Fast & Furious 8: A mí me gusta la gasolina, dame más gasolina

Hay una pieza en la carrocería de esta octava entrega -que se dice pronto- de la remota A todo Gas (2000, Rob Cohen) que la separa de lo que en su día fue una franquicia sobre competiciones clandestinas de coches de lujo: tras 16 años quemando las ruedas -y las neuronas de millones de chavales poligoneros- la marca Fast & Furious ha evolucionado -a su manera- hasta convertirse en la alternativa más sostenible de la franquicia Bond, más incluso que las últimas (y estiradas) incursiones del agente británico con la jeta de Daniel Craig.


Los gadgets tecnológicos, la hiperbolización de la acción en secuencias imposibles, el recurso proliferado del cuanto más difícil mejor y el abrazo constante a la fantasmada visual capaz de orquestar persecuciones entre tanques militares y lamborghinis a lomos de un submarino gigante con coreografías de coches kamikazes teledirigidos por el centro de Nueva York, y para abrir boca, un cuatro latas oxidadísimo pero tuneado hasta los retrovisores que, en poco menos de un cuarto de hora, hace más llevadera una obertura con los únicos minutos de metraje que guardan alguna relación con el resto de la saga.

Fast & Furious 8 (2017, F. Gary Gray) ya no es sólo una excusa para congregar a chonis de extrarradio y adoradores fervientes de la subcultura del reggaeton -relegada aquí a una presencia ínfima en el prólogo caribeño- sino un arrollador, mastodóntico y abrumador espectáculo que, tras deshacerse nada más empezar de su vieja carrocería de cubanas en tanga y machirulos con crucifijos de plata, logra rugir con un nuevo motor más ruidoso, más potente y preparado para quemar ruedas en una nueva pista, la del blockbuster de acción más desmesurado, puro y genuino.

Mención aparte para esa imponente hija de puta llamada Charlize Theron que campa a sus anchas en este búnker de testosterona, entrando como un elefante en una cacharrería dentro de los restringidos dominios de Dominic Toretto y su clan, demostrando que su Cypher puede dejar a la altura del betún a cualquiera de los villanos que han apretado las tuercas a James Bond desde 1962.


Si éste va a ser el principio del fin en una supuesta última trilogía de Fast & Furious, me gustaría recibir con los brazos abiertos a tan adrenalínico canto del cisne, aunque por el camino haya habido que soportar tantos baches de horterez y palurdismo misógino.

Antonio López

Antonio López

"Pregúntame por las películas que quieras salvo las que no conozco, de esas no he visto casi ninguna."
Antonio López

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