La esmorga más grande (***1/2)

Debe de ser interesante, eso de la esmorga. Como cualquier droga, el licor destruye las cárceles de los pequeños demonios de nuestro carácter, deforma el espacio y confunde el tiempo. Cibrán, el protagonista de esta odisea del vino (y una vez más repetiré esto: odisea del vino) da excelente cuenta de la experiencia, de una noche que parece encabalgarse con muchas y de veinticuatro horas eternas que se convierten en un cúmulo de acontecimientos lamentables, cada vez peores y, en consecuencia, cada vez mejores. El transcurso de la parranda (nombre que se le puso a la primera adaptación cinematográfica de la novela de Blanco Amor) devora la sobriedad y solamente queda una espantosa borrachera y un viaje pasmoso.

Empezaré con un clavo bien clavado. Me parece absolutamente monstruoso que se le haya entregado el Goya a Mejor Actor de Reparto a Karra Elejalde este mismo año por Ocho apellidos vascos cuando, en la misma ceremonia, ahí, a penas asomando como una candidata escondida en la nominación de Mejor Guión Adaptado, se encontraba una verdadera joya con una interpretación el triple de soberbia, mil veces más física y muy desgarradora. Pero qué miedo… ¡una pequeña película en gallego! ¡Contra el mayor taquillazo de la historia del cine nacional! Quién se sorprende.

De aita euskera a borrachín galego, el actor viene acompañado de sus dos compañeros de juerga, uno de ellos el protagonista, que declara a la Guardia Civil los acontecimientos que veremos desarrollados ante nosotros. Todas las acciones de los personajes parecen un intento desesperado de quedarse en la esmorga para siempre y eso llega a ser contagioso. Casi como canturrea la canción, «el resultado nos da igual». Hasta la última de las consecuencias, estos tres delirantes hombrecillos nos llevarán por el Ourense de la posguerra mientras frecuentan tabernas, burdeles, pazos, un amor imposible a través de la ventana de un acaudalado señor y llegarán a un clímax con todas las letras en aquel vertedero que rellena el póster.

Como pega, el giro de la «mujer de la ventana» me lo vi venir desde el fotograma uno. Con la salvedad de este juguete guionístico tan evidente y algunos tropiezos rítmicos, la película se mueve por el paisaje galaico como adorándolo, aunque esté haciendo una radiografía terrible y si por moverse entendemos tambalearse como el más grácil de los beodos. El film trunca, posiblemente, la empatía con sus personajes, hacia los que todavía profeso sentimientos inciertos.

La odisea del vino (una última vez lo repito). Cualquiera que haya bebido hasta revolcarse por el suelo podrá encontrar una parte de sí mismo en las desventuras de estos pobres diablos (esperemos que no hasta los límites criminales de éstos), aunque sea en la percepción borrosa del tiempo, en la exageración de las pasiones o en esa vil necesidad pasajera e intermitente de que la esmorga nunca acabe o, en este caso, que no lo haga esta película tan fantástica.

NOTA: ***1/2

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Haga lo que haga, hago cine en todo lo que hago.

Director, guionista y periodista a tiempo parcial. Consumidor de ficción a tiempo completo. A veces se me ve rodando.

www.sergimonfort.com
Sergi Monfort

1 comentario

  1. Meu que Ouresne non é ninguna aldea xD

    Pero recoñezo que é boa critica, o peor da película é esa banda sonora en bucle que soamente da ganas de chorar como quen di, botei en falta algo máis de variación na música, darialle algo máis de ritmo penso

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