Isla Bonita: Las ‘comedias y proverbios’ de Fernando Colomo

En un instante de reflexión que dibuja la secuencia más introspectiva e íntima de este viaje del director a la auscultación de su propia madurez, Olivia Delcán -disertando en una proyección de sí misma- le formula una pregunta encauzada a tomar consciencia de su capacidad para sentir afecto: ¿Es posible amar a dos personas a la vez?

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Isla Bonita es la respuesta del viajero Colomo a través de su herramienta más eficaz, las imágenes. No solo es agible sentir apego hacia más de una persona, colores, sonidos y paisajes. Yo mismo he vuelto a enamorarme, otra vez. De la luz natural de las callejuelas menorquinas, del sonido de las chicharras de fondo mientras Lilian Caro sufre un pinchazo en una carretera desierta, del olor a sal que te regala cada plano de un intenso azul mar en la isla más oriental del Mediterráneo.

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Y me he encaprichado de Olivia Delcán, claro está. Me ocurrió algo similar con una aniñada Aitana Sánchez Gijón que se empeñaba en perder la virginidad con Juan Echanove hace casi tres décadas en Bajarse al Moro, y volví a caer en el mismo hechizo hará cosa de diez años al observar a Verónica Sánchez bañándose desnuda en la alpujarra granadina. No es la primera vez que Colomo instiga al espectador a sentirse fascinado por el sugestivo embrujo de una actriz joven y anónima, transformándola en su musa con una puesta en escena lumínica y preciosista que se recrea en la atracción de los paisajes naturales. Los diálogos fluyen con un ritmo actoral improvisado y aparentemente falto de cálculo -algunos de los miembros del reparto no son profesionales-, pero camuflado por un sentido de la comedia estudiado al milímetro y reconocible en toda la filmografía del director madrileño.

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Colomo se sirve mucho de la caricatura, se interpreta a sí mismo como un remedo de pelele enamoradizo sin suerte en lo profesional y lo personal. Ese fingido patetismo es precisamente el gancho de un personaje heredero de la insignificancia física y la alterabilidad emocional de Woody Allen, de la mala suerte que le persigue como a un Louis C.K entrado en años, y algo menos del cinismo y los estados de ánimo cambiantes tocados por el influjo cínico de Larry David. Una de las más agradables sorpresas de la película es la incontenible química compartida con Miguel Ángel Furones, amigo y escritor del realizador, además de un reconocido creativo publicitario y presidente de Publicis España. Colomo y Furones forman una extraña pareja cómica que dimana oro puro con cada gag, diálogo y plano en el que coinciden.

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Los apuros económicos y las desaveniencias sentimentales de Fer, un director publicitario sin trabajo y venido a menos en su vida personal, le empujan a hacer una visita a su mejor a amigo en su retiro de verano en Menorca para echar mano de sus contactos, y de paso rodar un documental en la Isla. Su viaje es una excusa para derivar en un alegre embrollo estival sobre amores no correspondidos en la madurez y el descubrimiento -casi en la adolescencia- de la sexualidad a tres bandas.

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Es difícil no percibir algunos paralelismos argumentales de Isla Bonita con las dos entregas más célebres del ciclo Comedias y Proverbios de Eric Rohmer. Las remisiones a Pauline en la Playa -y sobre todo a La Rodilla de Clara– hablan por sí solas: Su emplazamiento en un espacio idílico en plena época vacacional y el acercamiento entre un hombre maduro y desencantado con la vida y una adolescente que comienza a otear sus entresijos.

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Pero las conjeturas existenciales que inundarían la dialéctica rohmeriana aquí son sistemáticamente engullidas por un desenfadado tono naïf y lúdico más propio de los primeros trabajos de Colomo, los hermanos Trueba, o en un contexto algo más reciente Álvaro Fernández Armero. Bajo el cascarón de un cine experimental y rodado casi sin recursos el director de Cuarteto de la Habana (1998) reincide en la misma fórmula de enredo romántico que lleva manejando con pericia desde los tiempos de la nueva comedia madrileña. Lo único que cambia es el trasvase de la acción a un enclave distinto.

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Afortunadamente, para quienes aún sentimos predilección por todo lo que haga el director madrileño esto es más de lo mismo. La única disparidad es que todo ocurre con un mayor poso de paz y tranquilidad, sin prisas. Poc a poc que dirían en La Isla.

  • Estreno: 2015 5.6
  • Género:
Fer, un veterano y enamoradizo realizador publicitario, es invitado por su amigo Miguel Ángel a su retiro dorado en la tranquila isla de Menorca. Allí conoce a Nuria, una escultora antisistema que vive en permanente conflicto con su hija adolescent Leer más

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
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