Ghost in The Shell: ¿Qué hace una chica como tú en un remake como éste?

El talón de aquiles de Ghost in the Shell es el mismo que el de Rupert Sanders, como lo es el de Breck Eisner, Brett Ratner, Jon Favreau y la mediocridad sintomática que se expande como un virus en los últimos directores del cine de acción estadounidense: la total y absoluta vacuidad creativa. No hay nada que resulte genuino en los nuevos blockbusters, salvo la habilidad para camuflar la imitación, los remakes, los reboots y el reciclaje de viejas ideas extraídas de los videojuegos y el cómic con alteraciones -para peor- del producto original (cambios de raza de sus personajes, mutilación de desnudos, recortes del nivel de violencia, etc) para idear algo que, en el mejor de los casos, sigue sin superar el listón marcado por las escenas cinemáticas de los más recientes videojuegos lanzados al mercado.

Scarlett Johansson no es el único problema de este blanqueamiento del manga original de Masamune Shirow, y tampoco lo es el casting; de hecho hasta da la impresión, sólo por momentos, de que Juliette Binoche y ‘Beat’ Takeshi Kitano se preocupan por algo más que memorizar sus diálogos en inglés, y al final ni siquiera le das importancia al hecho de que la mayor Motoko Kusanagi no se distancie de las mismas poses combativas, ceños fruncidos y caras enfurruñadas de Johansson en Lucy (2014, Luc Besson) o en todas las películas del universo Marvel donde encarna a Natasha Romanov, alias ‘la Viuda Negra’. Aquí también es una mujer de armas tomar, o más bien una robot con apariencia humana a la que todos identifican como La Mayor. La Mayor actúa como una mercenaria para la compañía tecnológica que la creó con fines militares, hasta que descubre un oscuro secreto sobre cómo ella y casi un centenar de criaturas similares fueron construidos, y se verá convertida en el nuevo blanco de sus antiguos aliados.

Juliette Binoche y Scarlett Johansson, la doctora y su creación

Sospecho que a Johansson acaba interesándole tan poco este pastiche cyberpunk -con oportunistas guiños tanto al anime original, Blade Runner (1982, Ridley Scott) y todas las cintas de género fantástico que Paul Verhoeven rodó entre finales de los 80 y la década de los 90- que termina contagiándole la pereza a un espectador que lleva viendo como pasan por la cartelera productos idénticos a éste desde los tiempos de la trilogía Matrix y la irrisoria Aeon Flux (Karyn Kusama, 2005). ¿Quien sabe? Puede que con una heroína protagonista más voluntariosa a la hora de demostrar su versatilidad actoral, con mayores aptitudes para la lucha y étnicamente más próxima a la Motoko Kusanagi del anime original -como Kimiko Glenn (Orange is the New Black), y sobre todo Bae Doona (Sense 8)-, Ghost in the Shell no se hubiese convertido en una completa pérdida de tiempo; y a sus pobres resultados en taquilla, ya reconocidos por los estudios Paramount, no les habría repercutido en exceso la ausencia de una estrella.

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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