B/N que miran por televisión, y la otra es cada instante en el que aparece Sally Hawkins matándose a pajas en su bañera.

 


Me gustaría afirmar que ‘La Forma del Agua’ es pura poesía visual y un hermoso homenaje al cine clásico de terror, una oda a los sentimientos que demuestra que los monstruos también pueden amar, pero es que más de la mitad de obras del mexicano ya eran poesías visuales y homenajes al cine clásico de terror, odas a los sentimientos que demuestran que los monstruos también pueden amar. Más de lo mismo, pero con un envoltorio más reluciente.

Los anuncios de Gas Natural cada vez están más currados.

Ni tampoco es la primera vez que veo al larguirucho Doug Jones haciendo de hombre bicho para Guillermo hartándose a zampar huevos duros. Son tantas veces ya las que hemos visto a Doug poniéndose morado que, para la próxima ocasión, del Toro debería plantearse adornar también ese instante con fragmentos de otra cinta clásica que remitan a los mismos hábitos. No sé, me viene a la cabeza ‘Pink Flamingos’ (1972, John Waters).

De lo que se come se cría, preciosa…


Añadámosle a la ecuación ya conocida por el mexicano un par de guiños políticamente correctos que no vienen a cuento, pero que dan puntos en la carrera a los Oscars, como un personaje secundario homosexual cuya homosexualidad no aporta nada relevante a la trama, la dicharachera Octavia Spencer cada vez más afianzada como la Laly Soldevila afroamericana y un villano capitalista, machista y racista que, por supuesto, es también un acosador sexual. ¿Lo pilláis, eh? ¡Es clavadito a Donald Trump! Que Hollywood todavía piense que -al margen del circuito más indie- Michael Shannon sólo es capaz de interpretar a cabrones es otra desgracia sumada al conjunto.

De pequeño nunca me invitaban a los cumples. Jamás comprendí el motivo.


‘La Forma del Agua’ (2017, Guillermo del Toro) es el pasatiempo perfecto para una de esas tardes tontas de domingo, con la sala llena de jubilados roncando -me ha ocurrido, lo juro- y señoras mayores que exclaman ‘ay, me ha parecido muy bonita’, pero si esto es a lo que ahora se considera obra maestra, creo que ya va siendo hora de tratar también a ‘1, 2, 3… Splash’ (1984, Ron Howard) -su referente más obvio, junto a ‘Let Me Hear You Whisper’, la obra teatral de Paul Zindel a la que presuntamente plagia- como una genuina pieza de culto.

Aquí está mi secuencia favorita de La forma del ag… ups, perdón, ¡esto es de otra peli!


Supongo que el tono vintage que impregna todo el metraje -en eso también te repites, Guille-, los cortes de peliculas antiguas y la música de Benny Goodman sonando de fondo hacen que todo quede más bonito, incluso para un vulgar relato sobre una limpiadora muda y salida que, con tal de no tener que consolarse más en soledad, libera a un bicho marino capturado por el gobierno, y en vez de devolverlo al mar con el fin de que no sufra más, lo esconde en su piso para, mientras le quede algo de aliento, aprovecharse de él sexualmente. Luego ya si eso, y aunque postergar su regreso casi le cueste la vida, lo dejaremos zambullirse in extremis en su medio natural. Para que después digan que sólo los hombres hacemos cosas desesperadas con tal de echar un polvo.

Un monstruo viene a verme… y a lo que surja.


‘La Forma del Agua’ es pura poesía visual, un homenaje al cine clásico de terror que demuestra que los monstruos tambien pueden amar, y una película absolutamente necesaria. Umm… perdón, todo eso ya lo había mencionado antes. Pues eso, ahí queda dicho.

Este es el verdadero aspecto de una depredadora sexual. Cuidado con ella.

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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