Golpe en la pequeña China: Yo para ser feliz quiero un camión

Hay una máxima que jamás falla en el cine de acción moderno, aunque me tomo ciertas licencias al considerar moderna una película de hace 30 años, así que llamémosla contemporánea. Si lo que de verdad buscas es vivir una gran aventura, escoge al tipo menos indicado para dar el pego como héroe -tal vez un gañán sin educación ni modales al que nunca presentarías en sociedad- y mételo en el lugar equivocado, en el momento menos oportuno, hasta que la arme gorda o se monte el guirigay.

La única explicación para que me guste una comedia de acción tan peculiar como Golpe en la Pequeña China responde tanto a su condición confesa de broma ochentera -hay pocas películas que sean tan hijas de su época- como a la imperiosa necesidad que el director de Halloween y La Cosa pudo sentir a mediados de esa década de pasárselo bien haciéndoselo pasar bien a los demás, delegando el guión mas zumbón que jamás haya filmado en Gary Goldman y David Weinstein, sin dejar más recovecos para el terror que la grimosa -y alucinante- caracterización de James Hong como el hechicero Lo Pan, un villano con más sombra de ojos que Michael Knight maquillándose para salir en Nochevieja y unas garras extralargas que harían que José Mojica Marins parezca recién salido de la manicura.


Jack Burton (Kurt Russell) es un camionero buscavidas que, tras ganar una apuesta en el barrio de Chinatown, acompañará a su viejo amigo Wang (Dennis Dun) hasta el aeropuerto para recoger a su prometida Miao Yin (Suzee Pai). Por el camino, Jack , Wang y la periodista Gracie Law (Kim Cattrall) se toparán accidentalmente con una batalla campal entre clanes rivales y unos seres sobrenaturales que podría desencadenar el fin del mundo.


Golpe en la Pequeña China (1986, John Carpenter) es una parada obligatoria para los fans del Kurt Russell más autoparódico y entregado -tenía fiebre durante el rodaje, motivo de su constante sudor-, los mismos que creen que Kim Cattrall molaba mucho más en la trilogía freak-ochentera integrada por ésta, Porky’s (1982, Bob Clark) y Loca Academia de Policia (1984, Hugh Wilson) que en aquel peñazo televisivo sobre unas pijas neoyorkinas de finales de los 90, para los amantes del folklore fantástico y las historias chinas de fantasmas -a poder ser producidas por Tsui Hark– trufadas de peleas sin sentido entre guerreros espectrales que lanzan rayos por los dedos y se hinchan como un pez globo antes de explotar, y para aquellos a los que todavía les hace ilusión abrir una galletita de la fortuna sólo para leer lo que pone dentro.

Porque Golpe en la Pequeña China es justo eso, una galletita de la fortuna en la que, o bien no sospechas lo que te va a salir, o ya te la conoces de memoria pero sigue sorprendiéndote como aquella primera vez que, con 16 años, intentaste copiar el peinado de Kurt Russell.

Al espectador bidimensional que trata de encontrarle un sentido a todo, le recomiendo encarecidamente no visionar ni cinco minutos siquiera de este descharrante monumento a la diversión. Puede que por eso precisamente no encontrase su sitio en la taquilla. Los gustos de la gente normal son demasiado aburridos.

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

2 Comentarios

  1. Esta película es DIOS, siempre está esperándome en mi estantería para esos viernes nochenteros en los que no me apetece nada más que viajar en el tiempo y repetirme una y otra y otra vez, vaya añazos 80-90.

    Gracias por alegrarme el día!!

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    • No hay de qué, Diego! Siempre es divertido echar un vistazo a los viejos clásicos!! ;D

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