High-Rise: La «desorgía» (**)

No he preguntado a mucha gente de mi alrededor. Que yo sepa, no tengo relación con mucha gente que haya leído la obra de Ballard (quien sí, que salga de su madriguera para rebatirme, o algo). Aun así, mi primera sensación durante la proyección fue la de que esta parecía ser la típica película que decepcionaría de cabo a rabo a los lectores de la novela. En todo caso, utilizar la expresión “típica película” para hablar de High-Rise es prácticamente un fallo de coherencia.

Loki Hiddleston aterriza en un rascacielos en forma de dedo plegado, con una permanente cara de no saber qué carajo está haciendo ahí. A pesar de ello, es quizá el actor al que más partido se le saca, si obviáramos al rampante y atormentado Luke Evans en el papel del documentalista que se huele algo chungo en el “rompenieves vertical” (expresión acertadísima que oí de los labios de Leticia Dolera, en referencia a la estrambótica y genial película de Bong Joon-ho, que cuenta justamente con otro apadrinado de Marvel en el rol protagónico: Chris Evans). En un suntuoso edificio en medio de un desértico páramo del que no sabemos realmente nada, coexisten en sus propios microcosmos distintas castas sociales (no es muy difícil suponer quiénes viven en los pisos superiores y quiénes más cerca del vertedero de basura) totalmente alienadas las unas de las otras, excepto para, tras pequeños pero crecientes altercados, confrontarse en una serie de bacanales cada vez más descontroladas y rabiosas, hasta el punto de morir y matar de puro exceso. El que peor parado sale de todo esto es el pobre Jeremy Irons, pero no por nada de lo que le vaya sucediendo a su personaje, sino porque el señor está desaprovechado como mínimo.

Es lógico que, para una propuesta algo difícil de encajar de buenas a primeras, se requiera un estilo desconcertante y anti-natural, pero a ratos me resultaba difícil delimitar cuándo era así por la necesidad de correspondencia forma-contenido o porque simplemente está fatal narrada. La película no es capaz de encontrar un orden en su dulce pero maltratado caos. Un continuo desfile de hedonismo asesino, de perversiones sin represalias y de absoluta disrupción de la sociedad tiene por fuerza que ser atractivo y apelativo. En lugar de eso, es una prolongación de una orgía plana, un polvo sin éxtasis, un coitus interruptus, una des-orgía. Un aburrimiento, si tengo que ser honesto.

NOTA: **/5

P.D: No abandono toda esperanza. A pesar de todo lo dicho, no puedo evitar pensar que quizá lo que le falta a High-Rise es pasar la prueba del tiempo para que los detractores reconsideremos. Un segundo visionado con cierto reposo. Tardaremos más o menos, pero finalmente, no me sorprendería que la acabásemos por considerar una película de culto.

Sergi Monfort

Sergi Monfort

Haga lo que haga, hago cine en todo lo que hago.

Director, guionista y periodista a tiempo parcial. Consumidor de ficción a tiempo completo. A veces se me ve rodando.

www.sergimonfort.com
Sergi Monfort

1 comentario

  1. lo siento, pero no estoy de acuerdo para nada con esta crítica, creo que el que la ha escrito no ha entendid para nada la película o ha ido con la predisposición de que no le iba a gustar.

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