Frankenstein en el siglo XXI: Recorrido histórico a las películas con experimentos científicos

Las tres películas escogidas para el análisis son: El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931), La mosca (The Fly, David Cronenberg, 1986) y Splice: Experimento mortal (Splice, Vincenzo Natali, 2009). En estas obras cinematográficas se tratan temas comunes como la creación de criaturas/monstruos mediante experimentos científicos, el alcance de la tecnología y los peligros de su mal uso, la ingeniería genética, la búsqueda de la fama o la repercusión internacional, y la capacidad para imitar el poder de Dios (playing God).

La primera de ellas, El doctor Frankenstein, forma parte de uno de los grandes clásicos que la Universal produjo en los años treinta, junto a otros monstruos míticos de la historia del cine como Drácula, el Hombre invisible, la Momia o el Hombre lobo. La historia se basa en la novela de Mary Shelley, publicada en 1818, y cuenta la aventura del doctor Henry Von Frankenstein, obcecado en crear vida humana, mutila y recoge fragmentos de cadáveres de un cementerio para construir un nuevo ser humano. El problema surge cuando el monstruo recibe por equivocación un cerebro de un antiguo criminal y eso provocará que este nuevo ser se comporte de manera agresiva y violenta.

El género cinematográfico de este film estaría encasillado entre la Ciencia Ficción (mantiene el mismo argumento que la novela original), y el Terror (al principio de la película, un personaje anuncia que la obra puede horrorizar y asustar a los espectadores, por lo que si no quieren pasar un mal trago, pueden libremente abandonar la sala). Uno de los elementos más espectaculares y destacables del film es el maquillaje del monstruo que realizó Jack Pierce, el cual trabajaba más de cuatro horas diarias para conseguir el resultado final, tal como se observa en el aspecto de un irreconocible Boris Karloff (Grodensky, 2016).

Como bien explica Beatriz Villacañas (2001) en relación al concepto creador-criatura, “El doctor Frankenstein será, como Dios, un creador. Pero la criatura a la que acaba de insuflar el principio de la vida —su descubrimiento secreto—, formada con restos de diferentes cadáveres humanos, no es hermosa como él había intentado hacerla, sino horripilante. Al contemplar al ser al que acaba de hacer vivir, el doctor huye horrorizado: aquí comenzará la persecución del creador por su criatura, del padre-dios por su hijo monstruoso. A partir de aquí se unirán ineludiblemente los destinos de ambos hasta tal punto, y esto es significativo, que en la imaginación popular el monstruo creado por Frankenstein será conocido como «Frankenstein»” (pág. 204).

La mosca de David Cronenberg formaría parte de la nueva corriente que se estableció en Hollywood en la década de los setenta, en concreto, dentro de los films independientes que surgen como ruptura del modelo de negocio actual. Cronenberg comparte con otros directores contemporáneos (Wes Craven, John Carpenter o Tobe Hooper) un estilo cinematográfico que se caracteriza por la mezcla de lo psicológico con lo físico, la transformación física y la deformidad de sus personajes, el uso del gore como forma de representación de la debilidad del cuerpo humano, y la combinación de diferentes géneros como el horror, el terror o la ciencia ficción como forma de contar historias fantásticas.

Aquí el argumento difiere ligeramente con respecto a El doctor Frankenstein; el científico (Seth Brundle) no quiere jugar a ser Dios y probar a ver si está a su nivel, sino construir una máquina que pueda teletransportar personas u objetos, para facilitar los desplazamientos y crear un nuevo medio de transporte. El conflicto surge cuando, en un estado de embriaguez, Seth decide probar el mismo la máquina y se introduce con otro organismo: una mosca. Lo que al principio parece ser una purificación y mejora de las capacidades de Seth, es en realidad una progresiva transformación en un nuevo ser, una fusión entre un ser humano y una mosca (“Bunderfly” como se autodenomina el protagonista) que acabará por destrozar su vida.

Con el paso de los años, La mosca se ha convertido en una película de culto dentro del género de terror y un nombre resplandece en lo más alto junto al de su director: Chris Walas, responsable del maquillaje y los efectos especiales de la criatura, que además obtuvo el Oscar en 1986 por su gran trabajo en la caracterización del actor Jeff Goldblum (García, 2009, pág. 47).

La siguiente película en analizar, dentro del período 2001-2016, corresponde a Splice: Experimento mortal de Vicenzo Natali. Este largometraje, producido por Guillermo del Toro, cuenta la historia de Clive y Elsa, una pareja de científicos que, atraídos por la idea de curar determinadas enfermedades como el cáncer o el alzhéimer, realizarán experimentos con ingeniería genética para crear un nuevo ser, con diferentes ADN de seres vivos, entre los que se incluyen animales, plantas y el ser humano (García, 2014, pág. 94).

Esta nueva criatura, al igual que ocurre con Frankenstein, se rebelará contra sus creadores provocando destrucción, caos y muerte. A diferencia con la película de Whale, donde el doctor Frankestein busca la gloria personal más que otra cosa, los científicos de Splice tienen en un principio buenas intenciones, pero su inmoralidad les lleva a crear un ser peligroso, al margen de la empresa donde trabajan, perdiendo el control de la situación. Debido al contexto en el que se produce esta obra, el monstruo de Splice está creado a través de efectos digitales, perdiendo así la magia de la construcción de la criatura orgánico-mecánica como en La mosca, y el maquillaje y vestuario de Boris Karloff en Frankenstein.

Además, en Splice se aborda con gran realismo la tecnología actual que se utiliza en los laboratorios biomédicos, como la técnica de clonación que emplean la pareja de científicos protagonistas. Aunque el ambiente tecnológico es completamente creíble, lo cierto es que un híbrido de estas características no sería fácil de obtener y, muy probablemente, sería poco estable para sobrevivir (Rodríguez & Eladi, 2014, pág. 114).

En definitiva y para concluir este artículo, nos encontramos con tres películas, de temática y género similar, pero totalmente diferentes en su esencia. Esto es así porque forman parte de un macrogénero, el Fantástico, que hace que largometrajes con argumentos parecidos sean realmente únicos; ya que tanto la estética como el estilo difieren una de otra. Aunque transcurran otros veinte años y se realicen más obras repitiendo este mismo discurso (científico-experimento-criatura), el Fantástico es el único género que garantiza la personalidad y la originalidad de cada una de estos films, debido a la permanente mutación a la que se encuentra sometido este macrogénero.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • GARCÍA, M. (2014). Prometeos modernos: el ADN en el cine de los últimos años. Revista de bioética y derecho, nº 31, págs. 93-103.
  • GARCÍA, T. (2009). Cine de terror: La mosca. Madrid: Ediciones El País.
  • GRODENSKY, J (2016). Make up the Monsters: Jack Pierce. Obtenido de Universal Monsters Universe: http://universalmonstersuniverse.com/2016/03/24/making-up-monsters-jack-pierce/
  • RODRÍGUEZ, G., & ELADI, J. (2014). Ingeniería genética en el cine: el caso de las quimeras. Revista de medicina y cine, vol. 10, nº 3, págs. 102-117.
  • VILLACAÑAS, B. (2001). De doctores y monstruos: la ciencia como transgresión en Dr. Fausto, Dr. Frankestein y Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Asclepio: Revista de historia de la medicina y de la ciencia, vol. 53, fasc. 1, págs. 197-211.
Carlos Grossocordón

Carlos Grossocordón

Doctorando en Comunicación Audiovisual, Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Complutense de Madrid.
Carlos Grossocordón

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